Hay un dato que sorprende a quien lo aprende de adulto: el norte que señala una brújula no es fijo. El polo norte magnético deriva desde hace décadas de Canadá hacia Siberia, y en años recientes lo hizo a un ritmo que obligó a actualizar los mapas de navegación antes de lo programado. Por eso toda carta náutica incluye una corrección que caduca, la declinación. La brújula no miente; simplemente apunta a una referencia que se mueve. Navegar bien nunca consistió en confiar ciegamente en la aguja, sino en saber cuánto y cómo corregirla.
Vale la pena la metáfora porque la política monetaria construyó su propia brújula. La tasa neutral —r*, como se le conoce teóricamente— es el nivel real de la tasa de interés consistente con una economía operando en su potencial y con inflación estable: cuando la tasa de referencia se ubica por encima de ella la política monetaria restringe, y por debajo estimula. El problema es que no aparece en ninguna base de datos; hay que inferirla. El Banco de México la ha incorporado explícitamente a su comunicación publicando un rango en lugar de un punto: de 1.7–3.3% en 2016, con punto medio de 2.5%, al actual 1.8–3.6%, con centro en 2.7%. El intervalo no se ha estrechado con el tiempo; se ha ampliado.
Ese detalle importa porque el ciclo de relajamiento recién concluido llevó la tasa real ex ante justo a la parte media de esa referencia. De acuerdo con estimaciones de Finamex, a inicios de 2024, con una tasa real ex ante cercana a 7.4%, la política era restrictiva con una probabilidad próxima a 99%. Tras 475 puntos base de recortes, la tasa real ronda 2.7% y esa probabilidad ha caído a alrededor de 50%. La postura dejó de ser inequívocamente restrictiva: hoy es, casi literalmente, un volado saber si aún lo es.
Conviene distinguir dos fuentes de esa incertidumbre. La primera es de medición, ya que la tasa neutral debe estimarse con modelos, y esos modelos arrojan bandas amplias que se revisan con cada dato nuevo. Orphanides y Williams advirtieron desde 2002 que un banco central que se equivoca de manera persistente sobre r*, traslada ese error mecánicamente a su tasa de política, y propusieron reglas que no dependen de conocerla con precisión. Su lección llegó antes de que existiera siquiera una estimación canónica de la cual desconfiar.
La segunda fuente es más profunda: la referencia misma se desplaza. La demografía, el apetito global por activos seguros y, cada vez más, el volumen de deuda pública que los gobiernos deciden emitir mueven el equilibrio. Campos, Fernández-Villaverde, Nuño y Paz estiman que un aumento de diez puntos del PIB en la deuda pública eleva r* entre 16 y 31 puntos base. La neutralidad monetaria dejó de ser un fenómeno exclusivamente monetario y hoy es también un resultado fiscal.
Para México, la anatomía de su propio norte es reveladora. Con un crecimiento potencial cercano a 2%, la tendencia explica apenas 1.3 puntos porcentuales del punto medio de 2.7%; el resto refleja riesgo país, la oferta doméstica de activos seguros, la integración financiera y el ancla de las tasas reales globales. Y las estimaciones independientes son aún menos concluyentes que las oficiales. Castillo y coautores ubican la referencia en 2.7%, pero dentro de un intervalo de 1.4 a 5.2%. Mientras existe cierto consenso sobre el rumbo general; no lo hay sobre la declinación exacta.
La frontera metodológica ha respondido no eliminando la incertidumbre, sino incorporándola en la estrategia de estimación. Zaman propone determinar la tasa neutral junto con las demás variables de equilibrio de la economía y expresar la postura monetaria como una probabilidad, la de que la tasa observada exceda a la neutral, en lugar de una distancia frente a un punto único. El cambio parece semántico y no lo es, de modo que cuando la incertidumbre se mide en puntos porcentuales completos, comunicar en probabilidades transmite sustancialmente más información que fingir precisión.
De ahí se sigue la implicación práctica para el sesgo de relajación de Banxico: no existe una respuesta única sobre cuánto espacio queda para recortar si se deseara iniciar un nuevo ciclo de recortes, porque no existe un valor único de r*. Si la tasa neutral verdadera está cerca del piso del rango, la política sigue siendo moderadamente restrictiva y recortar es consistente con la meta; si está cerca del techo, la postura podría ser ya acomodaticia y cada recorte adicional trabajaría contra la convergencia. Quien opere asumiendo un punto está, en realidad, apostando a una ubicación dentro del rango que los datos todavía no pueden zanjar. Lo relevante hacia delante no es la próxima publicación del rango, sino cómo se mueve el balance de riesgos a su alrededor: más deslizamiento fiscal lo empuja hacia arriba; menos apetito extranjero por activos mexicanos lo ensancha.
La lección de la literatura no es que la tasa neutral haya perdido utilidad, sino que su mayor aporte ya no está en fijar el destino con exactitud. Los navegantes no tiraron la brújula cuando descubrieron que el polo derivaba, más bien aprendieron a actualizar las cartas y a corregir el rumbo sobre la marcha. Para Banxico, el desafío es análogo. No se trata de encontrar un norte que no se mueve, sino de gobernar el timón sabiendo, y comunicando, que incluso el norte magnético está en tránsito.
