Colaborador Invitado

Godzilla anda suelto

La gran diferencia entre los dictadores serios y Donald Trump es que el estadounidense es un amateur imprevisible y, por ende, adivinar el futuro de Venezuela es imposible.

Y me temo que en su delirio, después de Venezuela, el gorila dirigirá su furia contra México, Groenlandia, Panamá y Colombia.

No nos confundamos. Por más regocijo que nos cause la captura y encarcelamiento de Nicolás Maduro y Cilia Flores, el propósito de la intervención militar de Donald Trump en Venezuela no es restaurar la democracia ni ahora ni en el futuro previsible.

Como hemos visto con Trump, la democracia no es lo suyo. Ni en Venezuela ni en Estados Unidos, ni en ningún lugar del mundo. Trump admira a Adolf Hitler, Kim Jong-un, Vladímir Putin, Viktor Orbán, Recep Tayyip Erdoğan. “Soy un tipo grande”, le dijo a John Bolton durante la Cumbre de la OTAN en 2018. (Ellos) son tipos grandes. Ojalá pudiera actuar como ellos… Son personas astutas, duras y, en general, crueles”.

Pero la gran diferencia entre los dictadores serios y Trump es que el estadounidense es un amateur imprevisible y, por ende, adivinar el futuro de Venezuela es imposible. Lo posible, ahora, es desbrozar lo sucedido e intentar entender cuál será su próxima aventura.

En Venezuela cayó el dictador, pero el chavismo, génesis del desastre actual, sigue en el poder: ahí está Diosdado Cabello, el cabecilla del aparato represivo del país; también Vladimir Padrino, el comandante en jefe de las 4 fuerzas armadas; Delcy Rodríguez, vicepresidenta con Maduro, es ahora presidenta interina, y su hermano Jorge conserva su puesto como presidente de la Asamblea Nacional.

Entonces, ¿quién manda en Venezuela? Según Trump, él va a gobernar al país a distancia. ¿Cuándo habrá elecciones? “Quién sabe”. Según Marco Rubio, “el plan es presionar al gobierno actual” (para que haga lo que le ordenan); más explícito, Trump dijo que Estados Unidos va a “manejar Venezuela por años, seguro más de un año”.

Y mientras tanto, en Venezuela, el pueblo no puede manifestarse contra el régimen y, por ahora, los chavistas pronuncian desafiantes discursos contra EU, aunque en la práctica obedecen al pie de la letra la línea que les mandan desde Washington.

La semana pasada, Charles Shapiro, exembajador de Washington en Venezuela, publicó dos artículos esclarecedores sobre los mitos y realidades de la intervención.

¿Quiere Trump el petróleo? Sin duda, escribió Shapiro, pero “queda pendiente descifrar con qué fines. Reconstruir la industria petrolera venezolana tomaría años y muchos millones si es que las petroleras obtuvieran garantías suficientes para invertir en ella”. Sí, coincido, la intervención está motivada en parte por intereses energéticos de EU, pero sobre todo para perjudicar a China y Cuba, clientes preferidos del chavismo.

¿Es Maduro un narcotraficante? Según Shapiro, “es cierto que una pequeña parte de la cocaína colombiana se trafica a través de Venezuela y que hay algunos militares venezolanos que se benefician de ello, pero ¿narcotraficante Maduro”?

Respecto al tema de la transición a la democracia, Shapiro cree que “priorizar la estabilidad por encima de la democracia”, como ha hecho Trump, “corre el riesgo de que los venezolanos se vuelvan en contra de los esfuerzos estadounidenses”.

Sin duda, pero yo celebro que en estas circunstancias no expongan ni a Edmundo González ni a María Corina Machado a intentar gobernar el país sin antes haber desmantelado todo el aparato chavista. ¿Se imagina cuánto tiempo duraría como presidenta María Corina destituyendo a Diosdado y a Padrino por reprimir al pueblo venezolano?

¿Qué nos depara el futuro? Me temo que el delirio trumpiano no termina en Venezuela. En México, la ubicuidad de los cárteles de la droga y su colusión con las autoridades, el tráfico masivo de fentanilo a EU, la porosidad de la frontera sur, la fraternal relación de Sheinbaum con Cuba y las declaraciones de Trump apuntan a una posible y trágica segunda parte de sus fantasías dictatoriales. Después, vienen Groenlandia, Cuba, Panamá y, quizá, Colombia.

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