Colaborador Invitado

IA y finanzas inclusivas

Nuestro reto es cómo gestionar la tecnología sin perder el foco de seguir alentando la inclusión financiera y no centrar los esfuerzos en mercados ya bancarizados.

David Romero, director de Fincomún

Rocío se levanta todos los días para iniciar su jornada laboral, que puede extenderse más de 10 horas. Abre su pequeño puesto de jugos en una conocida calle cerca de la estación Taxqueña del Metro de la Ciudad de México y comienza sus ventas a buen ritmo; sus insumos, es decir, las naranjas y otras frutas que utiliza, comienzan a agotarse rápido. Lleva meses vendiendo bien. Piensa en cambiarse a un pequeño local fijo y en ampliar la venta de productos.

Este caso lo vi en 2013, y hoy, en 2023, la necesidad de personas como Rocío sigue siendo la misma. Su caso no se resuelve con un modelo predictivo donde se introduzcan sus datos para verificar si es sujeto de crédito. Evidentemente, solo los intermediarios cuya meta sea la inclusión financiera podrán pensar en asumir el riesgo y otorgarle un esquema de crédito adecuado.

Hoy, como hace diez años, el acercamiento personal es muy valioso y en el caso de Rocío, un promotor debe observar con sus propios ojos el funcionamiento de su puesto de jugos y comprobar que genera ingresos. ¿Cómo? Simplemente porque diariamente todos sus insumos se agotan, esa es la prueba que necesita.

Personas como ella, parecen quedar fuera de las opciones de crédito porque está en esa zona de riesgo donde existe una alta probabilidad de que su deuda se vuelva impagable debido a la vulnerabilidad de su actividad. Abordar este asunto no es cuestión menor, porque justamente ella representa el sector que podría mejorar su vida si tuviera acceso a productos financieros. De eso se trata la inclusión.

Los expertos en inteligencia financiera generativa, hasta hoy, parecen más enfocados en generar modelos para hiperpersonalizar el crédito y otros productos para la población que ya está dentro de los mecanismos de financiamiento. Nuestro reto es cómo gestionar la tecnología sin perder el foco de seguir alentando la inclusión financiera y no centrar los esfuerzos en mercados ya bancarizados.

Hace poco, participando en un foro de discusión sobre el impacto de la tecnología en el quehacer empresarial, llamaba la atención sobre la fe ciega que podría estar poniéndose en la inteligencia artificial, sin reflexionar sobre el papel que tenemos los tomadores de decisiones. El talento no estará en conseguir las herramientas, sino en obtener las herramientas adecuadas para que cada negocio siga generando valor de acuerdo con su misión.

Con una gestión adecuada de la tecnología, tenemos que vencer inercias estructurales de un crecimiento económico que rezaga a una parte de la población. Y el mercado a atender es enorme en México cuando vemos la situación regional.

De acuerdo con el Panorama Anual de la Inclusión Financiera, en 2022 había 65 millones de créditos otorgados a personas físicas, un 13 por ciento más que en 2021. Sin embargo, el 82 por ciento estaba en municipios de muy bajo rezago social, 17.2 en municipios medios y solo el 0.8 por ciento estaba colocado en municipios de alto y muy alto rezago. En cuentas de captación, las proporciones son muy similares.

La conformación del país nos obliga a comprender con más precisión las carencias, necesidades y posibilidades de la población que requiere productos financieros. Si la inteligencia artificial generativa y todas las herramientas tecnológicas que se prevén como el siguiente paso para el sector financiero nos ayudan, ¡Bienvenidas!

COLUMNAS ANTERIORES

La nueva era del usuario multibanco
La nueva regulación sobre medios de disposición

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.