Coordenadas

El motor oculto de las exportaciones: la inteligencia artificial

La inteligencia artificial es el motor más dinámico de la exportación mexicana. Convendría que la revisión del T-MEC lo tenga presente: es mucho lo que está en juego.

La inteligencia artificial ya no es solamente un tema tecnológico. Se convirtió en un factor que está moviendo de manera relevante a la economía mexicana y a nuestras relaciones comerciales.

Los datos recientes de las exportaciones manufactureras muestran una clara tendencia alcista, lo que pareciera indicar que los aranceles que Estados Unidos aplica a México no han hecho mella en las ventas externas del país.

Pero cuando se mira con lupa, resulta que una buena parte de ese crecimiento corresponde a un solo segmento: las máquinas para el procesamiento de datos, el rubro 8471 del Sistema Armonizado, donde se clasifican los servidores y equipos de cómputo.

Las cifras del Banco de México son elocuentes. Entre 2021 y 2024, las exportaciones mensuales de este rubro se movieron en una banda de entre 2 mil y 4 mil millones de dólares. En abril de 2026, el dato más reciente, alcanzaron 18 mil 230 millones de dólares, una variación anual de 232 por ciento.

Para dimensionarlo: en un solo mes se exportó lo que en 2021 se vendía en más de medio año. En el primer cuatrimestre de 2026, el acumulado llegó a 53 mil 199 millones de dólares, 185 por ciento más que en el mismo lapso de 2025.

El peso de este segmento en las exportaciones totales pasó de un promedio de entre 5 y 7 por ciento en el periodo 2021-2024 a 21.5 por ciento en lo que va de 2026. En abril, uno de cada cuatro dólares exportados por México correspondió a equipo de procesamiento de datos.

No se trata de un fenómeno aislado. Las importaciones de Estados Unidos provenientes de Taiwán —el corazón de la fabricación mundial de chips— sumaron 201 mil 400 millones de dólares en 2025 y crecieron a tasas anuales cercanas a 100 por ciento a inicios de 2026.

Al comparar trimestre a trimestre ambas series, la correlación entre las exportaciones mexicanas del rubro 8471 y las compras estadounidenses a Taiwán es de 0.92 en variaciones anuales, un nivel altísimo para datos de comercio.

No es que un flujo cause al otro: ambos son eslabones de la misma cadena. Los chips se diseñan y fabrican en Taiwán, se ensamblan en servidores en México —o en la propia isla— y terminan en los centros de datos estadounidenses.

Un dato lateral lo confirma: México fue el cliente de Taiwán que más aumentó sus compras en 2025, con un avance de 178 por ciento.

El origen de esta demanda gigantesca está en la construcción de centros de datos en Estados Unidos.

De acuerdo con el Census Bureau, el gasto en construcción de estas instalaciones alcanzó en abril de 2026 un ritmo anualizado de 50 mil 700 millones de dólares, 27 por ciento más que un año antes, y superó por primera vez al gasto en edificios de oficinas.

El ritmo al que arrancan nuevas obras es todavía más impresionante. Según la firma ConstructConnect, los inicios de construcción de centros de datos sumaron 49 mil 500 millones de dólares entre enero y abril de 2026, contra 13 mil 600 millones en el mismo lapso de 2025. Y 2025, a su vez, ya había crecido 139 por ciento respecto a 2024.

Tan solo entre octubre de 2025 y marzo de 2026 inició la construcción de 140 nuevos centros de datos, con una inversión de 92 mil millones de dólares y un costo promedio cercano a 500 millones de dólares por proyecto.

La comparación con 2024 dimensiona el salto: el ritmo actual de arranques de obra equivale a varias veces al de hace apenas dos años, cuando entraron en operación poco más de 135 centros de datos de hiperescala en todo el año.

Cada uno de esos complejos se llena de servidores, y una parte creciente de ellos sale de las plantas de manufactura electrónica instaladas en Jalisco y Chihuahua.

Este impulso continuará mientras persista la demanda de infraestructura de inteligencia artificial en Estados Unidos. Pero conviene señalar los riesgos.

El primero es que el valor agregado nacional de estas exportaciones es considerablemente menor a su valor bruto, pues los chips y componentes que incorporan son importados.

El segundo, que el nuevo arancel de la Sección 232 a ciertos semiconductores avanzados, anunciado en enero pasado, introduce incertidumbre en toda la cadena.

Y el tercero, el más relevante: si el gasto de capital de las gigantes tecnológicas se enfría, el freno se sentiría de manera simultánea en Taiwán y en las plantas mexicanas.

Por ahora, la inteligencia artificial es el motor más dinámico de la exportación mexicana. Convendría que la revisión del T-MEC lo tenga presente: es mucho lo que está en juego.

COLUMNAS ANTERIORES

Lo que ayer pasó con el T-MEC
T-MEC: la clave será el modo

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.