Colaborador Invitado

Con IA, la cultura se sigue comiendo a la estrategia en el desayuno

La mayoría de las organizaciones en México todavía están en la primera etapa. Tienen equipos implementando LLMs para resumir correos, generar presentaciones o escribir código más rápido.

Existe una diferencia enorme entre las empresas que utilizan inteligencia artificial como herramienta y las organizaciones que fueron rediseñadas alrededor de ella.

La mayoría de las organizaciones en México todavía están en la primera etapa. Tienen equipos implementando LLMs para resumir correos, generar presentaciones o escribir código más rápido.

Eso no está mal; de hecho, es un gran primer paso, pero el problema radica en pensar que eso ya es transformación.

Porque mientras muchas compañías siguen celebrando que “ya utilizan IA”, otras están rediseñando completamente cómo operan, cómo toman decisiones y cómo crean valor.

Y es ahí donde empieza a crecer la brecha que ya no será meramente digital, sino también cognitiva.

Durante años hablamos de transformación digital como si el reto fuera tecnológico: tener software, migrar a la nube, automatizar procesos.

Pero nuestra conversación ya es otra; hoy, la diferencia competitiva no está en quién tiene acceso a herramientas de IA (porque prácticamente todos lo tienen), sino en quién logra construir organizaciones capaces de pensar, aprender y ejecutar más rápido gracias a ellas.

Y para ello no podemos ignorar el factor humano detrás de la tecnología y cómo lo preparamos para desarrollar las competencias necesarias para el futuro.

Satya Nadella, actual CEO de Microsoft, dijo hace poco que “la IA será la herramienta más poderosa para amplificar el ingenio humano”. Lo que estamos viendo es exactamente eso: cómo la IA amplifica el pensamiento humano, pero en todos los sentidos.

Las empresas más sofisticadas ya no emplean la IA como un “copiloto”, sino que están creando organizaciones aumentadas.

Equipos donde humanos y agentes inteligentes colaboran en tiempo real para analizar información, automatizar tareas complejas y acelerar decisiones estratégicas.

La diferencia, aunque es sutil, cambia por completo el panorama del futuro.

Una empresa tradicional le pregunta a la IA cómo hacer algo más rápido, mientras que la organización IA-first rediseña toda su operación asumiendo que la inteligencia artificial será parte central del flujo de trabajo.

Eso implica cambiar estructuras, liderazgo, talento y cultura, y México todavía está en una etapa muy temprana de esa conversación.

De acuerdo con el estudio del Centro México Digital, apenas 8 por ciento de las empresas mexicanas con más de 10 empleados utiliza sistemas de inteligencia artificial, una cifra muy por debajo del promedio de la OCDE, que alcanza 20.1 por ciento.

Al mismo tiempo, Banxico reporta que 61.1 por ciento de las empresas interesadas en IA sigue apenas en fases de evaluación o pruebas piloto.

Eso significa que gran parte del ecosistema empresarial mexicano todavía está explorando la tecnología, mientras el mercado global ya comenzó a reorganizarse alrededor de ella.

Muchas organizaciones siguen viendo la IA como un proyecto del área de innovación o de TI, cuando en realidad estamos frente a una nueva infraestructura operativa para los negocios, en todas sus áreas funcionales.

Lo interesante es que las compañías que sí están escalando IA ya empiezan a reportar diferencias medibles en productividad y competitividad.

Pero no debemos olvidar que adoptar IA no necesariamente significa transformarse con IA.

De hecho, el riesgo más grande no es quedarse sin herramientas, sino quedarse atrapado en la superficialidad tecnológica.

Estamos entrando en una etapa donde muchas empresas tendrán acceso a los mismos modelos, las mismas plataformas y asistentes inteligentes.

Cuando eso sucede, la verdadera ventaja competitiva deja de ser la tecnología y pasa a ser la capacidad organizacional (y cognitiva) para adaptarse mejor que los demás.

Las organizaciones aumentadas no se construyen solo comprando herramientas: desarrollan (y han desarrollado) culturas capaces de experimentar, adaptarse y reaprender.

El futuro no pertenece necesariamente a las compañías más grandes, sino a las que entiendan antes que nadie que la IA no es únicamente una herramienta de productividad, sino una nueva forma de operar, decidir y construir negocios.

Y esa conversación ya dejó de ser sobre tecnología; ahora es sobre visión.

Pato Bichara

Pato Bichara

CEO de Collective

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