La tecnología acelera. La rutina sostiene.
En semanas recientes, los foros financieros han seguido con atención los rumores sobre la salida a bolsa de OpenAI y Anthropic. Dos empresas que simbolizan la promesa de la inteligencia artificial (IA) y que, según sus valuaciones, representan una de las apuestas más grandes de la economía digital.
El sector financiero tiene razones obvias para seguirlo de cerca. Pero hay otro ángulo que se discute menos: qué significa esto para la manufactura nacional.
La respuesta corta es que, por ahora, poco.
No porque la IA no vaya a llegar a las plantas. Va a llegar. Sino porque las empresas que hoy están ganando en manufactura no lo están haciendo con tecnología de vanguardia. Lo están haciendo con prácticas que tienen décadas de existir, bien ejecutadas.
En los últimos 18 meses he estado involucrado en varios proyectos con empresas relacionadas con esta industria. Ahí aparecen nombres como Vertiv, proveedor global de infraestructura digital crítica con una operación importante en Monterrey, o Schneider Electric, cuya planta Monterrey 1 fue reconocida por el World Economic Forum como Advanced Lighthouse. Que es la distinción más alta que otorga el Foro a fábricas que integran tecnología avanzada con impacto demostrable en productividad y sostenibilidad. Ambas compañías tienen algo en común: no son empresas que vivan de hablar del futuro, sino que lo fabrican, lo prueban, lo entregan y lo sostienen todos los días.
Obviamente no todas las empresas son tan grandes, pero las que están relacionadas con los centros de datos están presentando un crecimiento acelerado. Un par de estos proyectos han sido con Pymes a las que este crecimiento trajo retos que antes no les afectaban. Retos que también hacen que las grandes empresas se replanteen cómo abordar temas como rotación de personal, desarrollo de talento o digitalización de procesos.
Y en los diferentes casos, independientemente del tamaño de la empresa, se puede identificar el mismo patrón que estas organizaciones están tomando.
Primero, le están quitando el maquillaje a sus reportes y están haciendo preguntas diferentes, para que la información no se quede dispersa. Se transforma en decisiones. Y no solo operativas, sino de formación de talento y de cómo están manejando la cultura en su empresa.
También están dejando de buscar culpables, pero sobre todo, dejaron de buscar superhéroes fuera de su empresa. Ya no siguen con las contrataciones externas de perfil alto, soluciones importadas. Ese ciclo se interrumpió. El enfoque cambió hacia el desarrollo del personal que ya está dentro. Menos glamoroso, más efectivo.
Y una de las acciones menos rimbombantes, pero de mayor impacto, son las rutinas diarias donde se involucra al personal operativo para aprender rápido sobre los problemas y resolverlos desde la raíz.
No son rutinas nuevas; de hecho, son adaptaciones de prácticas militares, solo que en lugar de soldados que no cuestionan órdenes, son operadores que hacen visibles los problemas para solucionarlos en el menor tiempo posible.
La dinámica es una junta de 15 minutos de los operadores con el líder de área. Se revisa el plan, se identifican desviaciones. Si hay algún problema que no se pueda resolver a ese nivel, el líder lo escala en la siguiente reunión donde están los líderes de línea con su supervisor. Más tarde se realiza la junta del gerente con los supervisores y el encuentro final es el de los gerentes con la dirección de operaciones.
Para antes de las once de la mañana, toda la operación tiene claridad. Los problemas se resuelven donde deben resolverse, sin crear burocracia hacia arriba ni saturar a la dirección con decenas de reportes y mucho menos llevando una administración forense. Sino permitiendo la toma de decisiones en el momento de la misma operación.
Mientras los mercados financieros globales se desviven por valuar el futuro de la IA, el verdadero motor de la manufactura mexicana se aceita todos los días con herramientas más prácticas. La tecnología de vanguardia eventualmente llegará a democratizarse, pero no salvará a las empresas que no sepan comunicarse. Al final del día, la tecnología será el acelerador del futuro, pero la disciplina sigue siendo el motor del presente.
