Los datos del IMSS dados a conocer hace un par de días parecen contradictorios. En mayo se perdieron 29 mil 922 puestos de trabajo formales, el segundo mes negativo en lo que va de 2026.
Pero, al mismo tiempo, el empleo creció a una tasa de 1.5 por ciento respecto al mismo mes del año pasado, el crecimiento anual más alto de los últimos 20 meses. ¿Con cuál de las dos lecturas nos quedamos?
Creo que el segundo dato, el crecimiento, es el más relevante. Todo indica que el bache de mayo es transitorio y la trayectoria de fondo dibuja una recuperación gradual del mercado laboral.
La pérdida de mayo tiene tres explicaciones identificables. La primera es la estacionalidad agropecuaria: mayo marca el cierre de los ciclos de siembra, mantenimiento y cosecha en varias regiones del país, lo que históricamente produce una reducción temporal de plazas. No es casualidad que Sinaloa, el gran productor hortícola, haya perdido casi 18 mil puestos en el mes.
La segunda es un efecto extraordinario: la cancelación de un registro patronal fraudulento que concentraba a personas sin relación laboral real, bajo esquemas de simulación en el aseguramiento. El propio Instituto señala que, aislando ese efecto, la cifra mantendría su trayectoria positiva.
La tercera, esa sí preocupante, es la debilidad manufacturera. La industria de la transformación acumula una caída anual de 1.4 por ciento y entidades con vocación industrial y automotriz —Coahuila, Baja California, Aguascalientes, Guanajuato y Tamaulipas— perdieron empleos, en lo que ya se percibe el impacto de los aranceles estadounidenses sobre los sectores más expuestos.
Con todo, los números estructurales cuentan otra historia.
Al cierre de mayo hay 22 millones 718 mil puestos registrados ante el IMSS, la cifra más alta para un quinto mes del año. En los últimos 12 meses se crearon 346 mil 637 empleos, un avance de 1.5 por ciento que contrasta con el 0.9 por ciento de enero. La aceleración es clara y sostenida. En el acumulado de enero a mayo, además, la creación neta asciende a 201 mil 605 plazas, una cifra superior a la generada en el mismo periodo del año pasado, cuando el mercado laboral atravesaba su peor momento reciente.
Hay además una mejora en la composición: 86.8 por ciento de los puestos son permanentes, con un máximo histórico de 19.7 millones, y el salario base de cotización alcanzó 671.3 pesos diarios, el más alto desde que hay registro, con un incremento nominal anual de 6.6 por ciento que implica una ganancia real del poder adquisitivo.
Los sectores que jalan la recuperación son transportes y comunicaciones, con un crecimiento anual de 13.5 por ciento; la industria extractiva, con 4.1 por ciento; y los servicios sociales y comunales, con 2 por ciento. En lo regional, Hidalgo, el Estado de México y Oaxaca crecen a tasas superiores a 4 por ciento.
Una salvedad es obligada: parte del dinamismo proviene de la incorporación de trabajadores de plataformas digitales, que ya suman 197 mil cotizantes. Sin ese efecto, mayo habría perdido 67 mil 574 plazas. Es empleo formal nuevo y bienvenido, pero conviene no perder de vista que la creación ‘orgánica’ es más modesta.
Hacia adelante, las expectativas apuntan en la misma dirección. Por ejemplo, la encuesta de Manpower Group para el segundo trimestre de este año indica que 53 por ciento de los empleadores prevé aumentar su plantilla, y la firma estima entre 150 mil y 250 mil empleos nuevos al cierre del año. Banamex anticipa que el empleo seguirá recuperándose en línea con la actividad, y BBVA revisó al alza su pronóstico de crecimiento del empleo formal para 2026, de 1.9 a 2.1 por ciento.
La conclusión es que el dato negativo de mayo es más ruido que señal.
La señal más relevante es la tasa anual de 1.5 por ciento, como le mencioné, la cifra más alta en 20 meses. El riesgo que podría descarrilarla no está en el campo ni en la estadística: está en la manufactura y en el efecto de la revisión del T-MEC.
Si la incertidumbre comercial se despeja o si se asimila en los siguientes meses, la recuperación del empleo formal podría consolidarse en la segunda mitad del año.
Si no, el bache de mayo podría dejar de ser un mero síntoma estacional.