Colaborador Invitado

La empresa familiar mexicana: vender no es perder

Uno de los cambios más significativos es la incorporación de consejos de administración profesionalizados.

El mercado mexicano de fusiones y adquisiciones no se entiende sin considerar a la familia como factor clave: sus objetivos, tensiones y tiempos definen cada transacción. Detrás de cada empresa familiar hay una historia: un fundador que empezó con poco, una segunda generación que consolidó, una tercera que heredó el timón y, con él, la pregunta que muchas familias enfrentan hoy: ¿qué sigue?

Según el INEGI, las empresas familiares representan el 90% de las unidades de negocio en México y contribuyen con al menos el 85% del PIB. Y no se limita a pequeños negocios: los apellidos Servitje detrás de Bimbo, Zambrano en CEMEX, Garza Sada en Alfa, Garza Lagüera en FEMSA o Barragán en Arca Continental son familias que construyeron empresas globales. La empresa familiar no es solo la taquería de barrio; es la columna de la economía moderna mexicana.

Por mucho tiempo, vender era perder. Lastimaba el ego del fundador, sonaba a fracaso frente a la familia y la comunidad, o se interpretaba como señal de que el negocio iba mal o de que no había una generación capaz de continuarlo. Y, además, era difícil: no existía un mercado de liquidez desarrollado donde encontrar compradores serios y precios justos. Esa combinación — emocional, cultural y estructural — hacía casi impensable considerar una transacción como opción estratégica.

Eso está cambiando. Hoy, vender es una opción dentro de un abanico más amplio: la venta parcial para dar liquidez a socios que quieren salir, la asociación estratégica para escalar o cambiar de giro, la partición entre ramas familiares, o la monetización de un patrimonio. Y con el mercado crece su geografía: cada vez más empresas de Monterrey, Guadalajara, Puebla, Querétaro, Mérida, Hermosillo, Tampico y Tijuana participan, ampliando el ecosistema más allá de la Ciudad de México.

La institucionalización como punto de inflexión. Uno de los cambios más significativos es la incorporación de consejos de administración profesionalizados. Cuando una empresa invita a consejeros independientes, separa la propiedad de la gestión e implementa gobierno corporativo, deja de ser solo de la familia y empieza a ser también un activo — y los activos se pueden optimizar, vender, fusionar o transformar. Según KPMG, el 44% de las empresas familiares en México aún no cuentan con un Consejo formal, y solo el 13% tiene un plan de sucesión delineado.

La sucesión como detonador. El cambio generacional es hoy el principal detonador de fusiones y adquisiciones en el país. La primera generación funda con pasión, la segunda crece con disciplina y la tercera, según el dicho popular, muchas veces diluye — no porque los herederos sean menos capaces, sino porque gobernar entre múltiples ramas familiares con intereses divergentes puede paralizar las decisiones. Aquí las transacciones aparecen como solución: una venta da liquidez a quienes quieren salir, una venta parcial trae un socio con capital y gestión, una fusión crea escala para competir. Ninguna significa perder —significa elegir el mejor camino para la continuidad del legado.

Otro cambio profundo: durante décadas, las empresas mexicanas eran sobre todo vendedoras hacia compradores extranjeros —como en la venta del Grupo Ovniver, dueño de la marca Cemix, al francés Saint-Gobain por unos 815 millones de dólares. Pero hoy los mexicanos también compran: en 2025, Fernando Chico Pardo y su familia adquirieron el 25% de Banamex por unos 2,300 millones de dólares. Y empresas que nacieron como negocios familiares —Bimbo, CEMEX, FEMSA— son hoy adquirentes globales.

Cada vez más vender bien una empresa se entiende como inteligencia estratégica, no como rendición. A medida que el mercado se sofistica, surgen más alternativas. Falta camino por recorrer, pero la dirección es inequívoca: cada transacción visible normaliza la siguiente, y lo que antes era excepción empieza a volverse práctica.

Sergio García del Bosque

Sergio García del Bosque

Socio Director a cargo de Seale & Associates en México, banco de inversión con sede en Washington D.C. especializado en fusiones y adquisiciones.

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