Coordenadas

La economía: ni dramas ni fiestas

Estamos en un momento en el que la forma en que recortemos y comparemos las cifras va a generar impresiones muy diferentes.

Desde ahora y en los próximos meses, cada uno va a tener sus propios datos, ya no solo el presidente de la República.

Si usted quiere decir que la economía mexicana sigue en crisis, va a poder mostrarlo. Si lo que quiere es señalar que la recuperación ha comenzado, también lo va a poder exponer.

Estamos en un momento en el que la forma en que recortemos y comparemos las cifras va a generar impresiones muy diferentes.

Cuando la mayoría de los lectores vean este texto, el Inegi habrá dado a conocer ya su primera estimación del PIB del primer trimestre del año, la que habrá aparecido a las 6 a. m. de este día.

¿Quiere usted sustentar que seguimos en crisis?

Haga la comparación anual. Las cifras de 2021 comparadas con las del mismo periodo del año pasado, van a arrojar una caída de -3.4 a -3.8 por ciento.

¿Quiere usted señalar que aún nos falta mucho por recorrer?

Entonces compare las cifras de este trimestre contra las del último del año pasado y encontrará que hay un virtual estancamiento.

Ah, pero si lo que quiere mostrar es que ya hay un cambio de tendencia, entonces espere a tener las cifras del Indicador Global de Actividad Económica correspondiente a marzo, que indicará que en ese mes hubo un crecimiento de 0.5 a 1.0 por ciento respecto a febrero.

La elección de los referentes desde luego va a estar tamizada por la preferencia política o ideológica de quien seleccione.

Los críticos de la 4T van a poner énfasis en todos los aspectos negativos que los datos puedan ofrecer. Los apologistas del gobierno van a hacer exactamente lo contrario.

En la psicología cognitiva se establece una diferencia entre la racionalización y el razonamiento.

La primera, parte de creencias preconcebidas y busca evidencias para justificarlas. Eso lo vamos a ver a diestra y siniestra, y vamos a observar que cada uno justifica que su elección de datos es la correcta y es equivocada la que no coincide con la propia.

El razonamiento deja a un lado los prejuicios y busca honestamente en las evidencias, las conclusiones que se correspondan con ellas.

Hay momentos en los que no hay manera de encontrar aspectos positivos a las cifras, como cuando hace un año todo iba en caída libre; en otros, casi todos los indicadores ofrecen señales positivas, como en las etapas de auge económico.

Pero hay épocas en las que nos enfrentamos a aparentes contradicciones. Estamos en una de ellas.

Cada mes que transcurra, los signos económicos van a ser mejores respecto a los meses previos, pero serán aún negativos o incluso muy negativos si se comparan con un pasado más distante, en algunos casos un año o en otros, dos años.

Habrá que reconocer que la economía mexicana va hacia arriba, aunque aún no recuperará lo perdido por el desastre de 2020.

Para algunos será inaceptable afirmar que hay crecimiento; para otros, que seguimos por debajo de los niveles previos a la pandemia o incluso a los del fin del anterior gobierno.

La clave para no perder la objetividad será mantener la distancia y la ecuanimidad. Ni sumarse a los festejos a los que van a convocar las autoridades ni agregarse a las amarguras en las que van a estar instalados muchos de los críticos.

Y, ni modo, habrá que aguantar como siempre los reclamos de unos y otros. Los de aquellos a los que disgusta que se lancen baldes de agua fría a las efímeras fiestas y los de aquellos que califican de cómplice del gobierno a quien no diga que seguimos instalados en la peor de las crisis.

Como dice el lugar común, el tiempo habrá de poner a cada uno en su lugar.

Así lo ha hecho esta columna desde que hace poco más de 33 años comenzó a publicarse.

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