Leer es poder

Elecciones sucias

López Obrador ha tratado de imponer una narrativa: la de que ganó las elecciones. Lo hace con vehemencia precisamente porque las perdió.

La noche del pasado 6 de junio todos respiramos aliviados: las votaciones fueron copiosas, la jornada transcurrió con tranquilidad, nadie salió a gritar fraude. ¿En realidad fueron unas elecciones limpias?

Casi noventa muertos en las campañas parecen contradecir esa impresión. Pero sobre todo: hemos dejado pasar de largo la actitud antidemocrática, ilegal del presidente López Obrador. Violó cuantas veces quiso la veda electoral. En sus conferencias matutinas no dejó de inmiscuirse en las elecciones. El INE dejó de amonestarlo por considerarlo inútil. ¿Así van a quedar las cosas? ¿No habrá ninguna sanción contra esa conducta?

En 2006, ante las constantes intromisiones del presidente Fox, el Trife emitió una resolución en la que señalaba que el presidente había puesto en riesgo las elecciones. ¿No sancionará el Tribunal Electoral lo evidente: que la actitud ilegal del presidente puso en riesgo las elecciones? Noventa muertos y un presidente pasando reiteradamente por encima de la ley. Definitivamente esto no fue una fiesta de la democracia.

Pasadas las elecciones, en las cinco siguientes conferencias matutinas, el presidente reiteró, mostrándose una vez más como jefe de facción y no como líder de una nación, que su partido, Morena, había resultado ganador en la contienda electoral. Ha tratado de imponer una narrativa: la de que ganó las elecciones. Lo hace con vehemencia precisamente porque perdió las elecciones. Las conferencias del presidente tienen esa función: dictan línea a sus seguidores para persuadirlos de que lo que él dice, y no la dura realidad, es la verdad. A una semana de los comicios, disipado el humo electoral, podemos darnos cuenta de que los resultados le fueron adversos. Conviene hacer un breve repaso.

Para empezar, perdió el Congreso. Morena pasó de 253 diputados (mayoría absoluta) a contar con 203. Morena podía antes aprobar el Presupuesto sin necesidad de aliados, que ahora le son indispensables. Necesita los votos del Verde. ¿Cuánto le costarán esos votos a Morena, al erario, a nosotros? El Verde –que antes fue aliado del PRI y del PAN– no tiene amigos sino intereses. Puede vender sus votos a Morena o a la oposición. O bien puede el gobierno utilizar al SAT y a la UIF para doblarlos. Para alcanzar la mayoría calificada, y poder hacer cambios constitucionales, el partido oficial necesita los votos del Verde, el PT y el PRI. Si el PRI va con Morena pierde sus posibilidades para 2024: sobrevive hoy, pero pierde el mañana. Sin mayoría calificada se cierra la posibilidad de la reelección de López Obrador y para una posible extensión de su mandato.

En cuanto a la votación general. En 2018 López Obrador obtuvo 53 por ciento de la votación; la oposición 47 por ciento. Se dijo entonces: López Obrador arrasó. En 2021 la oposición obtiene 52.5 por ciento de la votación; los partidos aliados a López Obrador 47.5 por ciento. Siguiendo la misma lógica: la oposición arrasó. El pueblo da y el pueblo quita. El mandato es claro: el presidente debe negociar y ceder.

Morena perdió la Ciudad de México. No en estas elecciones, meses atrás. El presidente realiza giras por todo el país, pero no por la ciudad. Hace algunos meses, frente a las manifestantes feministas, decidió esconderse en Palacio Nacional detrás una valla como no se había visto antes. Este año Morena ha perdido en la ciudad algo muy valioso: dos de sus candidatos punteros para la sucesión presidencial. Primero con la tragedia del desplome de un tramo de la Línea 12 [del Metro] y luego con la debacle electoral. En unos días más se conocerán los resultados del peritaje sobre el Metro, pero ya The New York Times adelantó las conclusiones, que señalan a Marcelo Ebrard y a Carlos Slim. Las aspiraciones de Claudia Sheinbaum, candidata de López Obrador para 2024, sufrieron un duro revés, al perder nueve de las dieciséis alcaldías en juego. Ante la imposibilidad de construir un discurso verosímil para justificar su derrota, Sheinbaum repitió el pretexto del presidente: hubo una campaña de medios en su contra, un complot.

En dos años y medio de gobierno de Morena no ha podido hacer nada. ¿Los programas sociales? Ya existían en los gobiernos anteriores (Solidaridad, Progresa), el gobierno actual los amplió un poco, los reparte sin ningún control y sin lograr que el dinero aportado se transforme en inversión productiva. Se suele olvidar que el aumento de los salarios mínimos no fue una iniciativa del gobierno sino de las cámaras empresariales, que López Obrador presentó como suya. El pésimo manejo de la política exterior (el apoyo electoral a Trump, la falta de reconocimiento al triunfo de Biden) originó las presiones que el gobierno norteamericano no deja de hacer al mexicano. El rechazo de las clases medias a las políticas de López Obrador se hará extensivo a las clases medias del resto del país.

Todo parece indicar que los sueños de la cuarta transformación produjeron monstruos que terminaran por devorarlos.

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