Hace apenas tres años, conectar el ERP de una gran corporación con la plataforma transaccional de su banco podía tomar siete semanas de trabajo conjunto entre equipos de tesorería, tecnología y cumplimiento. Hoy, ese mismo proceso puede completarse en menos de un día. Ese cambio solo es posible porque los bancos han entendido que su función ya no consiste en vender servicios al cliente, sino en integrarse a sus flujos de trabajo. La banca corporativa y de inversión está viviendo uno de los momentos más fértiles de su evolución reciente, aunque el ruido competitivo a veces sugiera lo contrario.
La oportunidad es real y está cuantificada. Según el Informe mundial de banca corporativa y de inversión 2026 del Instituto de Investigación de Capgemini, los ingresos de los 18 bancos corporativos y de inversión más grandes del mundo, que concentran cerca del 70% del mercado, seguirán creciendo a una tasa anual compuesta de 5.4% entre 2025 y 2029, con Asia-Pacífico al frente con 7% y América con 6%. El financiamiento privado superó los 1.7 billones de dólares en activos y 85% de los tesoreros corporativos planea trabajar con instituciones financieras no bancarias durante los próximos doce meses. Pocas veces en la última década la banca mayorista había tenido una oportunidad tan clara para reinventar su propuesta de valor.
Los resultados ya son visibles en algunas instituciones. Citi, por ejemplo, integró sus Token Services con el clearing en dólares 24/7 y registró un crecimiento trimestral de 8% en el valor transaccional de su plataforma de pagos transfronterizos. Société Générale desarrolló Stella, una plataforma capaz de convertir reportes anuales no estructurados en análisis crediticios listos para utilizarse, reduciendo hasta 50% los tiempos de procesamiento y multiplicando por siete su cobertura analítica, de dos mil entidades a casi quince mil. Santander, por su parte, reportó más de 200 millones de dólares en ahorros operativos durante 2024 gracias a la automatización y los copilotos de inteligencia artificial y, al mismo tiempo, movilizó entre 40 y 45 mil millones de euros en activos ponderados por riesgo mediante transferencias de riesgo, demostrando que el balance también puede convertirse en una palanca de innovación financiera.
Detrás de estos resultados hay tres aprendizajes que comienzan a redefinir el sector. El primero es que el cliente corporativo ya no quiere portales separados ni procesos fragmentados; busca capacidades integradas que operen desde su ERP, sus sistemas de tesorería y sus propios flujos de decisión.
La segunda lección tiene que ver con los datos. Antes de aplicar inteligencia artificial, las instituciones que están escalando sus capacidades han invertido en unificar definiciones de cliente, eliminar duplicidades y fortalecer la gobernanza de la información. Sobre esa base, la IA está permitiendo reducir hasta 40% los tiempos asociados a onboarding y KYC, mientras que los sistemas multiagente procesan hasta tres veces más casos por mes. Como resultado, los analistas dedican menos tiempo a buscar información y más a interpretarla y convertirla en valor.
La tercera lección es que el cumplimiento regulatorio ha dejado de ser únicamente una obligación operativa para convertirse en un factor de diferenciación. En un entorno donde 95% de los clientes corporativos identifica la privacidad y la seguridad como sus principales preocupaciones al adoptar nuevas tecnologías, los bancos que incorporan controles desde el diseño cuentan con una ventaja competitiva difícil de replicar por otros participantes del ecosistema financiero.
Desde mi perspectiva, para la banca corporativa que opera en México esta agenda resulta especialmente oportuna. Las tesorerías de los grandes corporativos nacionales demandan lo mismo que sus pares globales: visibilidad en tiempo real, integración con sus sistemas, financiamiento embebido en sus cadenas de valor y asesoría que combine criterio humano con analítica avanzada. Los bancos locales, además, cuentan con un conocimiento profundo de la regulación, el riesgo soberano y la dinámica sectorial que representa una ventaja difícil de igualar.
La institución que logre combinar ese conocimiento con plataformas integradas, datos de calidad e inteligencia artificial no solo participará en los flujos de trabajo del cliente: se convertirá en una parte esencial de ellos.
