Por América Ávalos de Fundación Coppel y Sindy González de Fundación FEMSA, copresidentas de la Red CCE por la Primera Infancia
En México, la conversación sobre lactancia materna ha avanzado en los últimos años, particularmente en el ámbito normativo y laboral. Hoy existe un marco legal que reconoce el derecho de las mujeres a amamantar y a contar con condiciones que faciliten la lactancia durante su jornada laboral, ya sea mediante espacios para la extracción y conservación de leche, horarios flexibles o esquemas de trabajo compatibles con el cuidado. Sin embargo, la realidad muestra que estas disposiciones, aunque valiosas, no son suficientes.
La lactancia materna enfrenta un desafío más profundo: recuperar su lugar como una responsabilidad compartida por la sociedad. Lo que históricamente fue una práctica acompañada, transmitida y sostenida por redes familiares y comunitarias, hoy ocurre con frecuencia en condiciones de aislamiento. Los cambios demográficos, urbanos, familiares y laborales de las últimas décadas han debilitado en muchos casos las redes de apoyo que la sostenían.
Las cifras lo evidencian: en México, sólo una tercera parte de los bebés menores de seis meses recibe lactancia materna exclusiva y las brechas son especialmente marcadas entre distintos grupos sociales. Lejos de ser únicamente una decisión individual o un efecto directo del regreso al trabajo, el abandono temprano de la lactancia responde a una combinación de factores que incluyen la falta de redes de apoyo, la desinformación, el estrés, las condiciones laborales y la influencia de entornos culturales que, en muchos casos, no la favorecen ni visibilizan.
En este contexto, es necesario replantear la manera en que se entiende y se promueve la lactancia materna, como garantizar su viabilidad dentro del espacio laboral y reconocer que su sostenibilidad depende de condiciones sociales propicias. La lactancia es un acto íntimo, es también una práctica social que requiere acompañamiento, legitimidad y condiciones colectivas para mantenerse.
Como parte de la Red CCE por la Primera Infancia, Fundación Coppel y Fundación FEMSA, impulsan una visión que busca trascender el cumplimiento normativo para contribuir a una transformación cultural. Las acciones que promueven las empresas, como la instalación de lactarios, la ampliación de permisos o la flexibilidad laboral, son fundamentales y adquieren un mayor sentido cuando se integran en una estrategia orientada a reconstruir entornos que acompañen la crianza durante los primeros años de vida.
Esto implica reconocer que los espacios de trabajo no son ajenos a la vida social, sino una extensión de ella. Las culturas organizacionales pueden contribuir activamente a normalizar la lactancia, a reducir los estigmas y a generar condiciones de corresponsabilidad que permitan a las mujeres sostenerla sin experimentar una tensión constante entre el cuidado y el desarrollo profesional.
De igual manera, es necesario recuperar la dimensión social de la lactancia, lo que supone fortalecer los vínculos comunitarios, ampliar el acceso a información, al acompañamiento especializado y generar condiciones para que las mujeres no enfrenten la maternidad en soledad. En este sentido, la lactancia se convierte en un indicador no solo de salud, sino también de cohesión social y de equidad.
La experiencia muestra que cuando existen redes de apoyo, ya sean familiares, comunitarias o institucionales, la probabilidad de una lactancia exitosa aumenta de manera significativa. Por el contrario, su ausencia incrementa el riesgo de abandono temprano, independientemente de la situación laboral. Este hallazgo refuerza la necesidad de abordar el tema desde un enfoque integral, que articule políticas públicas, prácticas empresariales y acciones comunitarias.
En Fundación Coppel y Fundación FEMSA, este enfoque se refleja en una labor de promoción e incidencia orientada a fortalecer una cultura de apoyo a la lactancia materna, donde el objetivo es contribuir a transformar las condiciones que lo producen.
La Red CCE por la Primera Infancia se inserta en esta lógica como un espacio de articulación que permite conectar esfuerzos empresariales con agendas más amplias de desarrollo social. A través de esta red, se promueve que las empresas implementen buenas prácticas al interior de sus organizaciones y que contribuyan a posicionar la lactancia como un tema estratégico para el bienestar de la primera infancia, la equidad de género y la competitividad empresarial.
El reto es que más mujeres puedan mantener la lactancia al regresar al trabajo y que cuenten con todas las condiciones que la faciliten en cada ambiente en el que se desenvuelven. Recuperar la lactancia como una práctica social implica reconocer que su éxito depende de familias, comunidades, empleadores y políticas públicas que compartan la responsabilidad del cuidado. Al generar entornos de apoyo, se promueve la salud infantil, fortalecemos a las familias, impulsamos espacios laborales más humanos y contribuimos a una sociedad equitativa para la primera infancia.