Óscar Mario Beteta
Las fichas están puestas y el tablero político parece indicar que en las elecciones presidenciales de 2024 se repetirá un escenario similar al que vivía México hasta antes de la alternancia democrática del 2000.
A saber: Morena es un partido poderosísimo con presencia en 23 estados del país y cuyo líder, el presidente Andrés Manuel López Obrador, ha sido el más votado en la historia moderna de México con la friolera de 30 millones de sufragios.
Para el Frente Amplio por México, cuya candidata será Xóchitl Gálvez o Beatriz Paredes, el panorama es, por lo menos, complicado.
No es cosa fácil lo que enfrentará la candidata de la coalición del PRI, PAN y PRD. Para empezar, tanto ella como los partidos del Frente tienen que encarar al poder y carisma del presidente López Obrador y al cariño que le tiene una buena parte de la población de nuestro país.
A esto agreguemos la maquinaria electoral de Morena, que estará al servicio de quien resulte el ganador o ganadora de su proceso interno, es decir, todos los gobernadores y gobernadoras de ese partido cerrarán filas en torno a quien obtenga la coordinación de los Comités de la Defensa de la Cuarta Transformación.
Además, la persona que encabece la precandidatura de Morena contará con fondos casi ilimitados y el respaldo del gobierno, que de mil y un formas puede movilizar recursos humanos, materiales y financieros en su favor.
En pocas palabras, la oposición tendrá que ir cuesta arriba, pues frente a ella se cierne lo que analistas ya califican como una elección de Estado, como esas en las que el PRI siempre resultaba ganador.
Otra ventaja frente a la candidata de la oposición es que las conferencias matutinas del presidente López Obrador seguirán incidiendo en gran parte de la ciudadanía, así sea de manera directa o indirecta, con su llamado a continuar con el proyecto de nación que él emprendió con la Cuarta Transformación.
La interrogante es si el Frente Amplio por México sabrá contrarrestar esta avalancha que se le viene encima y si la candidata que finalmente elija será suficientemente competitiva para jugar al tú por tú con Morena, con el presidente y con el candidato o candidata morenista.
La más reciente encuesta de El Financiero publicada el pasado 16 de agosto ya nos dio una fotografía de los posibles escenarios. Según el sondeo, Xóchitl Gálvez era la aspirante más competitiva de la oposición frente a Morena. Pero Paredes tiene detrás de sí toda la estructura priista para recibir apoyo material y humano. Lo único que podría complicar el proceso de selección de candidata del Frente Amplio por México, sería un distanciamiento o una falta de acuerdo entre los dirigentes Alejandro Moreno, del PRI, y Marko Cortés, del PAN.
El virtual coordinador de campaña de Xóchitl Gálvez, Santiago Creel, nos adelantó en Radio Fórmula que la estrategia de la oposición ante una cancha que se ve tan dispareja será impugnar cualquier abuso o ilegalidad cometida en el marco de las elecciones, además de hacer que la gente salga a votar.
Este último aspecto es clave para que la oposición compita: incentivar el voto ciudadano y combatir el abstencionismo.
Si el Frente quiere llegar a la Presidencia lo primero que tendría que hacer es trabajar para que no se repita un escenario similar al de las elecciones de este año en el Estado de México, donde un abstencionismo de 50 por ciento, el apoyo del presidente y la maquinaria de Morena colaboraron para el triunfo de Delfina Gómez sobre Alejandra del Moral.
En el Estado de México, el abstencionismo ganó y de paso acabó con la hegemonía del PRI.
Para muchos las elecciones presidenciales de 2024 serán una especie de batalla de David contra Goliat, en donde David tendrá que emplear toda su experiencia, ingenio, sensibilidad política y otros recursos que utilizó durante los regímenes priistas y panistas si es que quiere derrotar al gigante.
SOTTO VOCE
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