Por Ruben G. Falconi, Head of Growth Marketing de bebbia
Si hay un peso invisible con el que cargan los mexicanos el día a día es la preocupación por si habrá agua mañana. Y es que, la presencia de servicios básicos no hace ruido, hasta que fallan y generan un colapso en las dinámicas sociales y familiares de cientos de personas.
En México, es cada vez más común que el agua de la llave salga turbia, la presión baje sin aviso, el tinaco no se llene por completo o que incluso no llegue el servicio. Estas fallas pueden no parecer espectaculares, pero su impacto va mucho más allá de lo que vemos. Horarios programados, actividades del hogar postergadas y búsqueda de soluciones de emergencia se han vuelto una cotidianidad en el país.
Poco a poco, lo que parecía garantizado se convierte en una variable más que gestionar y una preocupación adicional por atender. No suele nombrarse, pero la carga del agua hace que la decisión más simple se vuelva un dilema: ¿Lavo hoy o me espero? ¿Cómo almaceno más agua si ya no cabe?
¿Qué pasa si sigue llegando sucia?
La planeación doméstica empieza a girar en torno a la incertidumbre, y lo que antes era automático ahora exige tiempo, creatividad, atención y dinero.
La infraestructura hídrica en el país enfrenta presiones que crecen día con día, entre el crecimiento urbano, las redes envejecidas, el estrés hídrico y fenómenos naturales como sequías, los hogares sufren las consecuencias directas y por lo tanto, cada familia aprende a resolverlo como puede.
En la actualidad, los mexicanos se han vuelto más dependientes de su capacidad de respuesta y adaptación que a los servicios básicos que no logran darse abasto. Entre compras de nuevas herramientas, instalación de purificadores, ampliación de cisternas y cambio de hábitos, estas nuevas soluciones han construido un sistema paralelo de abasto que es sostenido meramente por la capacidad de los usuarios y sus necesidades.
Frente a este contexto, es importante entender que no todos enfrentan la incertidumbre en las mismas condiciones y lo que para algunos es una simple molestia, para otros es una constante que puede limitar su día por completo. Esta brecha ya no solo se limita al acceso al agua, sino que además, impacta en la capacidad de asegurarla, anticiparse y de convertir la incertidumbre en algo manejable.
Sí, es indispensable fortalecer la infraestructura, invertir en mantenimiento, modernizar redes y mejorar la gestión. Pero también es evidente que el modelo actual, por sí solo, ya no alcanza a cubrir la complejidad del panorama y la realidad de millones de mexicanos.
En los últimos años, el crecimiento de modelos que buscan suplir las necesidades que dejan atrás las problemáticas de la infraestructura pública ha escalado en gran medida a través de esquemas que trasladan el “reaccionar” con el “prevenir y asegurar” antes de que falle. Con estas herramientas y soluciones, las personas buscan tranquilidad para saber que lo esencial funciona y que vivir el día sin incertidumbre es posible.
Porque cuando el agua deja de ser certeza, todo lo demás también empieza a tambalearse.