Colaborador Invitado

El día después…

Aunque el Ejecutivo ha construido una ruta para asegurar la ejecución de su proyecto político, se ve difícil que el partido pueda continuar con el éxito actual sin su figura central.

Óscar Mario Beteta.

Ese genio de la política que es Andrés Manuel López Obrador le ha dado lecciones a la oposición y hasta a Morena, el partido político que él mismo fundó.

Es innegable que el presidente López Obrador es el ideólogo, líder moral y jefe político del partido y gracias a su carisma ha logrado atemperar tanto las críticas a su gobierno, como la crisis de seguridad y las señales de resquebrajamiento al interior de Morena.

Tan solo hay que recordar la impecable operación política que fraguó en una cena en el restaurante El Mayor, en el Centro Histórico, cuando sentó las bases de la sucesión en Morena y el papel que jugarán las personas que aspiraban a la candidatura presidencial. Ahí puso orden en las labores, los alcances y las funciones que realizarían después de la elección interna, adelantando una “operación cicatriz” que hasta el momento ha logrado contener desaguisados y amagos de ruptura.

Porque López Obrador sabe que si quiere que su proyecto transformador lo trascienda, su partido debe estar unido y abandonar esos comportamientos sectarios que tanto han dividido históricamente a la izquierda.

En términos estrictos, Morena no tiene una definición clara en el espectro político de la izquierda y la derecha. Aunque volcado a impulsar el desarrollo social y el bienestar general como objetivos, al interior del partido hay personas más cercanas al conservadurismo que lo que en realidad parece.

En Morena conviven los pragmáticos, los conservadores y los radicales de izquierda —aunque todos unidos por el poder que ha adquirido este partido— agrupados en torno al ideario político de su fundador, Andrés Manuel López Obrador, quien después de la derrota electoral de 2006 organizó un movimiento con el que recorrió el país en 2011.

Tres años después, Morena quedó constituido como un partido político nacional. Y hasta el momento es el partido que más rápido ha crecido. En poco menos de 10 años ha logrado aglutinar una fuerza que le ha permitido hacerse de la Presidencia, de la mayoría en el Congreso en el primer medio periodo de AMLO, de 23 gobiernos estatales, de congresos locales, de alcaldías… al grado que 85 millones de mexicanos y mexicanas, es decir 7 de cada 10 connacionales viven bajo un gobierno morenista.

Todo esto es obra del presidente, fundador, publicista, teórico, líder político y moral de Morena, Andrés Manuel López Obrador.

Pero parece que en su propio partido no aprenden la lección, pues AMLO no será eterno en ese instituto. En repetidas ocasiones, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha asegurado que al cumplir con su mandato el 30 de septiembre de 2024 se retirará de la escena política.

Y aunque el Ejecutivo ha construido una ruta para asegurar la ejecución de su proyecto político, la verdad es que se ve difícil que el partido pueda continuar con el éxito actual sin su figura central.

Tras el Congreso Nacional de Morena celebrado en 2022, el presidente de ese instituto político, Mario Delgado, consideró que el partido entraría en una etapa de refundación, en la que debe aprender a vivir sin la conducción directa del presidente Andrés Manuel López Obrador.

Delgado señaló que será fundamental la participación de todos y todas las militancias que coinciden en Morena, siguiendo las enseñanzas del presidente.

Morena va a tener que aprender a conservar la narrativa que el presidente Andrés Manuel López Obrador creó y que le permitió no solamente llegar a la Presidencia como el mandatario más votado de la historia moderna con 30 millones de sufragios, sino también mantener un liderazgo que alcanzó a blindar a su partido y a los candidatos y candidatas que están bajo su manto protector.

Hay que decirlo: no son lo mismo Morena y la 4T con AMLO como presidente, que Morena y la 4T sin AMLO.

Y lo que se nos viene encima es algo que muy poca gente dimensiona, incluso en el partido del presidente, pues la falta de ese liderazgo y control puede dejar un vacío, un descontrol en la conducción política, administrativa y económica de un país que está dividido y al que los políticos, enfrascados en sus rencillas personales y marginando a la ciudadanía eternamente, no terminan de hallarle la cuadratura.

SOTTO VOCE

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Este espacio se toma unos días de vacaciones. Salud y prosperidad a nuestros lectores. Nos vemos el 12 de enero de 2024.

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