Coordenadas

Las razones por las que sigue creciendo la IED

La cifra se construye en medio de un entorno adverso para el comercio exterior mexicano y con incertidumbres internas.

El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, presentó ayer las cifras de inversión extranjera directa al primer trimestre del año. Son positivas, sin duda, pero ello no obsta para que subsistan algunas preocupaciones.

En el primer trimestre de 2026 México captó 23 mil 591 millones de dólares de Inversión Extranjera Directa, un máximo histórico para un periodo enero-marzo y un avance anual de 10.4 por ciento, sobre la base de datos preliminares.

Lo sorprendente no es tanto la magnitud como el momento. La cifra se construye en medio de un entorno adverso para el comercio exterior mexicano y con incertidumbres internas.

Los aranceles que Trump impuso bajo la Sección 232 ya golpean: las exportaciones de productos siderúrgicos hacia Estados Unidos cayeron 24 por ciento en 2025 y se han desplomado más de 50 por ciento en el arranque de 2026, según datos de Banxico. La industria automotriz —corazón exportador del país— enfrenta una tasa de 25 por ciento sobre el contenido no estadounidense. La revisión del T-MEC ya inició y hay tensiones.

Pero, pese a todo eso, los capitales foráneos no solo no huyen: marcan récord. ¿Cómo se explica?

Es resultado de la conjunción de diversas causas. Revisemos algunas de las más importantes.

La primera es de horizonte. Los corporativos globales no deciden inversiones físicas con un horizonte trimestral. Vaya, ni sexenal. Lo hacen considerando plazos de 15, 20 o 30 años. Lo que pesa en sus consejos de administración no es la mañanera ni la encuesta del día, sino la frontera de tres mil kilómetros con el mercado más grande del mundo, la base manufacturera ya instalada, una demografía relativamente joven y una macroeconomía que, mal que bien, ha resistido los cambios políticos del último cuarto de siglo. Esos factores son estructurales y no se mueven con la coyuntura.

La segunda es el T-MEC, que sigue siendo el activo más valioso de México en la mesa global. Aun con los aranceles sectoriales, la enorme mayoría de los bienes que cumplen reglas de origen entra sin gravamen a Estados Unidos. Ahí radica la paradoja del trimestre: la IED en fabricación de vehículos creció 20.4 por ciento, la de equipo de cómputo y componentes electrónicos 58.7 por ciento, y la de transportes y almacenamiento 123 por ciento. Ningún otro país combina esa proximidad logística a EU con el trato arancelario que tenemos.

La tercera capa es psicológica, y se menciona poco. El inversionista foráneo tiene la ventaja de la distancia. No lee la prensa mexicana cada mañana ni padece en carne propia la violencia, los apagones o la incertidumbre regulatoria que sí pesan sobre el ánimo nacional. A eso se suma que sus activos en México suelen ser una fracción menor de un portafolio global diversificado, por lo que toleran mucho más riesgo del que aguanta un empresario mexicano cuya casa entera está aquí. Dicho de otra forma: para BlackRock o GM, México es una apuesta entre otras; para el industrial regiomontano o capitalino, es la apuesta.

La cuarta causa es jurídica. Hay menos exposición a decisiones locales entre los extranjeros que entre los nacionales. Por ejemplo, España aportó 3 mil 804 millones en el trimestre, 16 por ciento del total. No es casualidad. El viernes pasado, Claudia Sheinbaum y Ursula von der Leyen firmaron el TLCUEM modernizado, que sustituye el viejo arbitraje caso por caso por un Tribunal permanente de Solución de Controversias de Inversión. Para los capitales europeos eso es un blindaje jurídico explícito frente a cambios regulatorios discrecionales.

La quinta causa es geopolítica. La estrategia estadounidense para desacoplar cadenas de valor respecto de China se aceleró. Para muchos corporativos globales, México sigue siendo la ventana razonable para servir Norteamérica sin contenido chino. El nearshoring se ha materializado menos de lo prometido, pero sigue siendo una hipótesis activa.

Hasta aquí, lo bueno. Pero hay reservas.

De los 23 mil 591 millones del trimestre, apenas mil 705 —7.2 por ciento— corresponden a nuevas inversiones, como se ha dicho ampliamente. Entre 2018 y 2022, las nuevas inversiones promediaban 35.6 por ciento del total. Hoy son una fracción de eso. Se ha señalado con frecuencia: la reinversión es señal de confianza de los corporativos ya establecidos, pero no equivale a la multiplicación de los actores, que en el futuro también tendrían el potencial de reinvertir.

¿Puede sostenerse el crecimiento al ritmo actual? La respuesta dependerá de tres pruebas: cómo evolucione la revisión del T-MEC; si el Plan México logra ofrecer la energía, el agua, la certidumbre regulatoria y la seguridad que hoy frenan proyectos; y si la firma del TLCUEM se traduce, dentro de tres o cuatro años, en plantas europeas efectivamente operando.

No se puede regatear el resultado favorable de la IED. Pero, tampoco cerrar los ojos a lo que todavía hace falta concretar.

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