Colaborador Invitado

8M: La costumbre de culpar a la víctima

Según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, de enero a octubre de 2025 se registraron un total de 5 mil 20 asesinatos contra mujeres. Sin embargo, solo 597 casos fueron tipificados como feminicidio.

Abogada especializada en materia penal

Buergo Gómez Abogados, S.C

Cada 8 de marzo salimos a las calles a exigir justicia por las mujeres asesinadas. Nombramos a las víctimas, levantamos pancartas, repetimos consignas. Pero hay algo que casi nunca cuestionamos con la misma fuerza: la forma en que, como sociedad, hemos normalizado la violencia.

Hemos permitido que la narrativa hable más del comportamiento de la víctima que del delito que debe perseguirse.

Cuando asesinan a una mujer, la conversación suele desviarse hacia su conducta: “¿a qué hora estaba fuera?”, “¿cómo iba vestida?”, “¿por qué estaba sola?”, “¿con quién se relacionaba?” La víctima pasa a juicio antes que el agresor. El delito se vuelve secundario; lo central es reconstruir la vida privada de quien ya no puede defenderse.

Los datos son devastadores. Según cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, de enero a octubre de 2025 se registraron un total de 5 mil 20 asesinatos contra mujeres. Sin embargo, solo 597 casos fueron tipificados como feminicidio.

A esto se suma un índice de impunidad que ronda el 90% en delitos graves, según diversas organizaciones civiles. En feminicidio, la cifra negra y la reclasificación incorrecta de delitos agravan aún más el problema.

Pero este patrón no es exclusivo de las mujeres. Lo hemos visto con periodistas asesinados: “algo publicó”, “se metió con quien no debía”. Con activistas: “andaba en temas delicados”. Con abogados: “seguro llevaba un caso complicado”. Cambian los perfiles, pero la narrativa es la misma: “algo hizo mal y pagó con su vida”.

La pregunta es inevitable: ¿hasta cuándo vamos a seguir justificando que se pague con la vida por falta de seguridad? ¿Y cuándo vamos a exigir a las autoridades que investiguen estos delitos con la seriedad que merecen?

Dejemos de normalizar la narrativa contra las víctimas. Porque cada vez que se cuestiona a quien sufrió el delito, se debilita la exigencia de justicia y se fortalece la impunidad. Mientras sigamos preguntando qué hizo la víctima, seguiremos dejando de preguntar lo verdaderamente importante: quién cometió el delito y por qué el Estado no ha sido capaz de castigarlo.

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