Colaborador Invitado

Acapulco merece grandeza y generosidad del gobierno

Es momento de crear y planear una moderna y nueva urbe con la utilización de las más modernas técnicas, aprovechando los talentos nacionales y extranjeros para diseñar este nuevo asentamiento humano del futuro.

Las grandes tragedias se deben combatir con grandeza y generosidad. Acontecimientos dramáticos como el ocurrido en Acapulco ponen a prueba la fortaleza política y la eficacia del gobierno. La prioridad es salvar vidas y atender con eficacia y urgencia a los damnificados de la catástrofe. Es responsabilidad ineludible e inmediata del poder público federal.

El huracán Otis tocó el corazón del país. Arrasó un espacio emblemático del turismo internacional que es, al mismo tiempo, una región entrañable de México cargada de historia, leyenda, tradición y cultura. Un referente del mundo de ayer, de hoy y de siempre.

El presidente López Obrador tiene la oportunidad de trascender y proponer la construcción del nuevo Acapulco, símbolo de la modernidad y del futuro. No se trata de restablecer el estado de cosas previo a la tragedia, ninguna maravilla por lo demás. Es oportuno soñar despiertos: impulsar un modelo urbano de servicios, organización del trabajo, regulación de la inversión; garante del medio ambiente, de la seguridad de los visitantes y de nuestra identidad nacional, acorde con las exigencias contemporáneas, integrador, productivo y solidario.

Si el desastre de la ciudad es grave y total sería un error construir sobre los escombros, sobre lo viejo y obsoleto. Es momento de crear y planear una moderna y nueva urbe con la utilización de las más modernas técnicas, aprovechando a cabalidad los sobrados talentos nacionales y extranjeros para diseñar ya, ahora, de inmediato, este nuevo asentamiento humano del futuro. Se vale creer en la posibilidad de la utopía, ilusión y convicción que nos permite caminar hacia mejores estadios de desarrollo.

Es un asunto de visión, de futuro, de pensar en grande, de imaginación y de perspectiva histórica. Legado político. No es sólo un problema de recursos financieros. Es ir al encuentro del porvenir y crear un refugio futuro para miles de turistas que dejarán y generarán riqueza y bienestar.

Es un problema de visión y de perspectiva histórica. A dos albañiles que construyen una obra se les hace la misma pregunta: ¿Qué estás haciendo? El primero responde: «Pongo ladrillos». El segundo: «Construyo una catedral». La libertad como autorrealización.

Este magno proyecto, además, proporcionaría trabajo a los miles de personas que quedarán sin empleo por la falta de visitantes.

Definido el objetivo, el gobierno debe rehabilitar a Fonatur como un organismo descentralizado, con amplias facultades y atribuciones. Un Fonatur moderno, encargado de la planeación y construcción de este nuevo imperio turístico.

No le tengamos miedo al futuro. Vayamos por él, démosle la bienvenida. Desechemos los escombros, sacudámonos la molicie y de sus cenizas construyamos algo nuevo. Sería la gran herencia y legado de la actual administración. Grandeza de miras.

Roberto  Albores Guillén

Roberto Albores Guillén

Exgobernador de Chiapas

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