Colaborador Invitado

SAR y Afores: 29 años entre sostenibilidad y suficiencia

Su éxito definitivo no está garantizado sólo por la arquitectura institucional: dependerá cada vez más de la cultura financiera de los trabajadores, de la capacidad de ahorrar-

Este 1 de julio se cumple el 29 aniversario de la entrada en vigor del régimen de pensiones de la Ley del IMSS de 1997, una reforma que cambió de raíz la lógica del retiro en México. Su nacimiento no puede entenderse sin el antecedente del SAR de 1992, que ya había abierto el camino al ahorro obligatorio para el retiro y permitió empezar a construir una base de ahorro interno de largo plazo. Pero fue en 1997 cuando ese esquema se consolidó al trasladar las aportaciones de retiro, cesantía en edad avanzada y vejez a un sistema de cuentas individuales administradas por las Afores, con inversiones canalizadas a través de las Siefores, de acuerdo con el horizonte de retiro de los trabajadores.

En su lado positivo, la reforma de 1997 le dio viabilidad financiera al sistema de pensiones del IMSS. Frente a un modelo de reparto que presionaba crecientemente las finanzas públicas, el nuevo esquema trasladó el eje del financiamiento hacia el ahorro individual, reduciendo la creación de pasivos laborales futuros para las generaciones más jóvenes. En otras palabras, la cuenta individual hizo más transparente el derecho pensionario de cada trabajador y evitó que el costo del retiro recayera de forma desproporcionada sobre quienes aún no llegaban a la jubilación. La excepción, naturalmente, está en la pensión mínima garantizada, que sigue apoyándose con recursos fiscales.

Otro mérito del sistema es que, desde el punto de vista financiero, alineó el tipo de inversión con el horizonte del ahorro. Las Siefores permiten que los recursos de largo plazo se inviertan con una lógica coherente con el retiro, algo difícil de lograr bajo un esquema tradicional de reparto. A ello se suma una ventaja fundamental: hoy cada trabajador puede ver con mucha más claridad el saldo acumulado en su cuenta individual, sus rendimientos y sus aportaciones, lo que fortalece la noción de propiedad del ahorro y facilita la planeación patrimonial. La cuenta individual, además, es heredable, lo que refuerza su carácter de patrimonio familiar y no sólo de promesa pensionaria.

El sistema también ha evolucionado. La reforma de 2020 elevó gradualmente las aportaciones obligatorias, que pasarán de 6.5% a 15% del salario base de cotización, con un calendario que comenzó en 2023 y concluirá en 2030. Ese ajuste fue indispensable porque el diseño original de 1997, aunque viable financieramente, resultó insuficiente para generar pensiones de reemplazo razonables para una parte importante de los trabajadores. En ese sentido, la reforma reciente corrigió una de las principales debilidades del modelo: la insuficiencia del ahorro obligatorio.

Sin embargo, el sistema también tiene sombras. La primera fue el costo de administración, particularmente en los años iniciales, cuando las comisiones de las administradoras consumían una parte relevante del ahorro acumulado. Aunque el marco regulatorio ha evolucionado y hoy existe una mayor disciplina en materia de comisiones, es innegable que durante mucho tiempo el costo de intermediación restó eficiencia al esquema. La segunda debilidad fue que el diseño original no incorporó desde el inicio una aportación más alta, lo que provocó que las primeras generaciones bajo la Ley de 1997 se acercaran al retiro con montos insuficientes para aspirar a una pensión realmente adecuada.

A ello se suma una realidad que no conviene maquillar: la pensión esperada bajo el régimen de cuentas individuales suele ser menor que la que ofrecía la Ley de 1973. Por eso, para los cotizantes del sistema de Afores, el ahorro obligatorio no basta por sí solo; requiere complementarse con ahorro voluntario, disciplina financiera y mayor cultura previsional. Si la cuenta individual es el piso, el retiro digno dependerá también de la capacidad de cada persona para construir patrimonio de largo plazo con instrumentos complementarios y decisiones más informadas.

En resumen, el SAR y las Afores representan un esquema con mucha mayor viabilidad financiera que el sistema previo, y eso no es un logro menor. No compromete de la misma forma las finanzas públicas de las generaciones futuras y dio orden, transparencia y propiedad al ahorro para el retiro. Pero su éxito definitivo no está garantizado sólo por la arquitectura institucional: dependerá cada vez más de la cultura financiera de los trabajadores, de la capacidad de ahorrar más allá de la aportación obligatoria y de tomar decisiones laborales con una visión de largo plazo. Entender cómo y dónde se construye el patrimonio previsional será tan relevante como el propio esfuerzo de ahorro en sí mismo.

Jorge Alarcón

Jorge Alarcón

Líder de Retiro de WTW México

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