Colaborador Invitado

Comprar un hospital en México: una inversión atractiva… y profundamente compleja

En los últimos años, el sector salud se ha convertido en uno de los más atractivos para inversionistas, aseguradoras, fondos y grupos empresariales.

Socio del grupo de práctica Corporativo y Transaccional y Asociada Senior del Grupo de Industria de Salud y Ciencias de la Vida en Baker McKenzie México.

En México, comprar un hospital se ha convertido en una de las apuestas más atractivas —y menos entendidas— del mercado.

¿Estás pensando en adquirir un hospital? Esto es lo que debes de saber antes de tomar la decisión.

En los últimos años, el sector salud se ha convertido en uno de los más atractivos para inversionistas, aseguradoras, fondos y grupos empresariales.

El envejecimiento de la población, el aumento sostenido del gasto médico y la consolidación de servicios han colocado a los hospitales en el centro de estrategias de crecimiento.

En un entorno económico incierto, la salud parece una apuesta segura. Sin embargo, cuando se trata de fusiones y adquisiciones (M&A), comprar un hospital es radicalmente distinto a adquirir una empresa tradicional.

Aunque, a simple vista, estas operaciones pueden parecer similares —un precio, un contrato o un cierre—, en la práctica difieren profundamente en riesgos, tiempos y variables críticas.

La razón es sencilla: un hospital no es solo un negocio; es un activo altamente regulado y crítico cuyo objeto es prestar un servicio esencial para la sociedad.

A diferencia de una empresa industrial o comercial, en México un hospital opera bajo la supervisión constante de la autoridad sanitaria, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS).

Su funcionamiento depende de licencias, autorizaciones, inspecciones periódicas y del cumplimiento de normas técnicas (NOMs) diseñadas para proteger la salud y la vida de los pacientes.

En este contexto, el valor del hospital no se limita a sus ingresos o a sus instalaciones, sino a su capacidad de seguir operando sin interrupciones después de un cambio de dueño.

Este punto suele subestimarse en las transacciones, ya que, en una compraventa corporativa tradicional, muchos riesgos se gestionan mediante cláusulas contractuales, declaraciones y garantías, pero en el ámbito hospitalario existen riesgos que no necesariamente pueden trasladarse al vendedor, por más sofisticado que sea el contrato.

Uno de los elementos más sensibles es el historial de inspecciones, ya que no basta con que un hospital se encuentre actualmente en cumplimiento; importa si en los últimos años ha recibido visitas de la autoridad, que no se hayan cerrado formalmente, que sigan en proceso o que hayan dejado observaciones pendientes.

A esto se suma la responsabilidad médica, pues en el sector hospitalario, los reclamos por mala práctica pueden surgir mucho tiempo después de que ocurrió un procedimiento.

Un paciente atendido antes de una adquisición puede presentar una demanda cuando el hospital ya pertenece a otro grupo, lo que genera una exposición que no siempre fue evidente durante la debida diligencia.

Finalmente, el componente inmobiliario adquiere un peso particular. Cuando hablamos de hospitales, no se trata de un activo más, por el contrario, es parte integral de la operación y del cumplimiento regulatorio.

Todo esto explica por qué las fusiones y adquisiciones de hospitales no pueden analizarse únicamente desde una lógica financiera o corporativa.

Requieren una visión integral que considere regulación, operación, gestión de riesgos, responsabilidad médica, relaciones laborales e infraestructura.

Porque en el sector salud, el mayor riesgo no está en lo que se compra, sino en lo que puede dejar de funcionar.

COLUMNAS ANTERIORES

La nueva métrica del éxito universitario: de la matrícula a la empleabilidad
La inteligencia artificial también puede ser engañada

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.