Colaborador Invitado

México ante un Congreso demócrata en Estados Unidos

‘En materia arancelaria, el efecto de una victoria demócrata probablemente será gradual, no inmediato’, explica Janneth Quiroz en su columna.

La victoria demócrata en ambas cámaras del Congreso de Estados Unidos modifica el equilibrio político en Washington y abre una nueva etapa en la relación económica con México. El resultado no implica, por sí mismo, un giro radical en la política comercial estadounidense, pero sí fortalece los contrapesos a la agenda del presidente Donald Trump, amplía la supervisión legislativa y cambia la forma en que se discutirán asuntos clave para la economía mexicana.

La primera implicación es política. Con el control de la Cámara de Representantes y el Senado, los demócratas tendrán mayor capacidad para definir la agenda de los comités, convocar audiencias, investigar decisiones de la administración y ejercer presión en las negociaciones presupuestarias. También podrán retrasar o bloquear nombramientos y condicionar algunas iniciativas legislativas. Sin embargo, su capacidad para revertir decisiones presidenciales seguirá limitada por las facultades ejecutivas y la posibilidad de un veto.

Para México, esta distinción es fundamental: un Congreso demócrata puede limitar el margen político de Trump, pero no elimina la incertidumbre comercial. La administración estadounidense conserva instrumentos para impulsar su agenda en materia de comercio, migración y seguridad. Por ello, no sería prudente asumir que el triunfo demócrata implicará el retiro automático de aranceles o una postura necesariamente más flexible hacia México.

El T-MEC será uno de los principales canales de transmisión económica. La revisión del acuerdo ocurre cuando las empresas de América del Norte necesitan certidumbre para decidir dónde invertir, producir y contratar. Una mayoría demócrata podría favorecer un proceso más estructurado, con mayor participación del Congreso y una discusión más amplia sobre las consecuencias de las medidas comerciales. Al mismo tiempo, podría elevar la presión en temas laborales, ambientales y de cumplimiento, además de las preocupaciones compartidas por ambos partidos sobre la competencia de China y el contenido regional de las cadenas productivas.

La continuidad del tratado es conveniente para México, Estados Unidos y Canadá. La integración productiva regional hace que una ruptura comercial tenga costos para los tres países, ya que encarece insumos, altera cadenas de suministro y reduce la competitividad frente a otras regiones. No obstante, esa interdependencia no elimina las diferencias políticas. México tendrá que demostrar que puede ofrecer condiciones confiables para la inversión, cumplir los compromisos del acuerdo y fortalecer la participación de proveedores regionales, especialmente en sectores estratégicos como el automotriz, el electrónico y el manufacturero.

En materia arancelaria, el efecto de una victoria demócrata probablemente será gradual, no inmediato. Los legisladores podrán intensificar las investigaciones sobre el uso de aranceles, cuestionar sus efectos sobre empresas y consumidores estadounidenses y promover votaciones para expresar oposición a determinadas medidas. Sin embargo, si no cuentan con los votos suficientes para superar un veto presidencial, esos esfuerzos podrían tener un alcance principalmente político y de supervisión. La posibilidad de que la Casa Blanca continúe recurriendo a medidas ejecutivas seguirá siendo un riesgo para las exportaciones mexicanas.

Para los mercados financieros, el resultado generó una reacción inicial asociada con la percepción de menores riesgos políticos o con expectativas de mayor estabilidad institucional. Sin embargo, el efecto sobre el tipo de cambio, las tasas de interés y la inversión dependerá de cómo se traduzca el nuevo equilibrio legislativo en decisiones concretas. Los inversionistas seguirán atentos a la política arancelaria, las negociaciones comerciales, la trayectoria fiscal de Estados Unidos y las condiciones internas de México. Una victoria demócrata no sería suficiente, por sí sola, para modificar de manera permanente la percepción de riesgo de los activos mexicanos.

México tendrá que evitar una estrategia basada exclusivamente en la relación con la Casa Blanca. La nueva composición del Congreso hará aún más importante mantener canales de comunicación con legisladores de ambos partidos, gobernadores, representantes empresariales y sectores que reconocen los beneficios de la integración regional. La interlocución deberá ser permanente, técnica y enfocada en intereses compartidos, como: empleo, competitividad, inversión, seguridad de las cadenas de suministro y estabilidad comercial.

Janneth Quiroz Zamora

Janneth Quiroz Zamora

Directora de Análisis Económico, Cambiario y Bursátil de Grupo Financiero Monex

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