Recientemente se publicó un nuevo informe sobre la cooperación internacional, la cual ha sido fluida y relevante por parte de organismos internacionales como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), entre otros. Destaca la cooperación en Latinoamérica en el 2022, que reunió en Oaxaca a los titulares de entidades fiscalizadoras superiores de América Latina y el Caribe, quienes compartieron algunas de sus responsabilidades, encomiendas y funciones dentro de sus organizaciones nacionales. Posteriormente, tuvo lugar en la Ciudad de México el encuentro de los auditores del Caribe. Desde esa fecha, ya existía una gran preocupación sobre los riesgos de los desastres naturales, así como la amenaza latente del incremento de la pobreza en los países de la región. El tema de la educación y la salud son todavía flagelos en el continente latinoamericano, aunque en algunos países ha habido avances sustantivos, como el caso de Brasil. En la Declaración de Oaxaca —disponible en internet—, destaca la importancia de reducir el riesgo de desastres naturales y el cambio climático; ahí tenemos, por ejemplo, el terrible y reciente caso de Nepal. Hay que mencionar las tragedias por los terremotos que sufrieron Venezuela, Colombia y Haití, sin olvidar los sismos en México de 1985 y 2017, lo cual nos recuerda la necesidad de atender este tema. Además de los desastres naturales, existen también la corrupción y la necesidad de fortalecer la resiliencia y acelerar el desarrollo sostenible, como ha recomendado la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Un ejemplo con el fin de reducir los riesgos de desastres y el cambio climático es la Iniciativa Global de Gestión del Riesgo de Desastres (IGGRD), coordinada operativamente por la agencia de cooperación internacional del gobierno alemán (GIZ) en alianza con el sector privado, la academia, como lo es la UNAM, la sociedad civil y terceros interesados. Es importante mencionar los casos de Brasil y México — cuando participamos junto con el ministro Augusto Nardes, estimado amigo brasileño — país que tiene aproximadamente 214 millones de habitantes, con una economía sólida, mientras que en México tenemos 134 millones. Volviendo a la tragedia de Nepal —con una cantidad impresionante de personas fallecidas—, se trata de un país que no cuenta con los mecanismos tecnológicos suficientes para hacer frente a esos fenómenos naturales. México y Brasil desarrollaron una investigación sobre el cambio climático con el objetivo de crear indicadores de diagnóstico de todos los países del planeta, trabajo que en su momento se distribuyó en prácticamente los países preocupados por este problema. Lo que sigue es complementar esos indicadores a nivel mundial, para colectivamente proteger al planeta. Para poder atender este problema a nivel continental y contar con los indicadores adecuados, similares a otros continentes, es necesario implementarlo en la Oganización Internacional de las Entidades Fiscalizadoras Superiores (INTOSAI), lo que permitiría tener mejores defensas ante estas contingencias. Lo que debemos destacar es que deberíamos fomentar con mayor fuerza la cultura de la prevención, no solo en nuestro país, sino en toda América Latina. Además, deberíamos lograr la capacidad de trabajar juntos para construir una cultura y una política de cooperación, de sincronización, de colaboración, de intercambio de buenas prácticas y de preservación de nuestras culturas. México, Brasil y otros países de nuestro continente, junto con la participación de los chinos, japoneses, árabes, alemanes, europeos, italianos y americanos, podrían lograr una gran hermandad a través de esta organización.
Signos y Señales
Relevancia de la cooperación internacional
Para reducir los riesgos de desastres y el cambio climático es la Iniciativa Global de Gestión del Riesgo de Desastres (IGGRD).
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