La presidencia de Donald Trump es un peligro creciente para el mundo entero y un gran negocio para él y los suyos. Desde que comenzó su segundo mandato, su fortuna personal ha crecido 2 mil 700 millones de dólares (se estima en 7 mil millones actualmente, de acuerdo con Forbes).
El uso de información privilegiada, el tráfico de influencias y el otorgamiento de contratos públicos a sus amigos y aliados se han convertido en la norma, lo mismo que los nombramientos irregulares de familiares suyos en tareas diplomáticas que les abren las puertas a negocios con Rusia, Israel y otros países.
Su yerno, sus hijos mayores y hasta su consuegro forman parte de esa trama que aprovecha el cargo de Trump para hacer negocios.
En la misma línea, Trump ha utilizado su poder para otorgar indultos a diestra y siniestra, como ocurrió en el escandaloso caso del expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, condenado por narcotráfico.
La colección de títeres que Trump ha ido ampliando en América Latina, con una estrategia sustentada en la Doctrina Donroe, es fiel imitadora de su jefe global.
Los escándalos de corrupción, la grosera intromisión en asuntos de la justicia y los negocios particulares a la sombra del poder son la norma en la Argentina de Milei o el Ecuador de Noboa.
El clan Bolsonaro, en Brasil, es otro refinado ejemplo de la política delincuencial que define a la ultraderecha del mundo. Y Trump quiere sumar al presidente de esa gran nación a su colección de títeres.
Los resultados de la reciente elección en el gigante sudamericano —y la expectativa de la segunda vuelta— han vuelto a poner los reflectores sobre un negocio familiar que comenzó cuando el capitán Jair Bolsonaro abandonó las filas del Ejército para aventurarse en la política.
Jair, el patriarca, purga una condena de 27 años de prisión (ahora domiciliaria por supuestos motivos de salud) por el intento de golpe de Estado con el que pretendió, con aliados entre militares y jueces, tumbar al gobierno de Lula en enero de 2023.
Eduardo, el hijo que aspiraba a ser candidato presidencial, vive un exilio autoimpuesto en Estados Unidos porque se niega a dar la cara a la justicia brasileña.
Pero al resto de la familia no le ha ido mal. Flávio acaba de aventajar a Lula, por menos de dos puntos porcentuales, en una elección que tendrá que definirse en segunda vuelta.
El Partido Liberal, de los Bolsonaro, consiguió también importantes resultados en la renovación del Congreso y las gubernaturas. Entre los beneficiarios hay dos hermanos de Flávio, un medio hermano, la madre y la madrastra, así como otros familiares que completan una lista de ocho con el apellido Bolsonaro y ocuparán lugares en la Cámara de Diputados o el Senado.
El patriarca ha sido condenado, pero los analistas brasileños no descartan que los Bolsonaro utilicen su fuerza legislativa para indultar a quien pretendió destruir la democracia.
Lo mismo ocurriría con diversos procesos que, por corrupción y otros delitos, pesan sobre miembros del clan, incluyendo un caso que involucra directamente al candidato.
Porque, en efecto, Flávio Bolsonaro es investigado por la Corte Suprema de Brasil por presunta corrupción, lavado de dinero y evasión de divisas, por el caso conocido como Vorcaro, por el apellido del banquero que habría financiado ilegalmente la película Dark Horse, sobre la vida del Bolsonaro preso.
Con todo, la mitad de Brasil decidió ignorar este y muchos otros casos en los cuales el clan Bolsonaro aparece involucrado en diversos delitos.
La desmemoria social se suma a los muchos factores que influyeron en los resultados electorales: en primer lugar, la intervención descarada de Estados Unidos, que fue de presiones arancelarias a la cancelación de visas, pasando por el cierre de su embajada para generar incertidumbre en la víspera de las urnas.
La guerra sucia en redes sociales, la propagación de noticias falsas sobre la confiabilidad del sistema electrónico de votación, el voto corporativizado de la mayor parte de las iglesias evangélicas, la insuficiencia de los esfuerzos institucionales de combate al crimen fueron otros de los factores que llevaron al balotaje.
Todo lo anterior no impide ver un hecho que mueve a la reflexión al progresismo latinoamericano: el clan Bolsonaro se apropió de la idea de cambio, pese a que lo que en realidad ofrece es un retorno al periodo de Jair como presidente (2019-2022).
¿Qué dejó el gobierno de Bolsonaro?
Sólo dos ejemplos: en lo laboral, mayor precarización del empleo, aumento de la edad de jubilación y disminución de las pensiones (con el argumento de que el “exceso de derechos” dificultaba la creación de empleos); en lo ambiental, la deforestación del Amazonas creció 75% durante su mandato.
La naturaleza también pierde cuando gana la ultraderecha.