Si usted pasó la semana pendiente de otras cosas, permítame contarle lo que ocurrió el jueves en Wall Street. Fue el día en que la inteligencia artificial perdió su primera elección.
Los números, primero. El Nasdaq se desplomó 5.52 por ciento, hasta 24 mil 315 puntos, su peor caída en 19 meses. El S&P 500 retrocedió 4.36 por ciento y el sector tecnológico de ese índice se hundió 7.3 por ciento, su peor día desde marzo de 2020. El índice de semiconductores de Filadelfia llegó a perder 11 por ciento, el Dow tuvo su peor día desde abril de 2025 y el VIX, el termómetro del miedo, saltó 70 por ciento.
¿De qué tamaño fue el agujero? Las empresas del S&P 500 perdieron en una sola sesión alrededor de 2.9 billones de dólares de valor de mercado y las del Nasdaq unos 2.5 billones. Los Siete Magníficos, Nvidia, Apple, Microsoft, Amazon, Alphabet, Meta y Tesla, se dejaron en conjunto más de un billón. Nvidia cayó más de 9 por ciento, perdió del orden de 440 mil millones de dólares y borró de un plumazo lo que le quedaba de ganancia en el año.
Para dimensionarlo con referencias nuestras. Lo que se esfumó el jueves del S&P 500 equivale a todo lo que produce la economía mexicana en poco más de año y medio, pues el PIB del país ronda 1.9 billones de dólares. Lo que perdió Nvidia en una sesión supera lo que México recibe por remesas en siete años. Y el quebranto conjunto de los Siete Magníficos rebasa las exportaciones mexicanas de todo un año.
¿Qué provocó semejante sacudida? Una elección. El miércoles los mercados habían festejado el barrido demócrata en las intermedias con el mejor repunte poselectoral en 44 años. El festejo duró un día. El jueves cayó el veinte sobre lo que implica para el negocio que sostiene el rally bursátil, la construcción de centros de datos para la inteligencia artificial.
El caso más claro es Texas, que concentra cerca de 30 por ciento de la capacidad planeada de centros de datos en Estados Unidos. El republicano Greg Abbott ya había congelado en agosto las conexiones nuevas a la red eléctrica y la gobernadora electa, la demócrata Gina Hinojosa, prometió extender esa moratoria hasta tener reglas más estrictas, y eliminar los incentivos fiscales a los desarrolladores. En Georgia, Keisha Lance Bottoms ofreció una pausa estatal para evaluar el impacto en recibos de luz, comunidades y ambiente. En Ohio, donde OpenAI proyecta el campus más grande del mundo, el condado en el que Meta planeaba una megainstalación acaba de prohibirlas. Y de las 41 medidas locales votadas en diez estados, la industria perdió todas menos una.
El clima social explica el giro. Tres de cada cuatro votantes rechazan que se construya un centro de datos cerca de su comunidad, según AP, y un monitoreo independiente halló que 32 de los 34 gobernadores electos apoyan regularlos o restringirlos. Los recibos de luz, encarecidos por la demanda eléctrica de estas instalaciones, se volvieron arma de campaña demócrata. El senador Bernie Sanders ya exige una moratoria nacional y hasta OpenAI publicó el jueves un marco de compromisos con las comunidades que incluye cubrir todos los costos de electricidad e infraestructura de sus futuros campus.
¿Cuánto puede frenarse la construcción? UBS estima que las pausas ponen en riesgo cerca de 30 por ciento de las adiciones de capacidad esperadas hacia 2028, con Texas aportando 18 gigawatts, y anticipa que los centros de datos acabarán pagando las mejoras de la red, lo que encarece los proyectos.
Goldman Sachs calcula que los estados expuestos a nuevas restricciones concentran 45 por ciento de la capacidad planeada y Wells Fargo estima que cada recorte de 10 por ciento a la capacidad prevista en Texas resta 1.6 por ciento al gasto de las grandes tecnológicas en esa infraestructura. El punto de partida es un auge en ebullición, con un récord de 7 mil 481 megawatts en construcción en Norteamérica al primer semestre, 25 por ciento más que un año antes, según CBRE.
Vale un matiz. El sector ya venía golpeado desde junio por dudas sobre sus valuaciones y las ventas forzadas de inversionistas apalancados amplificaron el desplome. La onda alcanzó a Asia el viernes, con el Kospi coreano hundiéndose hasta 8 por ciento, antes de que Wall Street encontrara piso. Ese día el Nasdaq rebotó 1.09 por ciento, el índice de chips 4.2 y Nvidia cerca de 6, con ayuda de un dato de empleo mejor a lo esperado. No alcanzó. Los grandes índices cerraron su peor semana desde junio y el Nasdaq ligó cuatro semanas a la baja. La disputa de fondo es si estamos ante una rotación pasajera o ante la revaluación del mayor ciclo de inversión de la historia reciente. El reporte de Nvidia, el martes 17, será el árbitro.
¿Y a México qué le toca en esta película? Más de lo que se piensa, por dos canales. El primero es el de los servidores. Como he contado en este espacio, el país se volvió pieza del ensamble mundial de estos equipos, y el dato más reciente impresiona. Tan solo en el primer semestre de 2026 las exportaciones de servidores sumaron 82 mil 900 millones de dólares, casi lo mismo que en todo 2025, y la presidenta Sheinbaum atribuyó al auge de la IA el brinco de 37.9 por ciento de las exportaciones de septiembre. Si el gasto en centros de datos se pausa, ese será el primer termómetro a vigilar.
El segundo canal es menos visible. Son los insumos de la obra. UBS advierte que el golpe de una pausa aparecería primero en la parte física del negocio, o sea construcción, equipo eléctrico, distribución de energía y enfriamiento. Ahí México también juega. Somos el primer exportador mundial de transformadores de menor potencia, con ventas concentradas en Nuevo León, en un mercado donde Estados Unidos padece esperas de más de dos años. Cables, conductores, estructuras y refrigeración completan el paquete que hace unas semanas describí aquí como oportunidad. Toda oportunidad ligada a un auge comparte su riesgo. Si la obra se detiene, esa demanda se enfría.
Hay, con todo, una lectura menos sombría. Los analistas no hablan de cancelaciones sino de retrasos, de gasto que se recorre de 2027 a 2028 y de proyectos que podrían mudarse de los estados hostiles a otros. En ese reacomodo, México podría incluso aspirar a captar inversiones, si resuelve sus cuellos de energía, agua y transmisión, que no son menores.
La conclusión del fin de semana es que la inteligencia artificial dejó de ser asunto de laboratorios y mercados para volverse asunto electoral.
Perdió su primera votación y el costo se midió en billones. La siguiente batalla se librará en comisiones de energía, cabildos y congresos estatales. Y en esa batalla, aunque no votemos, los mexicanos tenemos boleto de tercero interesado.