Dolores Padierna

Nueva consigna opositora: ignorar la realidad

Suponiendo que se hubiese tratado de una sola elección, los candidatos de Morena habrían rebasado por 14 puntos a los aspirantes de la oposición.

Diputada Federal por la LXIV Legislatura

Por desgracia para varios líderes de la oposición, la realidad queda muy lejos. ¿O cómo entender que festejen victorias donde todos vemos su derrota? Que el líder del Partido Acción Nacional lance confeti al aire, mueve a risa en un primer momento, pero no deja de ser lamentable que la oposición con propuesta, que sería saludable para nuestra democracia, simplemente no exista.

Tras los comicios de este domingo, Morena y sus aliados han afianzado, gracias a la voluntad del pueblo, una mayoría con expresión territorial que se completará el año próximo, con los comicios en Coahuila y el Estado de México.

Rumbo a la contienda de 2024, una fuerza política con sólo unos años de vida, gobernará a la mayoría de los mexicanos (71 millones) y contará, muy probablemente, con 23 gubernaturas.

Por más malabares discursivos que practiquen los líderes opositores, o su jefe el empresario junior, la realidad es que el PAN perdió Tamaulipas y Quintana Roo, y el PRI fue derrotado en Oaxaca e Hidalgo.

Las cuentas alegres opositoras no salen por ningún lado. Suponiendo que se hubiese tratado de una sola elección, los candidatos de Morena habrían rebasado por 14 puntos a los aspirantes de la oposición. Es decir, Morena habría obtenido 46 por ciento de los votos en solitario y 53 por ciento con sus aliados, un porcentaje equivalente al logrado por el actual presidente de la República en la elección de 2018.

Ahí radica una de las lecciones de estos comicios: se acabó el mito de que Morena sólo puede ganar si el presidente Andrés Manuel López Obrador está en la boleta.

Con los resultados del pasado domingo, por lo demás, las fuerzas políticas adquieren su verdadera dimensión. En 2015, año en que Morena hizo su aparición en el escenario electoral, el PRI gobernaba 19 entidades. Después de la reciente jornada electoral, sólo encabezará los gobiernos estatales en tres, incluyendo Durango, que sólo pudo ganar con sus aliados el PAN y el PRD.

El PRD –lo que queda de esa fuerza que otrora representó a la izquierda– podría perder el registro en cuatro entidades, por no haber alcanzado la votación mínima de 3.0 por ciento. Se trata de un resultado previsible, dado que los restos de ese partido y sus dirigentes decidieron desde hace tiempo ser simplemente comparsas de la derecha.

La abstención, que fue nutrida en varias entidades, debe ser un llamado de atención para todas las fuerzas políticas, especialmente para aquellas que han llamado, como lo hicieron en el revocatorio, a no acudir a las urnas.

En estados donde hubo mayor competitividad, la participación ciudadana creció respecto de la elección comparable (2016). En otras, como Oaxaca, hubo un notable descenso en la participación (17.6 por ciento), quizá atribuible en parte a los devastadores efectos del huracán Agatha.

Cabe anotar que en las tres entidades con mayor participación (Tamaulipas, Hidalgo y Oaxaca), la victoria fue para los abanderados de Morena.

En lo que hace a las disputas por regiones, es sabido que, históricamente, la izquierda ha tenido mayores dificultades para avanzar en el norte del país. En ese sentido, es destacable que Tamaulipas se sume a los estados fronterizos que ya se habían pintado de guinda (Sonora, Baja California).

Dos mujeres resultaron electas gobernadoras: Mara Lezama, en Quintana Roo, y la panista Teresa Jiménez en Aguascalientes. Con ello, son ya nueve las mujeres al frente de gobiernos estatales, por si alguien todavía se pregunta si las mujeres estamos preparadas para gobernar.

El mapa electoral de 2024 se terminará de configurar el año próximo, con las elecciones en Coahuila y el Estado de México. Por su peso en el padrón y por su historia, el Estado de México será seguramente el escenario de un intenso proceso electoral.

Más allá del retorno de viejas prácticas tramposas e ilegales, que se dio particularmente en entidades gobernadas por el PAN, la marca de la reciente contienda es la insistencia de los liderazgos opositores en estrategias ya fracasadas y en la persistente ausencia de un proyecto de país que confronte al de la Cuarta Transformación.

No han construido esa alternativa en cuatro años, así que parece difícil que puedan edificarla, puesto que siguen empecinados en una sola oferta: regresar al poder desde donde heredaron un país de profundas desigualdades, violencia y corrupción.

La ciudadanía nuevamente les dijo que no.

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