El reporte de inflación de enero en Estados Unidos presentó una economía con una menor presión de precios. El índice de precios al consumidor (IPC) subió un 2.4% anual (0.2% mensual) en enero, el menor aumento desde julio, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales publicados el viernes pasado.
El IPC básico o subyacente, que excluye alimentos y energía, avanzó como se esperaba en 2.5% anual (+0.3% mensual), el menor aumento interanual desde 2021. El repunte de la inflación subyacente reflejó el aumento de los precios de las tarifas aéreas, el cuidado personal, los artículos recreativos, la atención médica y las comunicaciones. Sin embargo, los precios de los autos y camionetas usados, los muebles para el hogar y los seguros de auto disminuyeron.
Doble sorpresa, la inflación a la baja y el empleo recuperándose. La pregunta estratégica es: ¿EEUU puede seguir creciendo y converger al 2%, o podríamos ver un rebote al 4%? A continuación, expongo los dos posibles escenarios.
Escenario A. La desinflación continúa y se cumple el objetivo de la Fed del 2%. La argumentación de este escenario descansa en tres pilares.
Primero, la desinflación de bienes es real. Las distorsiones de cadenas de suministro quedaron atrás y el componente de bienes ya no presiona como en 2022–2023.
Segundo, la energía dejó de ser un motor inflacionario inmediato. La volatilidad geopolítica sigue latente.
Tercero: La Credibilidad de la FED y el anclaje de las expectativas: La credibilidad en el banco central es crítica, lo que llegue a hacer Kevin Warsh al tomar la Presidencia de la FED en Mayo será determinante. Por su parte las expectativas de inflación a largo plazo permanecen relativamente ancladas. el 2% sigue siendo un objetivo plausible. La FED podría entonces recortar tasas gradualmente sin reactivar presiones inflacionarias.
Escenario B. El riesgo de volver al 4% es real. En el artículo *“The Risk of Higher U.S. Inflation in 2026”, Peter Orszag (CEO de Lazard) y Adam S. Posen (presidente del Instituto Peterson de Economía Internacional (PIIE) plantean que el consenso desinflacionario podría estar subestimando varias fuerzas estructurales.
1. El rezago arancelario: Los aranceles impuestos en los últimos trimestres aún no se han trasladado plenamente a los precios finales. Muchas empresas agotaron inventarios o comprimieron márgenes. Cuando el passthrough se complete, podría añadir alrededor de medio punto porcentual a la inflación.
2. Un mercado laboral más estrecho: Los avances tecnológicos y las restricciones migratorias han reducido el crecimiento de la fuerza laboral. Menos oferta de trabajo implica mayores presiones salariales, particularmente en servicios intensivos en mano de obra. Y la inflación de servicios —la más persistente — es la que define el problema.
3. Déficits fiscales estructurales: La política fiscal luce más expansiva de lo que muchos modelos incorporan. Mayores déficits, de más de más de 6% / PIB, en una economía cercana al pleno empleo, implican una demanda agregada inflada y reducen el margen de maniobra desinflacionario.
4. Condiciones financieras no tan restrictivas: Aunque la tasa de referencia es elevada, spreads de crédito estrechos, patrimonio neto alto de los hogares y expansión del crédito privado sugieren que las condiciones financieras no son tan contractivas como la tasa nominal indica. Si la tasa neutral real (r*) es más alta de lo estimado, la política monetaria podría ser menos restrictiva de lo que se cree.
5. Expectativas que podrían desanclarse: Después de varios años de inflación elevada, hogares y empresas pueden estar recalibrando sus expectativas. Si las demandas salariales y las decisiones de fijación de precios empiezan a materializar un 3–4% como “normal”, el 2% se vuelve más difícil de alcanzar sin una desaceleración económica más severa.
El análisis estructural advierte que la historia podría no haber terminado. En el corto plazo, el 2–3% parece alcanzable. Pero hacia finales de 2026, la combinación de passthrough arancelario, restricciones laborales, estímulo fiscal y condiciones financieras relativamente laxas podría empujar la inflación hacia un rango de 3.5–4%. La cuestión es si el 2% sigue siendo consistente con la estructura actual de la economía estadounidense. La respuesta está en la interacción de política fiscal, mercado laboral y credibilidad monetaria durante los próximos trimestres.