Colaborador Invitado

Todos contra Trump, ahora y siempre

Habrá que reconocerle a Trump un mérito involuntario: su gestión ha generado un descontento tan extendido que podría traducirse en una victoria demócrata.

El ejemplo del Frente Amplio uruguayo debería servir para unificar al Partido Demócrata en su lucha contra el trumpismo en 2028.

Este martes, si se cumplen los pronósticos de la inmensa mayoría de las encuestas y el Partido Demócrata conquista mayorías en ambas cámaras del Congreso, habrá que reconocerle a Trump un mérito involuntario: su gestión ha generado un descontento tan extendido que podría traducirse en una victoria demócrata.

Sin el vertiginoso aumento del costo de vida, la persistencia de la inflación, los elevados precios de los alimentos y los combustibles, las altas tasas hipotecarias, el costo exorbitante de la atención médica y la preocupación por una guerra con Irán que ya dura más de ocho meses y cuesta al contribuyente más de 3 mil millones de dólares mensuales.

Los demócratas difícilmente tendrían hoy una oportunidad semejante.

Pero mal harían en suponer que ganar las elecciones de mitad de mandato garantiza la llegada de un demócrata a la Casa Blanca en 2029.

Si algo han puesto de manifiesto las primarias es la falta de cohesión del partido. La división ideológica entre sus dos grandes corrientes es profunda.

De un lado están los insurgentes de izquierda, convencidos de que el sistema político actual ya no admite reformas y de que es necesario transformarlo desde sus cimientos. Sus prioridades son ampliar la justicia social, combatir la corrupción y recuperar la credibilidad de la política.

Del otro están los reformistas de centroizquierda, que creen que el sistema todavía puede corregirse. Aspiran a establecer un mejor equilibrio entre el poder empresarial y el político, crear riqueza y distribuirla de manera más justa.

Unir a estas dos corrientes no será fácil. La historia de la izquierda está marcada por divisiones, fragmentaciones y conflictos internos.

La Primera Internacional, fundada en 1864 para articular la lucha de los trabajadores, terminó fracturada por el enfrentamiento entre Karl Marx y Mijaíl Bakunin.

Mientras los marxistas defendían la conquista del poder político para transformar la sociedad, los anarquistas propugnaban la abolición del Estado y de toda autoridad coercitiva.

En la década de 1920, la pugna entre el «socialismo en un solo país» de Stalin y la «revolución permanente» de Trotsky desembocó en purgas, persecuciones y asesinatos de antiguos camaradas.

En la Alemania de Weimar, la hostilidad entre el Partido Socialdemócrata (SPD) y el Partido Comunista (KPD) —al que Moscú calificaba de «social-fascista»— impidió la formación de un frente capaz de frenar el ascenso de Hitler.

Durante la Guerra Civil española, las divisiones en el bando republicano desembocaron en enfrentamientos armados, como los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona, cuando comunistas prosoviéticos se enfrentaron a anarquistas de la CNT y militantes del POUM. Aquella fractura debilitó el esfuerzo común contra el fascismo.

La historia, sin embargo, también ofrece ejemplos de cómo superar diferencias profundas. En 1971, los fundadores del Frente Amplio uruguayo —procedentes de tradiciones comunistas, socialistas, democristianas y de otros sectores— decidieron construir una organización común.

No habían borrado sus diferencias ni resuelto todas sus discrepancias programáticas. Pero entendieron algo decisivo: para transformar el país necesitaban una fuerza política que fuera más que la suma de sus partes.

¿Es ingenuo esperar que el Partido Demócrata llegue a una conclusión semejante? Sin unidad de propósito no hay estrategia electoral ni proyecto de gobierno que pueda sostenerse.

Por el bien del país, sus dirigentes y militantes harían bien en dejar atrás el sectarismo ideológico y empezar a construir, desde ahora, una coalición capaz de competir por la Casa Blanca en 2028.

El ejemplo uruguayo permite convertir una crítica a la izquierda divisiva en una reflexión constructiva sobre la necesidad de coaliciones.

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