Leer es poder

En la tierra del ‘Chapo’

A una hora menos castigada, con mejor información, tal vez las juntas con el consejo de seguridad comenzarían a arrojar algún resultado positivo.

Hace unos días el presidente reconoció su mayor reto: “Si no terminamos de pacificar a México, por más que se haya hecho, no vamos a poder acreditar históricamente a nuestro gobierno.” Es curiosa la frase. En medio de uno de los periodos de mayor violencia en el país, afirma: “si no terminamos de pacificar”, como si su estrategia hasta ahora hubiera sido exitosa y ya sólo nos faltara “terminar de pacificar”. También es curioso el autoelogio: “por más que se haya hecho”, afirmado por un presidente menos constructor que destructor de instituciones. Hasta ahora, su mayor acto de infraestructura ha sido la suspensión del aeropuerto de Texcoco.

La seguridad es la más alta prioridad de su gobierno. Todos los días a las seis de la mañana se reúne con su consejo de seguridad. Es muy loable la desmañanada presidencial, pero por sus resultados, francamente inútil. Tal vez si la reunión de seguridad se hiciera más tarde estarían más lúcidos sus participantes y se presentarían mejor informados. El presidente no recibe buena información en estas juntas. Un ejemplo, entre muchos. De la operación que resultó en la liberación de Ovidio Guzmán, el presidente no sabía nada. Según Alfonso Durazo, un comando, atendiendo la solicitud de Estados Unidos, aprendió al hijo del capo; esa mañana el presidente no fue informado de la misión. Ha dejado claro que hasta el momento de la detención él no sabía nada. Según afirmó en conferencia, se enteró bajando del avión a Oaxaca. A una hora menos castigada, con mejor información, tal vez las juntas de seguridad comenzarían a arrojar algún resultado positivo.

El presidente elude su responsabilidad, como es usual. Nosotros heredamos el problema, dice. El problema no es de dónde viene el problema ni con qué buenas intenciones lo va a enfrentar, el problema de los ciudadanos es que dos años y medio después el gobierno no ha podido disminuir los índices de violencia en México.

Hasta ahora el presidente reconoce que no ha resuelto el problema de la seguridad, que es su mayor preocupación ya que, de no resolverse, su gobierno no podrá pasar a la historia. Si no resuelve el problema de la seguridad, habrá fracasado la cuarta transformación.

¿Y cómo va a resolver éste que es su mayor problema? Todos los partidos representados en el Congreso votaron a favor de la creación de la Guardia Nacional. El presidente parecía tener una estrategia y todos lo ayudaron. Por sus magros resultados, la estrategia no ha funcionado. No lo digo yo, lo dice el presidente al reconocer que si no resuelve este asunto su gobierno habrá fracasado.

La estrategia de militarizar al país no ha dado buenos resultados. Hace dos años y medio el presidente dio por terminada la guerra contra el narco, decretó unilateralmente la paz. Sin embargo, las masacres no han cesado, ocurren una o dos por semana. Y cada mes, el hallazgo de una nueva narcofosa. Sabemos que hoy mismo, en estos momentos, se están librando batallas en donde diferentes cárteles se pelean la titularidad de varias ‘plazas’. Sabemos que los grupos criminales tienen dominio sobre el 35 por ciento del territorio nacional. La estrategia no ha funcionado. Sin resultados no habrá ‘acreditación histórica’, es decir, no podrán ganar las elecciones de 2024.

Cesar la violencia unilateralmente no dio los resultados esperados. La paz requiere acuerdo con las partes. Si es preciso, pactar con los criminales. Liberar al hijo del capo, hacer visitas de cortesía a la madre, construir carreteras en la región (para bajar la droga con facilidad), son gestos claros hacia un grupo dominante y agente central de la violencia en México. Son gestos de paz. En los 60, 70 y 80 funcionó con el PRI ese pacto: el narco repartía tajadas del pastel y a cambio el gobierno se hacía de la vista gorda con el tráfico hacia Estados Unidos. Los narcos, capitaneados por Miguel Ángel Félix Gallardo, cumplían su palabra. El pacto comenzó a romperse con el asesinato de Enrique Camarena. Un pacto así podría disminuir la violencia. Volver a la pax narco priista.

Si el presidente dedicara a combatir a los grupos criminales el mismo tiempo que dedica a combatir a los periodistas y a los medios que no se supeditan a su gobierno, la situación sería distinta. Si su preocupación es pasar a la historia, el gobierno de López Obrador ya lo hizo, aunque no de la mejor manera: como el responsable de la muerte de cientos de miles de personas por una pandemia mal atendida, como el responsable de una estrategia fallida en seguridad, como el responsable de hundir la economía por atarla al pasado de los hidrocarburos, como el presidente de la deserción de cinco millones de niños de la escuela y el de haber aumentado la pobreza en 10 millones más de mexicanos.

Necesitamos un nuevo pacto, piensa el presidente, los campesinos de mariguana y amapola no pueden quedarse sin trabajo por la llegada del fentanilo, afirmó en la tierra de uno de los grupos que más trafica con fentanilo. El presidente piensa que es necesario un nuevo pacto. Y que eso bien vale un viaje a Badiraguato.

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