En México, las pequeñas y medianas empresas (Pymes) no son solo categorías para medir el tamaño de un negocio, son el tejido que sostiene la estabilidad social y económica del país. Representan más del 90% de las unidades económicas, generan el 70% del empleo formal y aportan más del 50% del Producto Interno Bruto (PIB)¹. Sin embargo, detrás de estas cifras de fortaleza se esconde una fragilidad estructural alarmante: el 80% de estas empresas fracasan antes de cumplir sus primeros dos años de vida, principalmente por una razón: la falta de capital y financiamiento para crecer y aguantar cualquier tipo de turbulencia financiera.
“La comparación con Brasil lo hace evidente: siendo una economía apenas 1.2 veces más grande que la mexicana, y con un PIB per cápita incluso inferior al nuestro, Brasil cuenta con 14 millones de Pymes, más del triple que México. No es una diferencia de tamaño económico ni de espíritu emprendedor; es una diferencia de sistema. Cuando el crédito formal alcanza solo al 14% de las Pymes mexicanas, frente a cerca del 40% en Brasil, y menos de la mitad opera con banca digital, no hay misterio: el ecosistema financiero no fue construido para que estas empresas prosperen”.
Esto revela que el problema no es un tema de oportunidad, sino la ausencia de una solución financiera pensada realmente para las Pymes, y sus necesidades.
Esta exclusión no es casual. La banca tradicional ha operado históricamente bajo requisitos que, de manera no necesariamente intencionada, pueden excluir o resultar intimidantes para el pequeño empresario. Por ejemplo, según la CNBV, el 40% de las Pymes que son rechazadas por instituciones tradicionales lo son por no contar con una garantía inmobiliaria. Exigir una casa o un local como respaldo para un préstamo de capital de trabajo es, en muchos casos, una sentencia de muerte para el crecimiento de un negocio que vive de su flujo de caja, no de sus activos fijos².
Del plástico al capital: el cambio de paradigma
Durante la última década, la digitalización financiera a través de competidores que nacieron siendo 100% digitales prometió revolucionar este sector. No obstante, muchos jugadores se quedaron en la “capa estética”, ofreciendo tarjetas corporativas que funcionan como buenos métodos de pago, pero que no resuelven el problema de fondo: la liquidez. En un entorno de presiones inflacionarias, lo que la Pyme necesita no es solo un plástico para pagar, sino acceso a crédito de capital de trabajo revolvente que les permita adaptarse a cambios en las condiciones del mercado y aprovechar oportunidades de crecimiento.
La tecnología actual permite superar estas barreras. Modelos como el de varias empresas nativas digitales, entre ellas Klar Empresarial, demuestran que es factible evaluar el riesgo de manera más justa mediante inteligencia artificial, al analizar patrones transaccionales y flujos de caja en tiempo real. Esto elimina la dependencia exclusiva de un historial estático en el Buró de Crédito o de garantías físicas. Este enfoque ha facilitado que miles de empresas, antes excluidas del sistema financiero, ahora accedan a líneas de crédito basadas en su verdadera salud financiera.
La supervivencia de las Pymes: IA y digitalización
Los datos obtenidos en 2025 son contundentes: las Pymes que adoptaron herramientas digitales (desde gestión en la nube hasta soluciones de financiamiento flexible) tuvieron una tasa de supervivencia 40% mayor que aquellas que se mantuvieron en esquemas tradicionales. Por ello, las herramientas tecnológicas, incluyendo soluciones de financiamiento 100% digitales, deben verse como herramientas que incentivan el crecimiento no solo de las empresas, sino también del país.
Si queremos un México económicamente resiliente, debemos democratizar el acceso al capital y con la IA como habilitador, esto es más posible que nunca. Hoy, el 80% del crédito se concentra en las grandes corporaciones, dejando menos del 20% para las medianas y pequeñas empresas, que son las que aportan más del 50% del PIB3 y el 70% del empleo, además de un enorme potencial de crecimiento.
En conclusión, apoyar a una Pyme es apoyar a las familias que dependen de ella. Activar el financiamiento bajo una visión tecnológica, humana y sin burocracia no es solo una oportunidad de negocio para el sector financiero; es el imperativo social más urgente para asegurar que el motor de México escale y crezcamos de forma sistemática como país.
¹ Fuente MIPYMES 2024
² Fuente: CNBV (Infografías SNEF 2024 sobre acceso al financiamiento de micro y pequeñas empresas).3 Fuente MIPYMES 2024
