Colaborador Invitado

La falta de continuidad política ancla al país y lo convierte en estatua de sal

El tiempo se desperdicia en enmendarle la plana a los gobiernos anteriores. Este antiguo síndrome de la política mexicana ancla al país y lo convierte en estatua de sal.

El sistema democrático mexicano está apenas dando sus primeros pasos. Está en la fase inicial de su desarrollo. Hacen falta varios años para que logre su madurez y forme parte de la conciencia de la mayoría de los ciudadanos.

Muchas batallas están por darse en este terreno. Su avance ha sido difícil y ha tenido que sortear resistencias de los propios ciudadanos. En el fondo del alma y el corazón del mexicano late un creyente en el hombre fuerte y poderoso que marca el rumbo nacional. Es el producto y herencia del tlatoani y del conquistador español.

En el discurso somos de avanzada, republicanos, federalistas y demócratas. En la vida real somos centralistas y poco demócratas. Todavía disfrutamos del malabar y la simulación política. «Las Leyes de Indias se acatan, pero no se cumplen.»

Los presidentes en turno han tenido el monopolio de la política y de la asignación de recursos. Los estados y sus gobernadores, con presupuestos raquíticos y fuerzas de seguridad casi inexistentes, de alguna manera, dependen del Ejecutivo. No ejercen a plenitud su potestad soberana. Para la democracia esta situación es muy grave, pues vulnera el libre ejercicio del voto, contaminando y enrareciendo el ambiente electoral.

Obligados por estas circunstancias, los gobernadores ofrecen los votos de los ciudadanos de sus respectivas entidades como tributo al partido gobernante. Es un atentado democrático, una burla a los militantes de los partidos de oposición y un agravio a la gente. Esto no tiene nada que ver con las ideologías de izquierda o de derecha, es pragmatismo puro, regresión política, chambismo y oportunismo cimarrón.

Otro síndrome pernicioso es el abstencionismo. El México silencioso, el mudo, el invisible, determina el destino del país. Del padrón electoral de más de 90 millones de mexicanos más de 30 millones no votan. Su ausencia determina la elección. Es grotesco y ridículo, pero real.

Debemos despertar la conciencia nacional. Crear y formar ciudadanos responsables que se ocupen de su país. La falta de participación de las y los mexicanos distorsiona nuestra democracia. Sólo en condiciones especiales la gente sale a votar. Así ocurrió en la elección de Fox y en la de López Obrador. Es probable que se repita este fenómeno en el proceso electoral de 2024.

Otro gran problema es la falta de continuidad de los programas y proyectos exitosos. Cada seis años queremos reinventar el país y echamos por la borda lo alcanzado en sexenios anteriores. El costo es monumental y la parálisis y el retroceso, criminales. El tiempo se desperdicia en enmendarle la plana a los gobiernos anteriores. Este antiguo síndrome de la política mexicana ancla al país y lo convierte en estatua de sal.

Roberto  Albores Guillén

Roberto Albores Guillén

Exgobernador de Chiapas

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