Leer es poder

Si Morena no alcanza mayoría

Si pierde la mayoría en la Cámara de Diputados, Morena tendrá que negociar. Negociar no es una de las palabras preferidas del presidente.

Si Morena pierde la mayoría en el Congreso, el país será más difícil de gobernar y mejor. Que sea fácil no significa que sea bueno. “Gobernar no tiene ninguna ciencia”, dijo López Obrador, y así nos está yendo.

Más de medio millón de muertos por Covid, una caída de -8.5 por ciento del PIB, más de 80 mil víctimas por la inseguridad. Gobernar sí requiere ciencia. Si pierde la mayoría en la Cámara de Diputados, Morena tendrá que negociar. Tendrán que sentarse a negociar el Presupuesto. Negociar no es una de las palabras preferidas del presidente. Negociar es escuchar, ceder para alcanzar un fin. ¿Qué tan dispuesto está el presidente a negociar? “Les recuerdo que el Ejecutivo tiene facultad de veto”, dijo el presidente para abrir boca. De hecho, no puede vetar el Presupuesto por tratarse de una ley unicameral (sólo puede vetar las leyes bicamerales).Gobernar requiere algún grado de ciencia. Por ejemplo, el suficiente para no anunciar un poder de veto que no tienes.

Negociar es lo contrario al “ni los veo ni los oigo” de Salinas. Para negociar es necesario saber ver al otro y escucharlo. Se tiene que ceder para llegar a un acuerdo. Se pondrán sobre la mesa los programas sociales, Dos Bocas, Tren Maya y Santa Lucía. ¿Contaremos con una oposición responsable? Un buen número de diputados llegará a la Cámara con la consigna de frenar las iniciativas de López Obrador. Imposible pensar que las acciones del presidente no provocarían reacciones.

¿Llegará a la Cámara una oposición maximalista que quiera cerrar las válvulas de los megaproyectos, provocando una máxima tensión con el Ejecutivo? En su segundo periodo como presidente de EU, Barak Obama perdió la mayoría en la Cámara de Representantes y no la tenía ya en la de Senadores. ¿Cómo gobernar con las cámaras en contra? Negociar con los republicanos era como hablarle a la pared. Obama gobernaría cuatro años mediante decretos ejecutivos, que fue el instrumento con el que contó como Ejecutivo. La oposición tiene el deber de ser una oposición constructiva, que ayude al presidente a cumplir sus proyectos, siempre y cuando estos sean realmente esenciales para el desarrollo del país.

Las encuestas se han ido cerrando. Se antoja muy difícil que Morena conserve la mayoría calificada (a la que llegó mañosamente en la presente Legislatura) y muy cerrada la competencia por la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados. Dentro de poco conoceremos las encuestas pos Metro Olivos. La moneda está en el aire. Este es uno de los componentes esenciales de la democracia: la incertidumbre en el resultado de la elección. Todo puede pasar. Que Morena arrase. Que Morena pierda la mayoría en el Congreso.

Hasta ahora ha sido patético el papel de la oposición. Uno de los puntos más controvertidos del gobierno de López Obrador ha sido el de los programas sociales. No es claro cuántas personas los reciben. El número oscila entre 16 y 21 millones de mexicanos. Se les ha tachado de programas electorales, ejecutados con prisa y sin estudios previos, sin las auditorias transparentes y necesarias. El presidente dice: nada de enseñarles a pescar, démosles el pescado; y enseguida cita el desafortunado ejemplo de cómo se les da de comer a las mascotas. Y el público le aplaude. Las mascotas le aplauden. Y votan. ¿Y en esta elección qué ha propuesto la oposición respecto a estas transferencias de dinero? Que continúen. Que se sigan dando. Si alguien de Morena (empezando por el presidente) dice que la oposición quitará esos apoyos, la oposición brinca y aclara: “¡Seguiremos con los programas sociales!” Un triunfo de López Obrador: sus opositores son sus mayores porristas. (Me queda claro que anunciar su retiro equivale a darse un balazo en el pie.) Pero deben ir pensando qué harían ellos como gobierno. ¿Retirarlos? ¿Enseñarlos a pescar? ¿Una combinación de darles el pescado y enseñarles a pescar?

La pérdida de la mayoría no tiene necesariamente por qué conducir al enfrentamiento. Una presidencia briosa, ávida de su lugar en la historia, puede gobernar con un Congreso que le dé ciencia –y sentido– a la función social de esta administración. Una oposición que no se dedique sólo a bloquear, como lo hizo Morena en el Congreso. Sería nefasto trasladar la polarización que hemos padecido estos años en la vida social al enfrentamiento entre los poderes. Necesitamos una oposición responsable y creativa; consciente de lo que les falta en el ámbito de la política social; consciente también de que la guerra contra la delincuencia organizada no se gana a balazos, ni tampoco bastan los abrazos. Necesitamos un gobierno que administre con ciencia. Necesitamos pasar del gobierno de los leales hasta la ignominia a los realmente capaces. Un Ejecutivo fuerte con una oposición constructiva.

La moneda gira en el aire. ¿Qué país nos espera con la oposición como mayoría en la Cámara de Diputados? ¿Qué nuevas alianzas se forjarán, qué otras se afianzarán? Dudo mucho que el presidente se comporte a la altura del momento.

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