Colaborador Invitado

La mayoría de las OPI fracasan y las nuevas no serán la excepción

No conviene dejarse llevar por el entusiasmo porque la historia nos enseña que comprar una oferta pública inicial (OPI) trae más decepción que alegría.

Las noticias sobre la salida a bolsa de algunas de las empresas del momento, como SpaceX, OpenAI, Anthropic, Databricks y Anduril, están despertando una gran expectación entre los inversionistas. Muchos de ellos creen que les permitirán hacerse ricos de la noche a la mañana.

Sin embargo, no conviene dejarse llevar por el entusiasmo porque la historia nos enseña que comprar una oferta pública inicial (OPI) trae más decepción que alegría.

Dejando a un lado lo sucedido con Sinda, la euforia reinante no tiene mucho que ver con México. Los estrenos bursátiles seguidos con más atención son, sobre todo, de empresas de EU, tecnológicas y vinculadas a la inteligencia artificial (IA). Desde luego, el momento elegido no es una coincidencia, ya que el optimismo respecto a la tecnología y la IA lleva muchos meses en auge, y los fundadores y primeros inversionistas de estas empresas quieren obtener las máximas ganancias posibles cuando se vuelven públicas. Saben perfectamente que el entusiasmo impulsa los precios.

Es así como se genera la tensión entre los fundadores, que quieren vender caro, y los compradores, interesados en comprar barato. Pero ¿quién sabrá más sobre el verdadero valor de la empresa? Si a esto le sumamos las campañas comerciales de los bancos de inversión, el resultado es lo que llevo años defendiendo: las salidas a bolsa suelen estar sobrevaloradas.

Es cierto que algunas OPI no tardan en repuntar, pero lo habitual es que tropiecen. En 2025, la salida a bolsa de Fibra Next en julio (la OPI más importante de los últimos siete años en México) solo ha generado rentabilidades irregulares y negativas. Por su parte, Grupo Nutrisa ha caído hasta un 31% desde su estreno en septiembre de ese año. Y así podríamos seguir destacando casos.

Para adoptar una perspectiva más a largo plazo, analicemos la renta variable estadounidense (en dólares). Desde 1990, los resultados del 52% de las nuevas empresas en bolsa han quedado por detrás del S&P 500 en su primer mes, siendo la mediana de -0.3 puntos porcentuales. A los tres meses, la cifra aumenta al 60% y la mediana a -5 puntos. Seis meses después, el 63% de ellas han quedado rezagadas, con una mediana de -11 puntos. Si analizamos la evolución a uno y dos años vista, el porcentaje se acerca al 70% y las medianas son de -20 y -35 puntos, respectivamente. No es un panorama demasiado alentador.

En el mercado de valores, el tiempo juega a nuestro favor. Pero esto es distinto en el caso de las OPI, puesto que del 48% que ha superado al índice en su primer mes, el 56% de las empresas quedaron rezagadas al cabo de un año. ¿Está ilusionado con el brillante porvenir que les espera a las compañías de moda? Estupendo, pero no es probable que ese futuro vaya a llegar en los próximos 3 a 30 meses, el plazo que anticipan las cotizaciones. Seguramente, cuando pase todo el revuelo de las OPI aparezcan mejores puntos de entrada al mercado.

Para algunos inversionistas, el prestigio de las marcas es lo que diferencia a estas salidas a bolsa. No tiene por qué ser así, tal y como demuestra el fallido debut de Facebook en 2012 o el aún más decepcionante de Uber en 2019. Plantéese si sabe algo que los demás ignoran. ¿Se le ocurre algo?

Podría tener suerte y que una de estas empresas se ponga por las nubes. ¿Cuándo la venderá? Por lo general, los más beneficiados son aquellos que contaban con acciones antes de que estas empezaran a cotizar. Pagan el precio de la emisión, pero a menudo no pueden desprenderse rápido de los títulos por estar sujetos a un período mínimo de inversión.

Además, para afrontar estas megaOPI, antes se vendieron acciones al margen del mercado a instituciones, proveedores de ETF y otros inversionistas privados. Es probable que muchos estén deseando vender, así que podrían provocar un efecto en cadena.

Incluso los escenarios más halagüeños podrían fomentar un exceso de confianza. Si las acciones que ha comprado en una OPI se disparan, se sentirá estupendamente. Esta inyección de moral le llevará a invertir en otras OPI y, con ello, aumentará la probabilidad de que su rentabilidad se resienta.

Por otra parte, no es probable que consiga muchas acciones en una OPI con tanta demanda. Y, si lo hace, el riesgo de sobreconcentración podría ser considerable. Al final, la paciencia y la disciplina son las claves de la inversión. Se trata de avanzar poco a poco, no de encontrar un atajo hacia la riqueza.

Como advertencia final, aunque aún no nos encontramos en una fase de euforia generalizada, las expectativas en torno a todo lo relacionado con la IA, Estados Unidos y la tecnología son desmesuradas. De ahí que haya tantas empresas deseando salir a bolsa. Pero el optimismo exacerbado no puede dar paso a muchas sorpresas positivas, y ello beneficia a las empresas que ni son tecnológicas ni estadounidenses.

No lo olvide, tanto entusiasmo por las OPI es contraproducente.

Ken Fisher

Ken Fisher

Fundador, presidente ejecutivo y codirector de inversiones de Fisher Investments

COLUMNAS ANTERIORES

Yo que te vi caer
Trabajo conjunto fortalece a la Frontera Chica

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.