Colaborador Invitado

Revisión del T-MEC: más continuidad que ruptura

Más que una renegociación disruptiva, el proceso apunta a ajustes incrementales, particularmente en sectores estratégicos.

México se encuentra en un momento clave en su relación comercial con Estados Unidos y Canadá. La revisión del acuerdo —conocido como T-MEC—, programada formalmente para julio de 2026, ha generado preguntas sobre su futuro. Sin embargo, más allá del ruido, el escenario base apunta a una continuidad, no a una disrupción.

El tratado, vigente desde 2020 tras la modernización del antiguo TLCAN, incorporó una cláusula de revisión que obliga a los tres países a evaluar su funcionamiento a los seis años. Esta revisión ocurre en un contexto complejo, marcado por tensiones comerciales globales y un uso más activo de herramientas arancelarias por parte de Estados Unidos. Aun así, también llega en un momento en el que la integración regional es más profunda que nunca.

México se ha consolidado como el principal socio comercial de Estados Unidos, y las cadenas de valor en sectores clave —como el automotriz, manufactura avanzada y agroindustria— están altamente integradas. Este nivel de interdependencia eleva significativamente el costo de cualquier ruptura.

ESCENARIO BASE: RENOVACIÓN CON AJUSTES

El escenario más probable es que el T-MEC se renueve. Las conversaciones entre los tres países ya muestran avances relevantes y, si bien julio marcará un punto de inflexión, es poco probable que ahí concluya el proceso.

Más bien, podría esperarse una dinámica en dos etapas: una primera revisión formal en julio, seguida de meses adicionales de negociación para afinar los temas pendientes. Esto implica que la revisión podría cerrarse en el corto plazo, quizás hacia finales de 2026.

En este sentido, más que una renegociación disruptiva, el proceso apunta a ajustes incrementales, particularmente en sectores estratégicos donde Estados Unidos podría buscar condiciones más estrictas, como reglas de origen o medidas relacionadas con China.

RIESGOS, ACOTADOS PERO NO INEXISTENTES

Aunque ha ganado visibilidad un escenario de no renovación del tratado en algunos análisis, esta probabilidad es baja. Una desarticulación del acuerdo trilateral o la transición hacia tratados bilaterales implicarían costos económicos y políticos elevados para las tres economías, especialmente en un entorno global incierto.

Incluso en un escenario adverso, el tratado no desaparecería automáticamente, sino que entraría en una fase de revisiones anuales hasta 2036. Sin embargo, este tipo de escenarios funcionan más como un riesgo de cola que como una expectativa central.

El principal riesgo no es la ruptura, sino la posibilidad de que el proceso de revisión genere episodios de volatilidad o incertidumbre, particularmente si se intensifican las presiones políticas en Estados Unidos de cara a las elecciones intermedias, a celebrarse en noviembre.

MÉXICO: VENTAJA ESTRUCTURAL EN LA NEGOCIACIÓN

En este contexto, México está bien posicionado. Más allá de la coyuntura política, el país mantiene una ventaja estructural dentro del acuerdo: acceso preferencial al mercado estadounidense bajo reglas claras y una plataforma manufacturera altamente competitiva.

En un entorno global donde las tensiones comerciales siguen reconfigurando las cadenas de suministro, el T-MEC se mantiene como uno de los pocos acuerdos que ofrecen certidumbre y profundidad de integración.

La revisión del tratado no debe leerse como un punto de ruptura, sino como una etapa natural dentro de su evolución. El escenario central es claro: habrá renovación, con ajustes puntuales y una negociación que podría extenderse algunos meses más allá de julio.

Más que cuestionar su continuidad, la discusión debería centrarse en cómo se adapta el tratado al nuevo entorno global, y ahí, México mantiene una posición estratégica lo suficientemente sólida.

Miriam Acuña

Miriam Acuña

Economista en Jefe en GBM

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