Durante décadas, la experiencia del futbol fue esencialmente física: un boleto, un asiento, 90 minutos y el regreso a casa. Hoy, esa lógica quedó atrás. El deporte, y en particular el futbol, se está transformando en un ecosistema digital, donde la relación con el aficionado se construye desde antes de llegar al estadio, cuando adquiere su boleto o empieza a vivir la experiencia del club a través de una aplicación.
Este cambio no es aislado, es parte de una tendencia más amplia: la digitalización de prácticamente todas las industrias. Sectores como la banca, el retail o el entretenimiento ya han evolucionado hacia modelos donde la experiencia del usuario es continua, integrada y personalizada. El deporte está entrando en esa misma dinámica.
Hoy los clubes de todo el mundo enfrentan un nuevo desafío, algunos en mayor medida que otros: dejar de operar como organizaciones tradicionales para convertirse en plataformas de servicios con el aficionado en el centro. Esto implica pasar de un modelo transaccional, centrado en la venta de boletos o mercancía, a uno relacional, donde cada interacción suma valor a lo largo del tiempo. Es en este punto donde comienza a tomar forma el concepto de sportainment: la integración entre deporte y entretenimiento en una experiencia inmersiva que va más allá de la competición para transformarse en un verdadero espectáculo.
Como hemos visto en distintos mercados, ya no se trata solo de competir en la cancha, sino de construir vivencias relevantes y cada vez más personalizadas, antes, durante y después del partido. En este nuevo paradigma, se construye una relación digital constante que permite al club entender mejor a su audiencia y anticipar sus necesidades. Sin embargo, incluso en equipos avanzados, persiste un problema estructural: la fragmentación. El fan interactúa a través de múltiples canales: boletos, membresías, contenido, comercio, que no siempre están conectados entre sí. El resultado es una experiencia discontinua, poco eficiente y difícil de escalar.
La oportunidad está en integrar, en construir un ecosistema tecnológico donde todas esas interacciones convivan en una sola plataforma, con una visión 360. Esto no solo mejora el viaje del aficionado, también transforma la operación del club, optimiza procesos y eleva el estándar de servicio con mayor agilidad, orden y calidad en cada punto de contacto.
Aquí es donde la tecnología financiera juega un papel clave. Durante más de dos décadas, hemos desarrollado soluciones para la industria bancaria, un entorno donde la seguridad, la escalabilidad y la confiabilidad no son opcionales. Hoy, ese mismo conocimiento puede trasladarse al deporte para resolver uno de sus mayores retos: gestionar millones de interacciones en tiempo real, de forma segura y sin fricción.
Esto implica llevar al futbol estándares como la protección de datos, la prevención del fraude y la capacidad de procesar grandes volúmenes de transacciones. Pero también implica algo más profundo y estratégico: simplificar la interacción del usuario con los servicios digitales, garantizando procesos más comprensibles, ordenados y alineados con sus necesidades reales.
Un aficionado debería poder gestionar su membresía, comprar un producto, acceder a contenido o seguir un partido desde un mismo canal. Incluso dentro del estadio, la tendencia es clara: avanzar hacia entornos cashless, donde los pagos digitales, ya sea mediante billeteras, QR o incluso biometría, permiten experiencias más ágiles, seguras e inclusivas.
En mercados como Europa, este modelo ya es una realidad. En América Latina, estamos ante una oportunidad distinta: no necesariamente seguir el mismo camino, porque a ellos les llevó tiempo y pasar por distintos estadíos (POS, tarjetas, infraestructura física), sino dar un salto tecnológico: pasar directamente a ecosistemas digitales integrados, sin depender de infraestructuras intermedias.
Esto tiene implicaciones relevantes para México y la región. En contextos donde la inclusión financiera aún es un desafío, la tecnología puede convertirse en un habilitador para acercar a más personas a experiencias digitales simples y seguras, incluso fuera del sistema bancario tradicional.
Pero más allá de la tecnología, el punto de partida sigue siendo el mismo: entender al fan. No todos los aficionados buscan lo mismo, ni interactúan de la misma manera. La capacidad de analizar datos y anticipar necesidades permite a los clubes pasar de reaccionar a predecir.
Ese es el verdadero cambio de paradigma. El futbol seguirá siendo emoción, identidad y pertenencia. Eso no cambia. Pero todo lo que ocurre alrededor, la forma en que el fan se relaciona con su club, está siendo rediseñado. Y en ese proceso, la tecnología no es el fin, es el medio para que la experiencia sea mejor, más cercana y más accesible. Porque, al final, la innovación solo tiene sentido si amplifica lo que hace único al futbol: la emoción de quienes lo viven.
Marcelo Fondacaro es CCO (Chief Commercial Officer) de Veritran, compañía global de tecnología abocada a simplificar las experiencias bancarias. Es licenciado en Sistemas y Administración de Empresas, egresado de la Universidad John F. Kennedy.