Por años el cumplimiento normativo en el sector financiero se percibió como un trámite burocrático. Todo aquello parecía nada más que una lista interminable de requisitos que las instituciones financieras debíamos presentar debidamente para “cumplir y evitar sanciones”. Además de larga, ésta lista debía entregarse en ciertas fechas, para evitar otras multas por retrasos, y se percibía como una preocupación exclusiva de las áreas de Compliance.
En el contexto actual de la banca mexicana y tras lo acontecido con el FinCEN el año pasado, esta visión no puede continuar vigente. El cumplimiento debe dejar de percibirse como un simple “checklist”. La prevención de lavado de dinero (PLD) no es una carrera solitaria ni un ejercicio de formas; es, en esencia, la construcción de un entorno de certeza para todos.
Habiendo vivido la regulación desde la operación bancaria, hemos sido testigos de la evolución del cumplimiento en el sector. Un cumplimiento bien ejecutado no es burocracia, es la estructura que permite que nuestro sistema sea seguro y también que el gremio crezca de forma sostenible y con total integridad.
Doble certificación
Cuando se opera con instituciones globales, los bancos corresponsales y clientes no solo están pidiendo rigor técnico, sino la garantía de que cada operación se mueve en un ecosistema blindado contra la criminalidad financiera.
Hace once años, en el grupo financiero tomamos una decisión clave al certificarnos bajo estándares estadounidenses. Esa visión nos dio la solidez necesaria para sortear una crisis que recompuso el sistema bancario y la forma en que salvaguardamos su confianza.
Pero seguimos avanzando. Tras el episodio del año pasado, casi todos los bancos nos hemos suscrito a un nuevo plan de once recomendaciones que funciona como una declaración de principios. Este plan es producto de un diálogo cercano y abierto con las autoridades de ambos países, con el fin de disminuir la brecha regulatoria de prevención de lavado de dinero entre México y Estados Unidos.
En esta encomienda no somos competidores, somos aliados con un mismo fin, la seguridad del sistema financiero es un bien público que nos beneficia a todos sin importar el segmento que atendemos.
La escala de las amenazas actuales exige herramientas a la altura, por lo que integrar inteligencia artificial y sistemas automatizados a la prevención de lavado de dinero ya no es una opción de vanguardia, sino una necesidad operativa básica.
En nuestro caso, en donde atendemos operaciones internacionales, vemos como fortalezas claras contar con sistemas para el control eficaz de pagos y realizar las mejores consultas a burós de listas nacionales e internacionales, como LexisNexis, Quién es Quién e incluso el consorcio de SWIFT. Además, mantener un monitoreo efectivo de los medios para detectar incidencias y evitar operar con clientes que representen un riesgo nos mantiene blindados y tranquilos. Estas prácticas de análisis robusto de clientes y proveedores blindan las operaciones y permiten ser preventivos en lugar de reactivos.
Innovar en nuestros procesos de cumplimiento debe realizarse por convicción y no solo por mandato, pues la nueva realidad exige ser más ágiles, capaces tecnológicamente y, sobre todo, colaborativos. Al final del día, un cumplimiento robusto es el activo más valioso que podemos ofrecer al usuario y al sistema.
Esta solidez es crucial considerando que actualmente nos encontramos en un proceso de evaluación mutua coordinado por la Secretaría de Hacienda, con especial atención en puntos que definirán al sistema y nuestro futuro. No basta con tener leyes en el papel, ni con la entrega de formularios llenos. Ahora todo nuestro sistema (bancos, la CNBV y la misma Unidad de Inteligencia Financiera, UIF) estará detectando y frenando operaciones ilícitas.
En ese sentido, se está haciendo un foco crítico en la transparencia acerca de quiénes son los dueños reales de las empresas, con el fin de evitar estructuras opacas. Se pone especial énfasis en cómo los nuevos jugadores deberán cumplir con las normas de identidad. En esta evaluación exhaustiva se revisará si la banca aplica criterios de riesgo más estrictos donde realmente se necesita. Lograr este estándar es lo que garantizará que México siga siendo un destino confiable para la inversión y el desarrollo.
