Coordenadas

La aritmética del estancamiento

El dato más duro vino hace unos días, con la publicación de la estimación oportuna del PIB del primer trimestre: una contracción de 0.8 por ciento respecto al trimestre anterior, la primera caída trimestral en cinco trimestres.

El dato que ayer divulgó el INEGI sustenta lo que diversos analistas vienen advirtiendo desde el arranque del año: la economía mexicana está virtualmente estancada.

El Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) anticipa para abril un crecimiento mensual de 0.3 por ciento y una variación anual igualmente de 0.3 por ciento. Aunque hay una leve alza respecto a marzo, en los hechos es una cifra que confirma que la economía nacional está atrapada en un ciclo de bajo dinamismo del que no logra salir.

Recordemos el contexto. En marzo, el propio IOAE estimó una variación mensual de cero por ciento, con un avance anual de apenas 0.5 por ciento. La actividad industrial fue todavía más decepcionante: el dato observado mostró una caída de 1.5 por ciento mensual en marzo y una contracción anual de las manufacturas cercana a 2.3 por ciento. El sector que durante años fue motor de la economía mexicana —la maquila exportadora— ha perdido su dinamismo.

Pero el dato más duro vino hace unos días, con la publicación de la estimación oportuna del PIB del primer trimestre: una contracción de 0.8 por ciento respecto al trimestre anterior, la primera caída trimestral en cinco trimestres.

Y lo más preocupante fue que el retroceso se generalizó. Las actividades primarias cayeron 1.4 por ciento; las secundarias, 1.1 por ciento; y las terciarias, 0.6 por ciento. No hay un sector que esté jalando al resto. El cuadro es de debilidad estructural, no de una mala racha pasajera.

¿Cuáles son las razones de este letargo? Son diversas.

Primero, la incertidumbre externa. Las tensiones comerciales con Estados Unidos siguen pesando sobre las decisiones de inversión y los flujos exportadores. Si bien la exportación de equipo electrónico ha repuntado por el desvío de pedidos antes destinados a China, las ventas automotrices a Estados Unidos —corazón del modelo exportador mexicano— continúan a la baja. El reajuste no compensa.

Segundo, la cautela del consumidor. El indicador oportuno del consumo privado mostró desaceleración en abril. El Indicador de Consumo Big Data de BBVA Research reporta una contracción anual promedio de 2 por ciento en lo que va del año, casi diez puntos porcentuales por debajo de lo registrado un año atrás. Los hogares mexicanos, presionados por una inflación general de 4.45 por ciento en abril, están guardando el bolsillo.

Tercero, la inversión está paralizada. Y no es para menos: la perspectiva soberana de S&P pasó de “estable” a “negativa”. Fitch advierte que Pemex pone en riesgo el grado de inversión del país. ¿Cómo pedirle a un empresario que comprometa capital cuando las señales fiscales y financieras del país son las que son?

Cuarto, las expectativas se ajustaron. La Encuesta Citi México recortó la proyección de crecimiento para 2026 de 1.4 a 1.2 por ciento. El gobierno federal sigue hablando de 2.3 por ciento. La distancia entre el discurso oficial y la lectura del mercado se ensancha mes a mes.

Hay quien apuesta a que la Copa Mundial de la FIFA dará un impulso transitorio al consumo y a los servicios en el segundo trimestre. Es probable. Pero tendrá un efecto temporal. Hacia el tercer trimestre, la demanda interna podría retomar su lento dinamismo en un contexto de incertidumbre persistente y mayor precaución de los hogares.

¿Y la política monetaria? Banxico ha recortado tasas, pero el margen es estrecho. La inflación en Estados Unidos sigue presionada por la coyuntura geopolítica —el repunte en los precios del petróleo tras la situación en Irán complicó el panorama global— y el mercado ya no anticipa recortes de la Reserva Federal este año. Si la Fed no afloja, Banxico no podrá hacerlo con la holgura que quisiera.

En resumen: el dato del IOAE para abril no anuncia una recuperación. Anticipa que seguimos estancados. La economía mexicana no se desploma, pero tampoco crece.

Y eso, en términos de bienestar, generación de empleo formal e ingreso por habitante, no es para celebrar.

El gobierno tendrá que decidir si reconoce el problema o sigue insistiendo en que vamos bien. Los datos —que son tercos— ya hablaron.

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