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Tokenización inmobiliaria: ¿moda tecnológica o evolución natural del mercado de capitales?

Lo que se digitaliza no es el inmueble, sino la representación de ciertos derechos sobre él.

La tokenización inmobiliaria no es, ante todo, una revolución tecnológica; es una posible evolución de la infraestructura del mercado de capitales: una nueva forma de registrar, administrar y transferir derechos sobre activos que seguirán siendo físicos.

La tecnología para hacerlo ya existe, lo que falta es construir alrededor de ella un mercado capaz de sostenerla con liquidez, certeza jurídica y confianza.

La propuesta es difícil de ignorar. Si una nave industrial, un hotel o un centro de datos valen cientos de millones de pesos, ¿por qué no dividir su valor económico en miles de participaciones digitales?

En teoría, activos reservados para desarrolladores, fondos institucionales y grandes patrimonios podrían abrirse a inversionistas con tickets menores.

Desde un teléfono, una persona podría adquirir una participación, recibir rendimientos y eventualmente venderla con menos fricciones que en muchas inversiones privadas: esa es la promesa de democratización.

Sin embargo, tokenizar un inmueble no significa convertir un edificio en un activo digital. El hotel sigue recibiendo huéspedes y la nave industrial generando rentas.

Lo que se digitaliza no es el inmueble, sino la representación de ciertos derechos sobre él.

Según la estructura, un token puede corresponder a acciones de la sociedad propietaria, derechos fideicomisarios, deuda respaldada por el activo o la facultad de recibir determinados flujos. Cambia la forma de registrar y transferir el derecho, no necesariamente su naturaleza jurídica ni la estructura legal que permite exigirlo.

El mercado inmobiliario lleva décadas fraccionando económicamente activos mediante sociedades, fideicomisos, fondos y vehículos listados. La tokenización no inventa esa posibilidad, busca transformar la infraestructura con la que las participaciones se registran, administran y transfieren.

La conversación pública suele concentrarse en la fracción accesible desde una aplicación. Sin embargo, los cambios que redefinen los mercados casi siempre ocurren en un lugar menos atractivo para los titulares: la infraestructura.

La democratización es visible.

La infraestructura no

El inversionista observa el producto final. El mercado cambia cuando mejoran los mecanismos para identificar titulares, registrar operaciones, distribuir rendimientos, administrar restricciones y transferir derechos. Ahí reside el potencial más profundo de la tokenización: reducir fricciones y aumentar la trazabilidad en inversiones privadas.

También puede incorporar reglas al propio activo digital: impedir transferencias a personas no autorizadas, limitar su circulación o ejecutar distribuciones conforme a condiciones definidas. La tecnología no interpreta la ley ni sustituye el juicio jurídico, automatiza lo que fue correctamente diseñado.

Emitir tokens es relativamente sencillo, lo difícil es construir alrededor de ellos derechos exigibles, custodia, gobierno, información y mecanismos de transferencia capaces de generar confianza.

Por eso, la pregunta ya no es si la tecnología funciona; es si puede construirse alrededor de ella un sistema suficientemente robusto de derechos, información, supervisión y confianza. La historia de los mercados sugiere que las innovaciones triunfan cuando resuelven ese desafío, no antes.

Cuando esos derechos se ofrecen a un universo amplio de inversionistas surgen preguntas inevitables: ¿El token constituye un valor? ¿La colocación es pública o privada? ¿Quién puede adquirirlo? ¿Quién custodia el activo subyacente? ¿Cómo se protege al inversionista y se evita que el token y el registro jurídico reconozcan a titulares distintos?

La tecnología puede fragmentar derechos económicos y facilitar su transferencia, pero no decide bajo qué condiciones deben ofrecerse al público ni crea liquidez. La negociabilidad técnica no sustituye compradores, formación de precios ni profundidad de mercado.

Esta es la paradoja central: cuanto más se acerca la tokenización al público general, mayor es su interacción con las reglas que sostienen el mercado de capitales y protegen al inversionista.

Una estructura privada puede reducir tickets y facilitar transferencias controladas. Un modelo abierto al público amplía el acceso, pero enfrenta exigencias regulatorias mucho mayores.

En México, las FIBRAs demuestran que es posible acercar activos inmobiliarios institucionales a una base amplia de inversionistas.

La tokenización podría extender esa lógica a proyectos que permanecen fuera de los mercados listados, siempre que ofrezca niveles comparables de certeza jurídica, información y confianza.

No se trata de eliminar la regulación en nombre de la innovación, sino de preservar sus funciones: información, supervisión, protección al inversionista y certeza sobre la titularidad, dentro de una infraestructura distinta.

La adopción probablemente avance primero en fondos privados, coinversiones y vehículos con inversionistas identificados. Ahí puede reducir tickets, simplificar la administración y permitir transferencias sujetas a reglas definidas, sin pretender crear desde el inicio un mercado abierto y líquido.

La tokenización será verdaderamente relevante cuando deje de ser el argumento de venta y se convierta en infraestructura. Cuando el inversionista no necesite comprender blockchain para adquirir una participación y esa nueva arquitectura consiga integrarse con estructuras jurídicas sólidas y con las reglas que sostienen la confianza del mercado.

La tokenización no está esperando a la tecnología. Está esperando a la confianza.

Sólo entonces dejará de ser una moda tecnológica para convertirse en una evolución real del mercado de capitales. Porque, al final, la historia de las finanzas rara vez ha consistido en inventar nuevos activos.

Casi siempre ha consistido en encontrar mejores formas de acceder a ellos.

Alonso Díaz Barriga Meixueiro

Alonso Díaz Barriga Meixueiro

Socio de Impuestos Internacionalesy Transacciones en EY México

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