Colaborador Invitado

Fortaleza prestada

Con la tasa de referencia sin cambio y la moneda limitada en su capacidad de absorber choques, el riesgo fiscal e institucional, que los inversionistas advierten, no tiene otro lugar donde expresarse que la pendiente de la curva de bonos, lo que creará enormes desafíos para el espacio fiscal y el crédito a las actividades productivas.

A inicios de este mes pasé cinco días en Brasil, entre São Paulo y Río de Janeiro, atendiendo reuniones con inversionistas institucionales donde las preguntas sobre el peso mexicano fueron una constante para comprender su fortaleza reciente. Días antes había tocado niveles por debajo de 17 por dólar y acumulaba una de las mayores apreciaciones del mundo en 2026, pero la mayoría encontraba difícil atribuírsela a razones locales. En casi todas las conversaciones los factores externos parecían explicar su nivel o la posibilidad de que se extendiera por más tiempo.

La mayoría de las explicaciones coincidieron con algunos de las hipótesis que hemos desarrollado en Finamex. El peso reúne tres cualidades: paga un rendimiento relativamente alto (frente a otros mercados emergentes) y creíble, se aprecia con fuerza cuando mejora el apetito global por riesgo (y viceversa) y se opera en montos grandes, a cualquier hora, con una liquidez propia de las divisas de economías desarrolladas.

Si volvemos por un instante al salón de clases, vale la pena recordar que Mundell y Fleming enseñaron que ningún país puede tener a la vez política monetaria independiente, tipo de cambio fijo y libre movilidad de capitales. Algo similar ocurre con las monedas, puesto que la mayoría ofrece dos de las características antes mencionadas y sacrifica la tercera. Por ahora el peso mexicano no renuncia a ninguna, y por eso funciona menos como espejo del país que como amplificador del ánimo del mercado global.

En el entorno de debilidad del dólar que teníamos hasta hace unos días, y con la postura monetaria local anclada en 6.50%, las tres piezas se reforzaron entre sí, al grado de que la volatilidad implícita del peso rondó el 6%, la mitad de su promedio histórico. Al volver del viaje me pareció clara una conclusión: con la tasa de referencia sin cambio y la moneda limitada en su capacidad de absorber choques, el riesgo fiscal e institucional, que los inversionistas advierten, no tiene otro lugar donde expresarse que la pendiente de la curva de bonos, lo que creará enormes desafíos para el espacio fiscal y el crédito a las actividades productivas.

Del viaje a Brasil emergió una duda, ¿cuántas alzas de la Fed puede resistir esta configuración? El consenso apuntó a que dos alzas de 25 puntos base este año serían manejables y que una tercera pondría a prueba la postura de Banxico, con el tipo de cambio, y no el diferencial de tasas, como detonante. Sin embargo, dos semanas después, esa pregunta pasó de ser hipotética al escenario donde ya nos encontramos.

La Reserva Federal elevó el día de ayer su tasa en 25 puntos base, al rango de 3.75%-4.00%, su primer aumento desde 2023. Tan importante que el movimiento es la señal: 16 de los 18 participantes anticipan al menos otra alza este año, y cuatro de ellos ven espacio para dos más. La frontera que nos describieron en São Paulo quedó a la vista. Con Banxico en 6.50%, el diferencial se estrecha a unos 250 puntos base y el dólar recupera el soporte que había perdido y la presión podría sostenerse si se mantiene el discurso hawkish de Warsh.

Medio Oriente es el segundo tema a considerar. Con el estrecho de Ormuz cerrado de facto desde marzo, Arabia Saudita desviaba alrededor de cinco millones de barriles diarios por su oleoducto Este-Oeste hacia el Mar Rojo. Ese ducto quedó fuera de operación tras ataques con drones, mientras los hutíes tomaron la isla de Perim, en Bab el-Mandeb, la salida de ese mar. El Brent rondó los 109 dólares el 15 de septiembre, 20% más que un mes antes. Para el peso, el canal relevante es la cadena que va de la energía a la inflación, de la inflación a la Fed y de la Fed al dólar, con más aversión al riesgo en cada eslabón.

El tercero es la inteligencia artificial, y en Brasil apareció por una vía inesperada. La matriz exportadora mexicana se ha recompuesto: la electrónica gana terreno frente a los autos, y ese impulso depende del ciclo de inversión en IA de Estados Unidos, que es más corto que el de la industria automotriz. Es, también, un impulso prestado y ahora ese ciclo enfrenta una duda nueva. El 12 de septiembre, Dario Amodei, director de Anthropic, pidió frenar el ritmo al que mejoran los modelos, y Sam Altman y Elon Musk se sumaron. Si esa incertidumbre, con tasas más altas, detona una corrección bursátil, el dólar podría ganar más terreno por la vía del refugio.

Estos tres acreedores comparten un rasgo: ninguno tiene que ver con México. Así como las malas noticias domésticas movieron poco al peso mientras el viento global soplaba a favor, las buenas difícilmente lo sostendrán si el viento cambia. Nada de esto anticipa un ajuste desordenado; la misma profundidad del mercado que facilita la salida ayuda a encontrar precio sin sobresaltos. En varias reuniones de dicho viaje, local y extranjera por igual, México fue descrito como una historia aburrida comparada con Colombia y Brasil. Sonaba a elogio, pero ese aburrimiento, como la fortaleza del peso, comenzará a evidenciar que el viento a favor era prestado.

Víctor Gómez Ayala

Víctor Gómez Ayala

Economista en jefe de Finamex Casa de Bolsa y Fundador de Daat Analytics

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