Durante muchos años las personas morales mexicanas que pagaron su ISR en el régimen general vivieron una realidad distinta. Los pagos entre clientes y proveedores eran más puntuales y, en muchos casos, la palabra bastaba para cumplir un compromiso.
Hoy el panorama ha cambiado. Los plazos de pago son cada vez más largos, existen cuentas que tardan meses en cobrarse y muchas empresas tienen que financiar su operación mientras esperan recibir el dinero de sus ventas.
Sin embargo, el sistema del Impuesto sobre la Renta prácticamente sigue funcionando bajo la misma lógica de hace varias décadas: en muchos casos obliga a pagar ISR sobre ingresos que aún no han sido cobrados (Régimen General de Personas Morales).
Esto nos lleva a una pregunta muy sencilla: ¿es justo pagar ISR por dinero que todavía no ha entrado a la empresa?
Ya existe un caso de éxito
México ya vivió una experiencia similar con el IVA.
Hasta el año 2002 este impuesto se pagaba desde que se emitía la factura, aunque el cliente todavía no hubiera pagado. A partir de 2003 eso cambió. Hoy el IVA se paga cuando el dinero realmente se cobra. Los resultados fueron positivos, el sistema se volvió más justo, mejoró la recaudación y facilitó el cumplimiento de las obligaciones fiscales.
Si este modelo ha funcionado para el IVA, vale la pena preguntarnos si también podría aplicarse al ISR de las personas morales del régimen general.
Pagar impuestos cuando realmente existe el dinero
Toda empresa necesita flujo de efectivo para operar, con ese dinero paga sueldos, proveedores, renta, impuestos e invierte para seguir creciendo.
El problema surge cuando la persona moral del régimen general debe pagar ISR por ventas que todavía no ha cobrado. Eso obliga a muchas organizaciones a utilizar créditos bancarios o recursos destinados a su operación únicamente para cumplir con el pago de impuestos; por otro lado, se beneficia a otras que hacen deducible una factura que no han pagado.
Con un esquema de flujo de efectivo esto cambiaría (como funciona actualmente, el IVA, el IEPS y el ISR en personas físicas y algunas morales con regímenes especiales).
La empresa pagaría el impuesto cuando realmente hubiera recibido el dinero de sus clientes, lo que fortalecería su liquidez y reduciría la necesidad de endeudarse. Claro que para que lo anterior funcione y sea justo es necesario que los clientes deduzcan la compra o gastos hasta que haya sido pagada la factura, lo cual fomenta la necesidad de pagar la misma y la circulación del dinero en la economía.
Más inversión y mayor crecimiento
Quizá el beneficio más importante de este sistema sería la certeza que brindaría a quienes invierten.
Todo inversionista sabe que existen riesgos propios del mercado. Lo que no debería existir es la incertidumbre de tener que pagar impuestos antes de recuperar su inversión o antes de cobrar sus ventas.
Saber que el impuesto se pagará únicamente sobre ingresos efectivamente recibidos genera confianza para emprender nuevos proyectos, ampliar instalaciones, contratar personal o abrir nuevas líneas de negocio.
En otras palabras, el flujo de efectivo no solo mejora la situación financiera de las empresas; también crea un ambiente más favorable para la inversión y el crecimiento económico.
También impulsa el pago a proveedores
Existe otro beneficio poco comentado; si las deducciones dependieran del pago efectivo, las grandes empresas tendrían un incentivo para pagar más rápido a sus proveedores.
Esto ayudaría especialmente a las pequeñas y medianas empresas, que con frecuencia enfrentan problemas de liquidez por los largos plazos de cobranza.
Cuando el dinero circula con mayor rapidez, toda la economía se beneficia.
La autoridad también gana
Hoy la autoridad cuenta con herramientas tecnológicas que hace algunos años no existían.
Los CFDI y los complementos de pago permiten conocer con precisión cuándo una operación fue efectivamente cobrada; incluso de podría estudiar la conveniencia de la emisión de un solo CFDI al pago.
Por ello, revisar el correcto pago de los impuestos podría ser incluso más sencillo y eficiente.
¿Qué beneficios tendría este cambio?
Entre las principales ventajas destacan:
- Pagar impuestos únicamente sobre ingresos efectivamente cobrados.
- Mayor liquidez para las empresas.
- Reducción del impacto de las cuentas incobrables.
- Mayor facilidad para calcular el ISR.
- Menos errores en el cumplimiento de las obligaciones fiscales.
- Mayor rapidez en el pago a proveedores.
- Más confianza para invertir y hacer crecer los negocios.
- Una economía con mayor movimiento de recursos.
- Mayor recaudación.
Reflexión final
México cuenta hoy con un sistema de fiscalización moderno, basado en información electrónica y comprobantes digitales. Gracias a ello, existen las condiciones para evolucionar hacia un modelo de tributación más acorde con la realidad económica de las empresas.
Tributar con base en el flujo de efectivo no significa pagar menos impuestos. Significa pagarlos cuando realmente existe la capacidad económica para hacerlo y por ende se evita la evasión.
Una reforma de esta naturaleza daría mayor certidumbre a los inversionistas, fortalecería la liquidez de las empresas, impulsaría el pago oportuno entre clientes y proveedores y favorecería la creación de nuevos proyectos productivos.
En un momento en el que México busca atraer inversiones, un sistema fiscal que otorgue mayor certeza y premie la inversión puede convertirse en una ventaja competitiva para el país.
Al final, una empresa que invierte, crece y genera empleos también fortalece la recaudación. Por ello, un régimen general de tributación con base en flujo de efectivo no solo beneficiaría a los contribuyentes; contribuiría al desarrollo económico de México. #OpinionCoparmex