La adquisición de créditos de naturaleza positiva puede ser una forma de optimizar la arquitectura fiscal de las empresas para modificar su carga tributaria, aprovechando los beneficios e incentivos que la ley ofrece y con ello hacer que el negocio sea más eficiente.
Dependiendo de la finalidad de adquisición y el uso, una opción es registrarlos contablemente como gasto, convirtiéndose en una erogación deducible de impuestos siempre y cuando esté relacionada con la actividad económica.
La empresa deberá argumentar y acreditar documentalmente que cuenta con una estrategia de gestión de riesgos, obligaciones de sustentabilidad y posicionamiento en el mercado con impacto en la reputación, operación y/o ingreso.
Parte de esta estrategia fiscal la explicaremos los próximos 6 y 7 de octubre en el Nat5 Live Marketplace, dentro de la Semana de Acción por el Clima y la Naturaleza de México por el Clima, en el Papalote Museo del Niño de la Ciudad de México.
Algunas empresas ven las erogaciones relacionadas con la conservación o restauración de flora y fauna como una donación que impacta en el pago de impuestos o en los indicadores de Responsabilidad Social Empresarial y Ambientales, Sociales y de Gobernanza.
Pero las donaciones no son suficientes y las externalidades negativas que las actividades económicas provocan en el ecosistema no pueden ser únicamente absorbidas por el Estado.
Por ello, es importante buscar instrumentos que logren movilizar capital privado. Para las empresas, los créditos de carbono o biodiversidad son una oportunidad para generar beneficios ambientales y económicos. En un mercado voluntario, quien adquiere los créditos obtiene un beneficio reputacional y la adquisición se registra en la contabilidad.
Por otro lado, siguiendo las normas contables y la sustancia económica de la operación, otra oportunidad es registrar los créditos de naturaleza como un activo intangible. Un activo intangible puede ser amortizado, por lo que afecta el resultado contable y, cuando resulta fiscalmente deducible, puede generar un efecto sobre el flujo de efectivo mediante la reducción de la base gravable.
Existen diferentes razones por las que las empresas pueden invertir en créditos de carbono de manera voluntaria. Una es convertirse en “carbono neutral” o “Net Zero”: se compran créditos para compensar emisiones que no son eliminadas mediante cambios internos en la operación y mejoras tecnológicas, por lo que deben verse como complemento de las acciones de evitar, minimizar y restaurar.
Las empresas también buscan eficiencia energética, reducción de residuos y menor consumo hídrico. Disminuir el impacto negativo en los servicios ecosistémicos puede representar una reducción de costos, al utilizar fuentes de energía diferentes a la fósil y optimizar el uso de insumos en la producción. Los créditos de carbono complementan esta estrategia de eficiencia y optimización.
Las compañías pueden integrar estos créditos en sus estrategias de publicidad, ya que las nuevas generaciones de consumidores cuentan con mayor información respecto al impacto ambiental de las mercancías y servicios que adquieren. Las estrategias de carbono neutral pueden convertirse así en un incentivo para el consumidor.
De acuerdo con el artículo 27 de la Ley del Impuesto Sobre la Renta, las deducciones autorizadas deben ser estrictamente indispensables para los fines de la actividad del contribuyente. De esta forma, las erogaciones que cumplan con los requisitos materiales indicados por la autoridad relacionadas con la inversión o para la obtención del ingreso son deducibles de impuestos.
Los reportes de ASG y la inversión sostenible deberían verse directamente relacionados con la operación de la empresa, ya sea por ser una entidad obligada o por su relación con la reputación ante inversionistas, proveedores, clientes y consumidores finales, así como por la dependencia de la naturaleza que tenga la actividad económica.