Hace un par de años tuve la fortuna de conocer a Manuel, un ingeniero que con empeño, empuje y algo de terquedad ha demostrado que la economía circular puede ser rentable, pero no por el simple hecho de reciclar.
Cuando visité su empresa, JM Reciclados me encontré con problemas de rotación similares a los de muchas compañías de la región, pero con algunos agravantes. Sus instalaciones se encuentran en la periferia de la ciudad y el trabajo es físicamente demandante.
No tardé en comprobar que la rotación era realmente un síntoma a un problema mayor. Las juntas del equipo gerencial tenían más dinámica de pleito que de coordinación. Todos hablaban, aunque no necesariamente para resolver.
La comunicación del equipo estaba plagada de ambigüedades y el mismo crecimiento de la empresa les traía cada día retos aun mayores. Paradójicamente Manuel se había desarrollado precisamente enfrentando dificultades.
Había empezado su negocio en el 2005, literalmente a la sombra de un huizache, uno de esos árboles que siempre dan sombra en el clima bipolar de Nuevo León. Recién egresado de ingeniería, se encontraba desempleado, pero no sin quehacer. Manuel, como el resto de sus hermanos, había aprendido que el no tener empleo no es permiso de quedarse inmóvil. Así que se iba con su madre a ayudarle en el puesto que tenían en un mercado.
Uno de los proveedores del mercado le comentó que estaba buscando quien le vendiera tarimas de segunda mano y Manuel vio una oportunidad. Consiguió herramientas prestadas, un compresor en una casa de empeño y consiguió algunas tarimas dañadas. Y debajo de aquel huizache comenzó a repararlas.
Dos años después obtuvo un convenio con SIMEPRODE para rescatar, entre los desechos, tarimas y madera que podían convertirse en materia prima. Para entonces ya tenía un cliente industrial que solicitaba una cantidad constante de producto.
Para el tercer año consiguieron su primer camión. No era nuevo y no lo pagó de contado, pero le permitió ver a Manuel un futuro muy distinto a lo que decían los números de su negocio. El dinero entraba y desaparecía entre nóminas, combustible, reparaciones y gastos operativos. Más de una docena de personas le recomendaron cerrar y buscar un empleo seguro. Manuel reconoce que estuvo a punto de tirar la toalla más de cien veces. Sin embargo, cada vez que veía un huizache encontraba razones para continuar.
La transformación llegó en 2011, cuando entendió que su negocio no estaba en regatear centavos por una tarima usada, sino en resolverle un problema al cliente. No fue iluminación divina. Fue una exigencia de The Home Depot.
Para conservarlo como proveedor, la empresa le pidió formalizar su organización y profesionalizar el servicio. Manuel constituyó la sociedad, ordenó la operación y supo que había que desarrollar capacidades que iban mucho más allá de reparar madera.
Con el paso del tiempo llegaron nuevos clientes, que permitieron un crecimiento orgánico que trajo más personal, más camiones, pero también más problemas. Tantos que en el 2024 Manuel aceptó que ya no podía solo y fue cuando contactó al Centro de Competitividad de Monterrey.
Y desde hace dos años iniciamos una reestructuración interna, primero en las dinámicas de comunicación interna. Las juntas dejaron de enfocarse únicamente en quién había provocado el problema y comenzaron a concentrarse en qué debía hacerse, quién era responsable y cómo se verificaría el avance.
Además se ha preparado al equipo en metodologías de manufactura como el desarrollo de instructores que modificó la forma de preparar al personal nuevo. Antes, quien ingresaba podía sentir que lo aventaban al ruedo con algunas instrucciones y la esperanza de que aprendiera rápido. Hoy existe una preparación estructurada para facilitar que pueda realizar correctamente su trabajo desde el primer día.
Y por supuesto se implementó de forma transversal el método de las 5S para que el orden y la limpieza sean parte de la misma operación, lo que transformó por completo el ambiente laboral.
En estos días platiqué con Manuel, y recordó con nostalgia el primer camión que sacaron de agencia, cómo ha aprendido de sus errores. Hoy sabe que su responsabilidad va mucho más allá de reciclar tarimas.
En esa charla hablamos de que hoy el reto es construir una organización que brinde claridad para que la gente no tenga que adivinar; tiene que reforzar la seguridad y la dignidad que da el trabajo duro. Y sobre todo crear oportunidades para que una persona pueda salir de la empresa siendo más capaz de lo que era cuando entró.
Manuel comenzó rescatando madera que otros consideraban desperdicio. Hoy su reto es evitar que el talento, el esfuerzo y la confianza de las personas también terminen desperdiciados.
La economía circular recupera materiales. Los verdaderos empresarios recuperan posibilidades.
