Leer es poder

Rollo, religión y dinero

López Obrador, aunque a la baja, se conserva por arriba de 50 por ciento de popularidad. Como gobierno, tiene pésimos resultados; como partido, buenos.

Cientos de miles de muertos por Covid. Un millón de pequeñas empresas quebradas. Diez millones más de pobres. El poder del narco dominante en un tercio de la República. Apoyos sociales a los más necesitados menores a los que se otorgaban en pasados gobiernos. Un presidente antiecológico, antifeminista. Amenazante con la prensa. Genuflexo con Trump, remiso con Biden, perdido en un mundo que no entiende. No han disminuido la corrupción ni los crímenes violentos. Estos son hechos.

En las pasadas elecciones Morena obtuvo más votos que el PAN y el PRI juntos. Ganó once gubernaturas. Tiene la mayoría simple en la Cámara de Diputados y buenas posibilidades de obtener la mayoría absoluta con sus aliados. López Obrador, aunque a la baja, se conserva por arriba de 50 por ciento de popularidad. Como gobierno, tiene pésimos resultados; como partido, buenos. Estos también son hechos. ¿Cómo conciliar ambas cosas?

¿Es el carisma? No nos engañemos, Salinas de Gortari tuvo niveles de aceptación semejantes por ofrecer lo contrario a lo que ofrece López Obrador: modernización, apertura al mundo y desarrollo. La popularidad del presidente tiene un componente religioso; somos un país de creyentes. Comparte abiertamente con católicos, protestantes y evangelistas su identidad cristiana, como ningún otro presidente en los últimos cien años. Para López Obrador laicismo significa no estar supeditado a ninguna iglesia.

¿Y los programas sociales? En muchos aspectos Progresa/Oportunidades funcionaban mejor que los programas actuales, estaban más focalizados y eran más transparentes, pero también eran programas muy propensos al pillaje. Hay indicios que señalan una amplia corrupción en el reparto en los programas actuales, pero no se sabe mucho de esto, así como no se sabe cómo se hizo el censo mediante el cual se asignaron los recursos. Prevalece la opacidad. El programa social estelar del gobierno –el peor de todos porque obliga a la separación de las familias–, son las remesas. Si alguien objeta que no son programas sociales, lo remito al modo en que el presidente las presume como un logro de su gobierno.

Religión y dinero. El rollo (ahora lo llaman narrativa) de la cuarta transformación –porque eso fue: un discurso sin más sustancia que la imaginación propagandística de su creador– se reduce a esos elementos básicos. Poderosísimos, por lo demás. La confianza que inspiró a millones tenía un fuerte componente de fe. Querían creer. Habiendo probado al PRI y al PAN, albergaron la legítima esperanza de que México podía tener un mejor futuro que el que nos ofrecieron los gobiernos de esos partidos. ¿Fue desastrosa la gestión de los gobiernos anteriores? Fue mediocre. Crecimiento bajo, cínica corrupción, inseguridad sin freno. Además, pensaban, López Obrador no lo había hecho tan mal en su gestión como jefe de gobierno de la Ciudad de México. Su tenacidad –pueblo a pueblo– generó confianza. México necesitaba un gobierno más igualitario, con otra visión de las cosas, más justa. Desgraciadamente ese gobierno no es el de Andrés Manuel López Obrador.

Fox tuvo la gran oportunidad, desde la derecha, de transformar a México, pero en general fue una decepción. Lo mismo está ocurriendo con López Obrador. En algún momento responsabilizará (su fuerte no es asumir sus errores) a la pandemia del descarrilamiento. Lo mismo pudo decir De la Madrid con el temblor del 85 y Salinas con el levantamiento zapatista y la muerte de Colosio. De la Madrid se pasmó ante el sismo. Con el zapatismo y la muerte de Colosio, Salinas se derrumbó. Más de 600 mil muertos relacionados con el Covid han muerto bajo presidencia de López Obrador y tiene una popularidad por arriba de 50 por ciento. De no creerse.

Súmese a lo anterior el cada vez mayor peso de los militares en el gobierno y en paralelo la entrega a los narcos de estados para la producción (Michoacán y Guerrero) y corredores para el tráfico hacia Estados Unidos (Colima, Nayarit, Sinaloa, Sonora y Baja California). Han blindado el proyecto, acrecentando su poder, para transmitirlo a los suyos en 2024. El Proyecto. Una mezcolanza de estatismo y libre mercado, con intenciones redistributivas. Alguien ha hecho creer al presidente que esa mezcolanza es un aporte al pensamiento económico contemporáneo, modelo para el mundo. El presidente sin duda está muy orgulloso de su modelo, lo ha repetido muchas veces. La realidad es que el año pasado la economía cayó -8.5 por ciento del PIB.

El proyecto no ha funcionado. Echarán mano de todos los pretextos: la pandemia, la perversidad de los medios, la animadversión de empresarios e intelectuales, hasta de Felipe Calderón. Es el mundo, los otros, los que han fallado. Albergan la certeza de que el proyecto –rollo, religión y dinero– lo blindarán el Ejército y el narco. A la oposición sólo le falta para 2024 candidato, propuestas de futuro, narrativa histórica que la justifique y antídotos ante el rollo, la religión y el dinero. Sólo eso.

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