Coordenadas

El significado del récord en la venta de autos

El récord automotor es real y probablemente no será el último del año. Pero conviene leerlo con precisión: no es la señal de una economía que despega, sino el resultado de una alineación de factores de oferta y financiamiento.

México cerró el primer semestre de 2026 con una cifra que, a primera vista, no cuadra. Mientras la economía apenas se mueve, con tasas de crecimiento cercanas al 1 por ciento, la venta de automóviles rompió su récord para un primer semestre.

Nunca en la historia del país se habían vendido tantos coches como en este año, rebasando el récord anterior, que databa de 2017.

Entre enero y junio se comercializaron 754 mil 394 unidades, de acuerdo con el registro administrativo del INEGI. Es un avance de 5.3% anual y se ubica 1.3% por encima del máximo previo, de hace 9 años.

Tan solo en junio se colocaron 126 mil 778 autos, 7.6% más que un año antes. Vale una precisión: en la serie de 12 meses acumulados, el mercado registrado suma 1.55 millones de unidades, todavía por debajo del pico anterior para una serie igual, que es de 2016.

El dato es aún más llamativo porque la industria no lo anticipaba. A finales del año pasado, la expectativa era un mercado que creciera más o menos a la par de la economía, en un rango de 1 a 1.5 por ciento. Lo que ocurrió fue lo contrario: las ventas marcharon a contracorriente del ciclo, y la propia Asociación Mexicana de Distribuidores de Automóviles (AMDA) reconoció que junio superó su estimación ampliamente.

La cifra oficial, además, se queda corta. Varias marcas chinas —entre ellas algunas tan relevantes como BYD, GAC, Chirey y Omoda— no reportan sus ventas a la AMDA. Cuando ésta incorpora una estimación de esas firmas, el semestre sube a 805 mil unidades, con un alza de 6.1% respecto a la cifra oficial. El mercado real es todavía mayor que el récord que registran las estadísticas.

Y ese es, justamente, el segmento más dinámico. En el semestre, Geely creció 230% y Changan cerca de 57%; MG y las demás marcas de origen chino ganan terreno cada mes. El mercado no solo se expande: se reconfigura.

¿Cómo se venden más autos que nunca en una economía que no crece? Conviene descartar la lectura fácil —la que cifra todo en una demanda pujante— y revisar otros factores que también empujan.

El financiamiento es la palanca central. Entre enero y abril se colocaron 315 mil créditos automotrices, 8.6% más que un año antes, y ya financian 63% de las ventas registradas; estimaciones del sector elevan esa proporción a 80%, pues no todas las financieras reportan sus cifras.

El entorno hace también su parte. Banxico mantiene su tasa en 6.50% y la inflación va cediendo.

La tasa ponderada del crédito automotriz ronda 14%: alrededor de un tercio de la que cobran las tarjetas de crédito. La cartera vencida del segmento es de apenas 1.33% del saldo, la más baja entre todos los créditos a los hogares.

Con ese perfil de riesgo, bancos y financieras compiten con plazos más largos, meses sin intereses y bonos de enganche. Incluso el segmento de lujo, que antes se pagaba de contado, entra hoy al financiamiento.

El segundo factor es el precio. La inflación de automóviles fue de apenas 1.10% anual a la primera quincena de junio, frente a 3.55% del índice general. En términos relativos, los autos se abaratan.

Detrás de esa contención hay dos fuerzas. Una es la avalancha de modelos chinos de acceso, que llevaron el precio de entrada del mercado por debajo de los 250 mil pesos y obligaron a las marcas tradicionales a responder. La otra es la apreciación del peso, que abarata un mercado donde cerca de 70% de las unidades son importadas. La intensa competencia entre distribuidores —bonos, descuentos y promociones— hace el resto.

La recomposición por segmentos lo confirma: los subcompactos crecen 12.5% en el año y ganan participación, mientras los compactos caen 4.6%. Un segmento de los compradores se está moviendo hacia lo más accesible.

Aquí está el matiz que la euforia suele omitir. Según el INEGI, la intención de los hogares de comprar un automóvil en los próximos dos años cayó 11.8% anual en mayo. Las intenciones bajan mientras las ventas suben. El récord responde menos a un consumidor próspero que a una oferta que empuja: autos más baratos, crédito abundante y promociones agresivas, sobre un parque vehicular que envejeció en los años del desabasto de semiconductores.

Es coherente con el patrón del consumo en 2026: el gasto en bienes nacionales se estanca mientras el de bienes importados crece a doble dígito. El automóvil —importado en su mayoría— pertenece a ese segundo grupo.

Hay, además, una luz ámbar: la cartera vencida automotriz, aunque muy baja en nivel, creció 41.6% anual a abril, según Banxico. El apalancamiento que hoy sostiene el récord empieza a mostrar sus primeros costos.

El récord automotor es real y probablemente no será el último del año. Pero conviene leerlo con precisión: no es la señal de una economía que despega, sino el resultado de una alineación de factores de oferta y financiamiento.

La pregunta pertinente no es cuánto más puede crecer, sino cuánto de ese avance descansa en el crédito y en los descuentos, y qué tan sostenible será si el ingreso de los hogares sigue sin acompañarlo.

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