Coordenadas

La radiografía de la actividad productiva: ¿dónde duele?

México no está en recesión. Al menos, todavía no. La pregunta es si las piezas que podrían evitarla llegarán en el segundo trimestre con fuerza suficiente. Ya lo veremos en las siguientes semanas.

Los datos finales del PIB para primer trimestre no pintaron el peor escenario, pero tampoco permiten dormir tranquilos.

El INEGI reportó que la economía mexicana se contrajo -0.6% frente al trimestre previo, con cifras desestacionalizadas, y creció apenas 0.4% a tasa anual. La estimación oportuna había sido todavía más adversa. Esa corrección evitó la fotografía de un desplome, pero no cambió el resultado esencial: la economía entró a 2026 con menos fuerza de la que se suponía y con una desaceleración más extendida de lo que sugiere el dato agregado.

Para entenderlo conviene separar dos planos. Las cifras desestacionalizadas sirven para medir el golpe coyuntural: las actividades primarias cayeron 1.7%, las secundarias 1.0% y las terciarias 0.4% en el trimestre. Las cifras originales, con mayor desglose, permiten bajar al detalle sectorial y observar de dónde viene el freno. Leídas juntas, ambas series cuentan la misma historia: el problema ya no está concentrado en un solo frente. Duele en muchas partes.

Las reseñas de lo ocurrido dicen que fallaron agricultura, manufactura y servicios. Es cierto, pero el detalle se requiere para entender el fondo.

El campo tuvo la mayor caída trimestral, pero no es el centro de la historia. Las actividades primarias tienen un peso reducido en el valor agregado y una volatilidad estructural marcada por el ciclo agrícola. Pueden mover el ánimo por sus fluctuaciones, pero rara vez definen el rumbo de toda la economía.

La señal relevante vino de la industria. Las manufacturas retrocedieron 2.0% anual con cifras originales en el primer trimestre, frente a una caída de 0.4% en todo 2025. No es un simple tropiezo: es una contracción mucho más profunda en una actividad que tiene un peso decisivo en la producción, las exportaciones, el empleo formal y la demanda de servicios empresariales.

Dentro del sector secundario, sin embargo, hay matices relevantes. La minería creció 2.6% anual después de haberse hundido 6.5% en 2025; aunque más que una reactivación plena, parece un rebote contra una base muy deprimida. La construcción, por su parte, volvió a terreno negativo, con una baja de 0.7%. El dato no sostiene la idea de que la obra pública o los proyectos de infraestructura estén compensando ya la debilidad de otros motores.

Pero el dato más interesante está en el sector terciario. Dos rubros ligados directamente a la operación de las empresas dieron un giro demasiado brusco como para ignorarlo. Los servicios profesionales, científicos y técnicos —consultoría, ingeniería, despachos jurídicos y contables— pasaron de crecer 8.6% en 2025 a caer 3.4% anual en el primer trimestre. Los servicios de apoyo a los negocios —vigilancia, limpieza, manejo de residuos, administración y servicios auxiliares— pasaron de 11.5% a -1.1%.

Estos números revelan dónde empieza la prudencia empresarial. Antes de despedir personal o cancelar inversión fija, muchas compañías recortan consultorías, contratos externos y servicios que consideran ajustables. Que esos dos rubros se hayan deteriorado al mismo tiempo sugiere que una parte del sector productivo formal entró en pausa defensiva frente a la incertidumbre arancelaria y doméstica, la revisión del T-MEC, y el menor dinamismo de la manufactura. Es la cautela empresarial la que se expresa en estos datos.

A esa señal se suma otra: el comercio al menudeo, termómetro razonable del consumo, desaceleró de 4.3% anual en 2025 a apenas 0.8% en el primer trimestre. La narrativa de una demanda interna invulnerable empieza a verse menos sólida cuando se examina el dato fino. Y los servicios de alojamiento temporal y preparación de alimentos acumulan cinco trimestres en terreno negativo, con una baja de 2.9% anual al arranque del año. Eso no cancela el posible impulso del Mundial, pero obliga a matizar el optimismo turístico que se ha instalado con demasiada facilidad.

Un resultado favorable apareció donde usualmente menos se mira: en las actividades legislativas, gubernamentales, de impartición de justicia y de organismos internacionales, que crecieron 5.3% anual en el primer trimestre contra 0.8% en 2025. No debe confundirse ese rubro con todo el gasto público, pero sí muestra que el componente gubernamental funcionó como amortiguador. Contribuyó a que la lectura anual con cifras originales se mantuviera en 0.2% y no quedara todavía más cerca del terreno negativo.

El problema es que un amortiguador no es un motor. Si la manufactura no se estabiliza, si los servicios empresariales siguen contrayéndose y si el consumo pierde velocidad, la economía necesitará mucho más que la inercia del sector público para sostenerse.

La encuesta más reciente entre especialistas, dada a conocer por Citi México el pasado 20 de mayo, ya promedia un estimado de crecimiento de 1.1% para este año y 9 de 31 instituciones encuestadas ya consideran un estimado por debajo del 1%.

México no está en recesión. Al menos, todavía no. La pregunta es si las piezas que podrían evitarla llegarán en el segundo trimestre con fuerza suficiente. Ya lo veremos en las siguientes semanas.

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