Perspectiva Bursamétrica

Los factores internos que contribuyen a una mayor inflación

En el sector empresarial se empieza a notar en las cotizaciones de contratos de suministros de insumos y de servicios solicitudes de incrementos de precios cercanos a dos dígitos.

La inflación en México está teniendo ingredientes domésticos además de los componentes importados. Esto hace más complicado el entorno, e implica un mayor esfuerzo para lograr que la inflación descienda en el futuro.

Hace unos días uno de mis hijos me mandó una caricatura en la que dos dinosaurios contemplan asustados un meteorito que va cayendo del cielo, y uno de ellos exclama: ¡Relájate, es temporal! Me pareció una caricaturización genial de lo que está sucediendo en el mundo con el diagnóstico de la inflación inusualmente elevada que prevalece en nuestros días.

En Estados Unidos, por ejemplo, la inflación al productor se ubica por arriba de 8.3 por ciento anual, y la del consumidor supera 5.3 por ciento anual, cuando el objetivo de inflación de la Reserva Federal es de lograr un 2.0 por ciento. No menos, y no más. Los integrantes del Comité Nacional de Mercado Abierto no se cansan de expresar en cada comunicado que la elevada inflación es transitoria, y que en pocos meses veremos que cederá. El raciocinio detrás de esta apreciación es que hoy se tienen en el mundo diversos cuellos de botella y carencia de diversos insumos y suministros, en las cadenas globales de valor, resultado de las interrupciones de la producción originadas por las diversas olas de la pandemia por el Covid-19.

Microchips para la industria automotriz y de telefonía celular, madera para la construcción de vivienda en la Unión Americana, cobre, aluminio, piel, PVC, varilla, aluminio, etcétera. Estos choques de oferta disparan los costos de los insumos en particular, pero además se tiene un continuo incremento en los precios de los energéticos, petróleo, gasolina y gas, que ha duplicado o triplicado los precios de la energía en el mundo, lo que se refleja claramente en esa inflación al productor muy superior a la del consumidor.

En el otro lado de la ecuación, aún prevalecen tasas de desempleo y de capacidad instalada ociosa todavía muy altas, y por eso, los economistas consideran que la inflación es solo pasajera. Los incrementos en la demanda pueden ser resueltos en el mediano plazo con la misma capacidad instalada, una vez que se normalice el suministro de las cadenas de valor globales.

En el caso de México, a septiembre pasado la inflación al productor se ubica en 7.09 por ciento anual mientras que la del consumidor alcanzó 6.00 por ciento anual nuevamente. Centrándonos del lado de los costos al productor, el Índice de Mercancías y Servicios de Uso Intermedio, incluyendo petróleo, mostró un alza mensual de 0.48 por ciento y anual de 10.06 por ciento; mientras que el Índice de Mercancías y Servicios Finales, incluyendo petróleo, presentó un crecimiento de 0.44 por ciento mensual y de 5.96 por ciento anual, en septiembre de este año. Esta diferencia del doble en la inflación al productor de los bienes intermedios que la inflación al productor de bienes finales implica una significativa reducción de márgenes.

Ahora, centrándonos en la inflación al consumidor, la inflación no subyacente, la que se registra en los componentes más volátiles como los precios de los energéticos y de los perecederos, se ubica en 9.37 por ciento anual, mientras que la subyacente, cuya muestra excluye perecederos y energéticos, se ubica ya en 4.92 por ciento anual, siendo el objetivo de la inflación general, por parte del Banco de México el 3.0 por ciento con un 1.0 por ciento adicional como máximo tolerable, es decir 4.0 por ciento anual. Además se destaca una inflación elevada en el transporte, con 6.96 por ciento anual y en restaurantes y hoteles con 6.57 por ciento anual.

En el sector empresarial se empieza a notar en las cotizaciones de contratos de suministros de insumos y de servicios solicitudes de incrementos de precios cercanos a dos dígitos. Esto en un contexto en el que la demanda está destruida todavía. Esto implica una presión muy fuerte de costos. ¿En dónde vemos que internamente puede estarse generando esta presión adicional a la de la inflación importada y a la de los energéticos, si consideramos que en México, el gobierno ha incrementado el subsidio tanto en gasolinas como en gas y en electricidad?

1. La eliminación del esquema del outsourcing implica un incremento de 30 por ciento en el gasto de nómina de las empresas que utilizaban este esquema, y que no tiene posibilidades de deducción más que en un 52 por ciento.

2. La cartera vencida de proveedores del Estado mexicano, que es sumamente importante. Hemos estimado que supera varios cientos de miles de millones de pesos de empresarios que vendieron sus productos, o sus servicios, y que no han podido recibir su pago.

3. El incremento en los costos financieros del crédito. Por una parte, el Banco de México ha incrementado en tres ocasiones su tasa de referencia, mientras que por otra parte la regulación obliga a los intermediarios financieros a crear mayores reservas preventivas cuando las empresas empiezan a retrasarse en sus pagos, lo que obliga a los bancos a subir su diferencial entre tasas activas y pasivas.

4. Inseguridad. Los costos ocultos de la inseguridad y los explícitos en las coberturas de seguros de transporte o de robo, así como el incremento en los presupuestos de seguridad que tienen que hacer las empresas ante la inseguridad tienen que repercutir de una u otra forma en los precios del consumidor final.

5. Corrupción e ineficiencia del aparato del Estado, también implica sobrecostos para el aparato productivo que terminan pagando los consumidores finales, y como siempre, afectando a los más pobres.

Por lo pronto, las últimas encuestas ya hablan de un consenso entre los analistas de una inflación de alrededor de 6.30 por ciento anual para este año, y de que difícilmente se regresará al objetivo de inflación hasta el 2023.

El autor es presidente de Bursamétrica.

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