Colaborador Invitado

Los bancos centrales deberían prestar más atención a las curvas de tasas

A los responsables de los bancos centrales aún les queda margen de maniobra, en parte, porque los actuales temores relacionados con la deuda mundial espolean las tasas a largo plazo, lo cual se trata de un fenómeno pasajero.

Un consejo para los bancos centrales: dejen de subir las tasas de interés. Si bien Banxico ha sido prudente y no las ha modificado desde el recorte de mayo, la Reserva Federal estadounidense y el Banco Central Europeo, entre otros, han respondido con alzas a la subida del precio del petróleo. Además de innecesario, es un error. Por el momento, estas subidas no están afectando ni en los mercados ni en las economías, pero, si los bancos centrales perseveran en el error, podrían llegar a hacerlo.

Los gobernadores de los bancos centrales ven ecos de la inflación desbocada de 2022 en todas partes. Ante el temor de que el encarecimiento del crudo provocado por la guerra en Irán repercuta en toda la economía, elevan el precio del dinero para evitar que se repita el episodio de 2022. Se equivocan.

El aumento de los precios del petróleo impulsa la sustitución, en particular, de los productos de lujo, pero no alimenta la inflación generalizada. La variación del IPC estadounidense fue de un 2.4% interanual en enero, tocó techo con un 4.2% en mayo y se moderó hasta el 3.4% en agosto, incluso con la escalada del petróleo. El repunte del 3.7% interanual en septiembre no es relevante y es inferior al dato de mayo. En Europa y Asia, las tendencias son parecidas.

La situación de México es similar, aunque los topes al precio del combustible para uso doméstico distorsionan los datos. En todo caso, el IPC repuntó desde el 3.8% de enero al 4.6% en marzo, y ahora está en el 3.5%, por debajo del mínimo con que empezó el año.

La moderación de los precios no es mérito de los bancos centrales. El petróleo ha marcado la dirección de todas las fluctuaciones, como demuestra el hecho de que, excluyendo la energía, el IPC estadounidense de enero fue del 2.6%, igual que el de septiembre. En el caso de la eurozona, la cifra actual del 2.3% también replica la de enero. Por tanto, la evolución del crudo no repercutió en el resto de la economía.

Es cierto que la guerra es la responsable de que el barril de petróleo haya superado la barrera de los 100 dólares. Las fluctuaciones en el sentimiento provocan volatilidad, pero, en general, los efectos del bloqueo del estrecho de Ormuz están remitiendo. De hecho, las exportaciones de crudo se acercan a sus niveles previos a la guerra. El tráfico por los oleoductos de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, así como el trasvase clandestino entre petroleros, están mitigando los efectos del cierre de Ormuz. Además, los saudíes están estudiando opciones para elevar las exportaciones unos tres millones de barriles más al día.

Los bancos centrales deberían dejar de preocuparse por el petróleo y hacer un ejercicio de autorreflexión. La energía no fue la causa del descontrol de los precios en 2022, sino la excesiva expansión monetaria que ellos promovieron durante la pandemia. Como explicó el nobel Milton Friedman hace 60 años, la inflación siempre se produce cuando una cantidad demasiado grande de dinero recién creado persigue una cantidad finita de bienes y servicios. A escala mundial, el crecimiento de la oferta monetaria todavía está muy lejos de los máximos hiperinflacionarios de principios de los años veinte de este siglo. El agregado monetario más amplio de México, el M4, ha subido un 5.8%, un incremento moderado muy inferior al promedio histórico del 10%.

Unas pocas alzas de tasas no suponen una catástrofe, ya que las subidas, per se, no son negativas. Afectan a la concesión de crédito al determinar la forma de la curva de tasas, es decir, el diferencial entre las tasas a corto y a largo plazo. Al final, los bancos recurren a los depósitos a corto plazo para financiar préstamos a largo plazo, así que, cuando los rendimientos a largo plazo superan a los de corto plazo, prestar dinero es una actividad rentable. Por lo tanto, una curva de tasas con una pendiente pronunciada fomenta la concesión de préstamos y el crecimiento económico. Cuando la forma de la curva se invierte porque los intereses a corto plazo son mayores que a largo plazo, la concesión de préstamos deja de generar beneficio, una señal habitual (aunque imperfecta) de que se acerca la recesión.

Actualmente, las curvas muestran una evolución favorable. A principios de 2026, los rendimientos del bono estadounidense a 10 años superaban a su equivalente a 3 meses en 0.54 puntos porcentuales (p. p). Pese al alza de tasas de la Fed, esa diferencia aumentó a 0.92 p. p. el 16 de octubre, lo que supone una señal alcista. En México, el diferencial pasó de 1.91 a 2.76 p. p., y en el Reino Unido, de 0.74 a 1.34 p. p. En el caso de Alemania, es de 0.91 p. p., y en el de Francia, de 2.09 p. p. Todo ello servirá para impulsar el crecimiento mundial.

A los responsables de los bancos centrales aún les queda margen de maniobra, en parte, porque los actuales temores relacionados con la deuda mundial espolean las tasas a largo plazo, lo cual se trata de un fenómeno pasajero. Por tanto, deberían recortar las tasas antes de que las alzas perjudiquen a la economía.

Ken Fisher

Ken Fisher

Fundador, presidente ejecutivo y codirector de inversiones de Fisher Investments

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