En los últimos días, a partir de la publicación de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del primer trimestre de 2026, han proliferado “análisis” sobre la situación en el mercado laboral en México. Sin embargo, algunos analistas, que rara vez estudian a profundidad los datos, se han enfocado solamente en mencionar el menor dinamismo del empleo formal y en el incremento del empleo informal, pero han dejado de lado (probablemente a propósito) que a la par hubo una fuerte reducción en la pobreza laboral, un logro sumamente importante que no debe pasar desapercibido.
A primera vista, los datos de la ENOE parecen contradictorios: ¿cómo es posible que disminuya tanto la pobreza laboral al mismo tiempo que hay menor dinamismo en el empleo formal, sube la tasa de informalidad y se incrementa la Población No Económicamente Activa (PNEA)?
Al inicio de este sexenio, la pobreza laboral se ubicaba en 35.4%, mientras que en el último dato del primer trimestre del año marcó 30.7%, es decir, hubo una reducción de 4.7 puntos porcentuales, que representan a 1.4 millones de personas. Esto significa que, ahora el ingreso por trabajo de los hogares es suficiente para cubrir sus necesidades alimentarias.
Hay algunas hipótesis que nos pueden ayudar a explicar este comportamiento: Primero, los incrementos al salario mínimo; aunque se estén creando pocos empleos formales nuevos, las personas trabajadoras que ya tienen un empleo formal (e incluso, quienes se encuentran en ciertos sectores de la informalidad) han experimentado aumentos significativos en su poder adquisitivo. Tanto el salario mínimo, como el salario promedio y los salarios contractuales, se han situado sistemáticamente por arriba de la inflación, lo que ha elevado el nivel de compra de la base trabajadora.
De acuerdo con los datos más recientes, el ingreso laboral real promedio se ha incrementado 7.2% durante el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, tanto para formales (4.3%) como para informales (12.4%). Esto implica que la mejora en el ingreso laboral no se concentró exclusivamente en el sector formal, sino que se extendió a distintos segmentos del mercado de trabajo. Es importante destacar, que el incremento en el sector informal es más alto dado que viene de niveles muchos más bajos de salario que los del sector formal.
Si la persona proveedora principal del hogar gana más en términos reales, puede compensar el hecho de que otros miembros del hogar no tengan empleo o estén en la PNEA (por ejemplo, que hayan decidido salir del mercado laboral para estudiar porque los ingresos del hogar lo permiten).
Lo segundo que debe quedar claro es que la masa salarial sigue creciendo en México. La pobreza laboral se calcula a nivel de hogar dividiendo los ingresos laborales totales de los miembros ocupados entre el número total de integrantes (ingreso per cápita del hogar). Por ello, incluso en contextos donde el empleo crece a un menor ritmo, un incremento importante en los salarios reales puede elevar el ingreso per cápita familiar y sacar a hogares completos de la pobreza laboral. Por ejemplo, si en una familia de 4 personas, una sola persona trabajaba y su salario real aumentó un 10% o 15%, el ingreso per cápita de todo ese hogar sube, sacando a toda la familia de la pobreza laboral, incluso si los otros 3 miembros siguen desempleados o en la PNEA. Esto explica por qué la pobreza laboral no necesariamente evoluciona en la misma dirección que algunos indicadores de empleo.
Un tercer elemento importante es que la informalidad también genera ingresos. El aumento de la informalidad laboral suele verse como un dato totalmente negativo, pero para el cálculo de la pobreza laboral, un peso ganado en la informalidad cuenta exactamente igual que un peso ganado en la formalidad.
En periodos de ralentización económica, muchas personas que transitan temporalmente a la informalidad (comercio, servicios por cuenta propia) logran mitigar la caída de sus ingresos de manera inmediata. Los datos demuestran que, en los últimos trimestres, el ingreso laboral real de las personas trabajadoras informales también creció a tasas similares o competitivas respecto al sector formal, ayudando a que sus hogares superen el costo de la canasta alimentaria.
Finalmente, algo relevante es que el indicador de Pobreza Laboral solo toma en cuenta los ingresos provenientes del trabajo (salarios, honorarios, ganancias de negocios propios). No incluye las transferencias gubernamentales (como la Pensión de Adultos Mayores o becas) ni las remesas. Si incluyéramos esos factores, el ingreso disponible en los hogares sería aún mayor, pero el puro éxito del ingreso por trabajo nos dice que quienes sí están ocupados están ganando más que antes en términos reales.
En conclusión, lo que está ocurriendo es un escenario de crecimiento intensivo, pero no extensivo: el mercado laboral no se está expandiendo rápidamente en número de puestos, pero los puestos que existen están pagando mejor en términos reales, lo que termina rescatando a los hogares de la línea de pobreza alimentaria. Por tanto, es falso concluir que hay deterioro en el nivel de vida de los hogares mexicanos. Sin embargo, se debe continuar impulsando políticas para incrementar la generación de empleo con condiciones laborales dignas.