El próximo miércoles 27 de mayo comenzará la negociación formal del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
Hasta hace algunas semanas existía la intención de llegar al 1 de julio —sexto aniversario de la vigencia del acuerdo— con la revisión cerrada. Por los tiempos, no hay manera de cumplir esa fecha.
Pero los plazos no son el único obstáculo. Lo dicho esta semana por la presidenta Sheinbaum y por el secretario Marcelo Ebrard en el Foro de El Financiero confirma que México no tiene prisa en firmar.
Ebrard fue explícito: anticipa revisiones que podrían “no ser concluyentes”. No habrá cierre rápido; la conversación será permanente y el objetivo de México será reducir la incertidumbre, no firmar a toda costa.
El segundo obstáculo es la posición de Washington. Fuentes cercanas a la negociación refieren que la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) ha sido inflexible: pide sin ofrecer. Solicita elevar el contenido regional automotriz —incluso al 100 por ciento—, pero no mueve el arancel de la Sección 232 sobre acero y aluminio (50 por ciento), ni los gravámenes que pesan sobre vehículos y autopartes. El embajador Jamieson Greer lo ha planteado sin rodeos: el objetivo de Estados Unidos es endurecer las reglas de origen para impedir que México se convierta en “centro de distribución” de bienes asiáticos.
Hace unas semanas se temía en el sector privado que el gobierno mexicano buscara un acuerdo a toda costa para despejar la incertidumbre. Lo dicho esta semana disipa ese temor. Y la advertencia de Sheinbaum, de no permitir que la negociación sea utilizada en la campaña de medio término en Estados Unidos —los comicios son en noviembre—, refuerza la idea de que no habrá acuerdo este año.
Hay otra razón para suponerlo: los datos del comercio. Las exportaciones mexicanas a EU crecieron 5.1 por ciento en el primer trimestre, según la Oficina del Censo. Las compras estadounidenses desde China, en contraste, cayeron más de 40 por ciento, llevando la participación china en las importaciones de EU a su mínimo desde 2001. México capturó un récord de 16.3 por ciento del comercio total de EU y se consolidó como su primer socio comercial.
Conviene matizar: el avance no es parejo. Las exportaciones mexicanas de vehículos y autopartes a EU cayeron 11.3 por ciento en el trimestre, golpe directo de los aranceles al sector. El crecimiento provino sobre todo de productos de alta tecnología, no del corazón automotriz. Justo donde la USTR aprieta más en reglas de origen. La fotografía agregada es favorable, pero el detalle sectorial muestra dónde duele la negociación.
Está pendiente, además, el desenlace de la investigación bajo la Sección 301 por exceso de capacidad estructural en manufactura. La USTR la notificó el 11 de marzo y las audiencias públicas se realizaron del 5 al 8 de mayo. Una resolución es esperable entre agosto y noviembre. Los afectados incluyen a México, la Unión Europea y a los principales exportadores asiáticos. Conviene recordar que esta investigación nació como vía alternativa después de que la Corte Suprema invalidó las tarifas IEEPA de Trump y dejó al ejecutivo sin esa herramienta arancelaria.
El “arma secreta” de México —y lo que lo coloca en ventaja relativa frente a otros países afectados— es que sus exportaciones están directamente ligadas a las ventas estadounidenses al mercado mexicano. Las importaciones mexicanas desde EU crecieron 11 por ciento en el trimestre, más del doble que las exportaciones mexicanas hacia ese mercado. Si caen las exportaciones de México a EU, también caen las exportaciones de EU a México. Esa interdependencia desincentiva un castigo arancelario severo: dolería en ambas direcciones, y un Trump enfocado en empujar exportaciones estadounidenses lo sabe.
Hay otras herramientas de negociación. El 22 de mayo México firmará la actualización del acuerdo con la Unión Europea —con la meta de elevar las exportaciones al bloque de 23.8 mil millones a 36.1 mil millones de dólares hacia 2030—, y habrá también misiones comerciales a China e India. La diversificación reduce algunos puntos de la dependencia y suma poder de negociación.
El escenario más probable es que México conserve su ventaja arancelaria general frente a competidores, aunque la negociación con Estados Unidos se extienda más allá de este año.
Saber que el cierre no será inmediato pero la ventaja se mantiene es, paradójicamente, información valiosa para una inversión que lleva meses detenida. Ya no se trata de eliminar por completo la incertidumbre, sino de tener mayor claridad sobre el escenario más probable.
No es el único factor —están los temas domésticos también—, pero despejar una parte de las interrogantes externas puede ayudar a empujar para arriba nuestra deprimida inversión.