CMO de Grupo Rotoplas.
Millones vivimos la pasión del futbol, y las marcas lo capitalizaron bien: bajo la inercia de un awareness masivo y un engagement orgánico sin precedentes, lanzaron campañas de marketing cultural para conectar con esa audiencia. La creatividad se premió, las campañas se viralizaron y las marcas lograron justo lo que buscaban: atención.
Pero toda esa viralización debería llevarnos a hacernos una pregunta incómoda: ¿y después qué? El reto ya no es solo ganar el trending topic, sino aprovechar que todos, marcas, medios, audiencias estamos volteando hacia el mismo lugar, para jugar en cancha noble.
Durante mucho tiempo, el marketing alrededor de los grandes eventos se enfocó en visibilidad, patrocinios y alcance: métricas de exposición. Esas métricas siguen importando, y seguirán importando.
Pero hoy conviven con una expectativa adicional: que las marcas también encuentren la forma de contribuir a los retos que afectan a las comunidades donde operan.
No se trata de elegir entre creatividad y propósito, sino de usar la primera para amplificar el segundo.
El contexto deportivo, con su capacidad única de movilizar emociones colectivas, ofrece a las marcas una plataforma extraordinaria para conectar con causas reales.
En la Ciudad de México, esa oportunidad convive con una urgencia concreta.
La capital registró, de acuerdo con datos de la Secretaría de Gestión Integral del Agua, una temporada de lluvias con precipitaciones superiores al promedio histórico y, sin embargo, numerosos espacios públicos enfrentan problemas de abastecimiento de agua. La paradoja es evidente: llueve más que nunca y, al mismo tiempo, el agua sigue faltando.
Entre los espacios afectados también están los deportivos que reciben diariamente a miles de personas y que, cuando el suministro falla, deben destinar recursos extraordinarios a la compra de agua mediante pipas solo para poder mantener sus servicios en operación.
Ese es, precisamente, el tipo de problema que el marketing puede ayudar a resolver cuando decide jugar en cancha noble. No hablamos de un insight de campaña; hablamos de una oportunidad real de mejorar las condiciones de vida de una comunidad.
Como compañía que vive todos los días la administración del agua, en Rotoplas conocemos de cerca esa paradoja. Ese principio inspiró Rotogotas por el Gol, una iniciativa de Rotoplas que permitirá instalar siete sistemas de captación de agua de lluvia en deportivos públicos de siete alcaldías de la CDMX, con un beneficio potencial para más de 30 mil personas.
No buscamos sumarnos al ruido del Mundial: buscamos traducir ese interés colectivo en soluciones hídricas que mejoren de forma tangible la vida de las personas, mucho después de que el balón deje de rodar.
Los grandes eventos deportivos han demostrado su capacidad de impulsar legados reales: proyectos de movilidad, recuperación de espacios públicos e infraestructura que siguen operando años después del pitazo final.
El mayor desafío para el marketing de hoy ya no es elegir entre creatividad e impacto, sino demostrar que ambos pueden ganarse en la misma cancha, resolviendo uno de los retos más urgentes de nuestro tiempo: garantizar que el agua, como el futbol, llegue a todos.