Colaborador Invitado

La logística urbana también “juega” bajo presión

En logística urbana, el verdadero reto no es saber cuántos kilómetros hay entre un punto A y un punto B, sino cuánto control operativo se tiene sobre todo lo que puede pasar entre ambos.

Un torneo de futbol global no empieza cuando rueda el balón ni termina cuando se apagan las luces del estadio. Para una ciudad, empieza mucho antes y se mide durante la operación real: cuando las rutas cambian, los cierres viales se vuelven parte del día a día, las ventanas de entrega se ajustan y la operación cotidiana debe convivir con una demanda extraordinaria.

Eso es precisamente lo que México está viviendo con el torneo de futbol más importante del mundo. La conversación pública se ha concentrado, con razón, en turismo, hoteles, restaurantes, estadios y derrama económica. Pero hay una dimensión menos visible y mucho más estructural: qué tan capaz es la logística y la última milla de nuestras ciudades de seguir funcionando cuando millones de personas, mercancías, proveedores, visitantes y negocios compiten por el mismo espacio urbano.

La respuesta no está solamente en construir más infraestructura ni en calcular distancias. En logística urbana, el verdadero reto no es saber cuántos kilómetros hay entre un punto A y un punto B, sino cuánto control operativo se tiene sobre todo lo que puede pasar entre ambos.

Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey no llegaron a este reto desde cero. Son centros económicos, comerciales y logísticos clave para el país, pero también son ciudades con una presión vial permanente. De acuerdo con el TomTom Traffic Index 2025, las tres aparecen como las urbes mexicanas con mayor congestión: en Ciudad de México se pierden 184 horas al año en hora pico; en Guadalajara, 126; y en Monterrey, 89. Esa información confirma algo que quienes operamos todos los días en logística conocemos bien: la congestión no es una excepción, es una condición base de operación.

Por eso, el certamen en curso no debe leerse únicamente como un “pico de tráfico”. Está funcionando como una prueba de estrés para la logística urbana. Los partidos, los traslados de aficionados, las zonas de convivencia, los cierres, los cambios de horarios laborales, la seguridad, el clima y la actividad comercial han añadido una capa de complejidad sobre ciudades que ya operaban al límite.

A esto se suma otro fenómeno: el consumidor no reduce sus expectativas durante un evento global. Al contrario, las mantiene. Quiere recibir a tiempo, rastrear su envío, cambiar una dirección, resolver una urgencia o comprar en línea sin que el contexto de la ciudad se convierta en una excusa. Y el comercio electrónico ya no es un canal marginal: de acuerdo con la , más de 67 millones de personas en México compraron algún producto o servicio por Internet en el último año. Cada una de esas compras implica una promesa logística que alguien debe cumplir.

Ahí está el punto central: la logística moderna no puede operar solamente con rutas; tiene que operar con inteligencia contextual. No basta con mover paquetes. Hay que leer la ciudad.

Leer la ciudad significa identificar zonas de saturación, entender horarios de mayor fricción, ajustar capacidades por colonia, diversificar puntos de entrega, comunicar con claridad al cliente y tomar decisiones rápidas cuando una ruta deja de ser viable. También significa reconocer que no todas las entregas tienen el mismo nivel de urgencia ni el mismo impacto: no es lo mismo entregar un producto de consumo que mover documentos críticos, insumos para una Pyme, refacciones, materiales promocionales o mercancía que sostiene la operación diaria de un negocio.

Desde mi perspectiva, una de las principales lecciones de este evento deportivo es que la resiliencia logística no se improvisa durante la presión. Se construye antes, pero se demuestra en momentos como este: con procesos, tecnología, talento operativo, redes flexibles y capacidad de coordinación local.

En un país donde los servicios de mensajería y paquetería suman miles de unidades económicas y donde las principales ciudades concentran una parte relevante de la actividad comercial, la logística debe entenderse como infraestructura productiva. No siempre se ve, pero cuando falla, todo lo demás se detiene.

Por eso, el verdadero desafío no es sólo entregar durante un torneo global. El desafío es aprender de lo que ya está ocurriendo para operar mejor después. Porque los grandes eventos son temporales, pero la presión sobre las ciudades no lo es. El crecimiento del comercio electrónico, la densidad urbana, la movilidad impredecible y las expectativas de entregas rápidas seguirán ahí cuando termine el último partido.

En logística, ganar no significa llegar primero una vez. Significa construir la capacidad de cumplir, incluso cuando la ciudad “juega” bajo presión.

llan Epelbaum

llan Epelbaum

Director general de Mail Boxes Etc. México

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